Por Ignacio Pellizzón
Nota publicada en suplemento de Clarín, Mirador Provincial.
Nota publicada en suplemento de Clarín, Mirador Provincial.
Los índices de pobreza no solo se miden por cantidad de
personas que se encuentran en la calle durmiendo, revolviendo la basura o
entrando a restaurantes a pedir las sobras, sino que también está el lado B:
aquellos que sostienen sus economías familiares realizando changas y vendiendo
productos que compran al por mayor para ofrecerlos en ferias, plazas y parques,
pero que hoy no cuentan con dinero suficiente para generar stock y deciden
vender sus pertenencias. Otro indicador más que refleja que la calle está dura
y que están surgiendo nuevos pobres.
En Rosario existen varias ferias importantes en cuanto a su
densidad, pero una de las más conocidas es la Homero Manzi, que se ubica en la
zona sur en calle Salvá al 5900. Allí se reúnen todas las semanas 1.200
feriantes que intentan ganarse la vida vendiendo distintos productos que suelen
comprar al por mayor y luego revenderlos a precio minorista a modo de changa.
La complicada situación económica que están viviendo muchos
sectores vulnerables de la ciudad llegó también a los feriantes que ya no
cuentan con dinero para poder generar stock de productos para vender, por lo
que tomaron la decisión de despojarse de sus propios bienes para poder
subsistir y llegar a fin de mes.
EL LADO B DE LA
CALLE
“La realidad es que la situación está cada vez más difícil.
La caída del consumo ya es insostenible y se puede detectar en todos los
ámbitos. En la feria, el 95% de los vendedores están ofreciendo sus propios
electrodomésticos, heladeras, hornos, estufas, entre otros; te encontrás con
cualquier tipo de productos que los feriantes sacan de sus casas para vender
porque no llegan a parar la hoya”, afirmó a Mirador Provincial, uno de los representantes de la feria Homero
Manzi, Ramón Saucedo.
Otro indicador del labo B de la calle, es el dato revelador
que confirmaron a este medio desde la secretaría de Desarrollo Social de la
Municipalidad, en el que señalan que si bien el número de personas en situación
de calle, es decir que viven en ella, se sostiene “con aproximadamente 190
personas”, hay un apunte que resaltan: “Detectamos que hay un crecimiento de
personas que pasan cada vez más tiempo en la vía pública intentando
rebuscársela de algún modo, si bien tienen sus hogares para volver, prefieren
quedarse en la calle intentando generar recursos; son cada vez más los casos de
este tipo que venimos tratando”, señaló a Mirador
Provincial la titular de la cartera, Laura Capilla y subrayó: “Los casos
que llegan a la Secretaría de Desarrollo Social y que están aumentando, tienen
que ver con personas que perdieron su trabajo, sobre todo el informal como las
changas. Por ejemplo con la AUH antes les alcanzaba, pero ahora ya no, por ende
notamos un cambio cualitativo”.
Desde el refugio Sol de Noche, que funciona durante los seis
meses de frío (abril – septiembre), expresaron que “se notó este año un aumento
de personas en la institución”. El espacio, que tiene capacidad para 60
personas, “siempre alberga cerca de 20 cuando inicia el frío y este año
empezamos alojando más de 30” y apuntaron: “Para nosotros hay entre 200 y 250
personas en situación de calle.
PREOCUPADOS
El Movimiento Solidario Rosario (MSR) son un grupo de más de
150 voluntarios, adultos, jóvenes, profesionales, estudiantes y trabajadores,
que los unen causas solidarias, comprometidos en generar oportunidades a
personas que aun no las han tenido, aportando acción positiva en el desarrollo
social.
Entre algunas de sus acciones: convocan a la ciudadanía a
trabajar dando clases de apoyo, cursos de alfabetización y formar parte de las
recorridas donde se brinda atención y comida a personas en situación de calle,
entre otras.
En diálogo con Mirador
Provincial, el referente de MSR, Richard Camarasa, señaló que los números
que ellos manejan desde hace dos meses “se mantienen”. “Hay un crecimiento paulatino
de gente en situación de vulnerabilidad social; se aumentó la demanda de
alimentos no perecederos, además de la comida, porque hay muchas familias,
personas desocupadas que necesitan un mano y vemos que creció demasiado en
estos tiempos”.
Según el relevamiento realizado por Movimiento Solidario, el
saldo arroja que tienen “un incremento del 3% mensual de personas” a las que
asisten en la calle. “Nos asusta el enorme crecimiento que venimos notando y el
aumento de las familias que acuden a nosotros para que les demos una mano”,
sostuvo Camarasa.
LOS NÚMEROS DE LA
POBREZA
La pobreza en el gran Rosario registró un 26,7% en el
segundo semestre de 2016. En cuanto a hogares, se observó un índice del 19,1%,
según informó el Indec durante marzo de este año.
En el país, la pobreza retrocedió al 30,3% a fines del 2016,
1,9 puntos porcentuales por debajo del 32,2% registrado en el primer semestre.
Según estas cifras, alrededor de 12 millones de personas se encuentran en la
pobreza, el 21,5% del total de hogares, sobre una población de más de 40
millones de habitantes.
Las cifras oficiales de la indigencia también mostraron en
el mismo período una leve mejora, al pasar de junio del 2016 del 6,3% al 6,1%
en diciembre último, afectando al 4,2% de los hogares.
Por su parte, el conurbano de Rosario y su aglomerado
metropolitano contiene casi 50 mil familias viviendo en 174 asentamientos
informales, con múltiples déficits en cuanto a condiciones de vida y hábitat.
Así lo expone un relevamiento de la ONG Techo que indagó en las villas y
barrios precarios de la ciudad y del conglomerado que delimitan San Lorenzo,
Roldán, Pérez y Arroyo Seco. Es el tercer núcleo de villas del país por número
y dimensión, detrás del conurbano bonaerense y de Ciudad de Buenos Aires.
Para Unicef Casi la mitad de los chicos son pobres en
Argentina, de acuerdo con el estudio "La pobreza monetaria en la niñez y
la adolescencia en Argentina", que difundió en junio. Pero de todos ellos,
1,3 millones, el 10,8% de la población
de menores de edad, crecen en la pobreza extrema, es decir que en sus casas no
llegan a garantizarle una canasta básica de alimentos.
Este año Unicef tomó sólo el ingreso que recibe cada familia
para trazar el corte con el que define el mapa de la pobreza infantil, a
diferencia de 2016 cuando presentó un estudio sobre la "pobreza
multidimensional" que incluía otros aspectos como la nutrición o el acceso
a la salud. Los resultados de aquel año mostraron que el 30% de los chicos eran
pobres.

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