Por Ignacio Pellizzón
Nota publicada en suplemento de Clarín, Mirador Provincial.
La situación económica que está atravesando el sector
agrícola actualmente es de benevolencia, según indican consultoras y
economistas. Por este motivo, sumado a los créditos hipotecarios disponibles,
se especula con que el “boom de la construcción” se reflote como en sus mejores
años recientes.
No obstante, la ciudad cuenta con restricciones concretas a
la hora de llevar adelante nuevos emprendimientos inmobiliarios como grandes
edificios destinados a viviendas y oficinas. Es por eso que, el concejal
radical, Martín Rosúa, propone realizar algunas modificaciones al Código Urbano
para elevar límites de altura en edificios, mientras que el ex concejal y
candidato del Frente Social y Popular, Alberto Cortés, salió al cruce del edil
alertando cuáles serían las consecuencias y los motivos “escondidos” de la
iniciativa.
En base a lo explicado por Rosúa a Mirador Provincial la idea pretende que el Ejecutivo revise los
indicadores para construir en altura sobre tramos de las calles Corrientes,
Mendoza, Maipú y Salta en el área central y el bulevar Rondeau en el distrito
norte. "Estamos ante una oportunidad única que la ciudad debe saber
aprovechar, preservando zonas pero potenciando otras sin imponer tapones que
terminan encareciendo las futuras viviendas", destacó el también candidato
a renovar su banca por una lista estrictamente radical.
Esta propuesta tiene su razón de ser: es que en 2008 se fijó
un nuevo Código Urbano en Rosario que regula y fija un tope máximo de altura
para construir nuevos edificios en el centro de la ciudad: máximo de 23 metros
equivalente a 7 pisos altos.
En rigor, Rosúa explicó que con las modificaciones
realizadas se intentó disminuir la densidad poblacional del centro imponiendo
un límite de altura de edificación y permitiendo cierta altura en algunas
calles. “Necesitamos incentivar la edificación, por eso creemos que en él área
central, que tiene infraestructura y servicios, y donde vive el 36% de la
población aproximadamente, hay que revisar la regulación" y agregó:
“Pensamos que en tramos de las calles Corrientes, Maipú, Mendoza por ejemplo
podría darse esta situación; todo esto posibilitará que pequeños y medianos
emprendedores puedan embarcarse en este tipo de negocios, ya que rendiría más
la ecuación económica; o repensar otros sectores de la ciudad, como calle Salta
en Pichincha o el bulevar Rondeau en la zona norte de la ciudad, que son muy
anchas y tienen límites que pueden modificarse".
DIMES Y DIRETES
Como era de esperarse, la propuesta no tardó en generar
polémica en otros sectores políticos que salieron al cruce de la iniciativa
como el ex concejal y candidato del Frente Social y Popular, Alberto Cortés,
quien apuntó: “la última reforma del código urbano, comenzada en 2008 fue un
largo proceso, que incluyó audiencias públicas y debates de todo tipo y que se
realizó en varias etapas que se extendieron a lo largo de varios años. Cada una
de esas etapas incluyó zonas diversas de la ciudad, desde el centro a la
periferia”.
En estos debates “intervinimos alertando particularmente
sobre aspectos ambientales, atendiendo entre otros a temas como el derecho al
sol, que obviamente se ve afectado cada vez que se habilitan mayores alturas
constructivas, tendiendo a generar calles encajonadas y sombrías,
particularmente en invierno”, planteó el candidato a concejal del FSP.
Bajo esa línea, Cortés recordó que -aún con todos estos
debates, y dejando de lado si luego el intendente atendió o no las
observaciones allí formuladas-; “hubo innumerables avivadas e incluso
situaciones, como la de un edificio de Callao al 900, en las que funcionarios
municipales dieron curso a pedidos de mayor altura, que no correspondían, en
medio de la confusión generada por la transición entre códigos”
Fundar una nueva reforma del código urbano en la necesidad
de canalizar los excedentes del boom agropecuario, “además de una mirada
sumamente unilateral y centrada en los intereses de los inversores; nos trae el
triste recuerdo de toda una etapa muy reciente en la cual se construyeron en
Rosario muchos miles de metros cuadrados, pero no para resolver el problema de
la vivienda, que por el contrario se ha agravado, tanto para los sectores
medios como para los de bajos ingresos; sino para canalizar excedentes
económicos de sectores con elevadas ganancias (incluyendo lavadores y
narcotraficantes). Tan es así, que hoy se estiman en 70 u 80 mil las unidades de vivienda desocupadas”,
expresó el ex concejal Cortés.
Además, que propuestas de este tipo “surjan de candidatos
que demuestran una elevadísima capacidad económica para sus gastos de campaña,
genera una vez más la sospecha de que los intereses de los grupos económicos
que buscan maximizar sus ganancias y no el bien común, intentan - y
lamentablemente por lo usual, logran-
catapultar a los cargos públicos a quienes luego foguearán propuestas
favorables a sus intereses”, lanzó el ex concejal.
Frente a la interpelación de Cortés, Martín Rosúa respondió
a través de Mirador Provincial:
“Atendiendo a las herramientas financieras que ha dispuesto el Gobierno
Nacional, las jóvenes familias que buscan la adquisición de su primera vivienda
no encuentran mercado para sus necesidades. La sobreoferta de unidades de 1 o 2
ambientes no califica para los requerimientos de una familia tipo que encuadre
en un PROCREAR (3 ambientes). Es decir, en términos relativos, la demanda para
departamentos para postulantes de créditos subsidiados es elevada frente a la
oferta existente”.
En respuesta a este problema, “proponemos impulsar la oferta
para que la misma se actualice a las nuevas necesidades. Dado que la cantidad
de tierras es limitada y la demanda de viviendas atadas a estos créditos va en
crecimiento, buscamos que se estudie la factibilidad de elevación de los
indicadores de altura para que se puedan desarrollar más unidades por metro
cuadro de tierra”, afirmó Rosúa.
“El valor de la tierra o suelo resulta un costo fijo dentro
de la ecuación económica de una empresa constructora. En la medida que se
puedan desarrollar mayores unidades por metro cuadrado de tierra, el costo
medio del suelo por unidad habitacional se reduce. Está demostrado, en la
experiencia del 2008, cuando al acotar los indicadores de alturas en el Área
Central, se incrementaron los precios de los departamentos. Y es por ello, que
creemos que la variación de los indicadores permitirá extender el acceso a la
vivienda: por oferta y precio”, destacó el actual concejal radical.
En rigor, “discrepamos con quienes dicen que la iniciativa
“impacta de modo totalmente negativo en las características culturales y
ambientales de los barrios y zonas de la ciudad donde se producen estos
aumentos de valores relativos”. Nuestro proyecto solicita al área técnica de la
Secretaría de Planeamiento de la Municipalidad de Rosario, sabiendo que existe
precedente favorable en otros corredores con similares condiciones, que
determine en qué sectores de la ciudad es posible elevarse los indicadores,
siempre respetando las características barriales y ambientales”, cerró Martín
Rosúa.

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