Mirador Provincial
entrevistó a dos periodistas colombianos especialistas en narcotráfico y
delitos urbanos para conocer las experiencias y las políticas que, con aciertos
y errores, aplicaron en uno de los países con mayor crimen organizado; qué tipo
de medidas fracasaron y se copian en Santa Fe, cuáles son las iniciativas
destacables y cómo abordar la corrupción institucional.
Por Ignacio Pellizzón
La situación de Medellín (Colombia) en comparación con la de
Rosario es ampliamente distinta. En el país cafetero tuvieron la enorme cifra
de 7 mil muertos en tres años (2008-2011), mientras que en Rosario en los
últimos cuatro apenas se superaron los mil, aunque la densidad poblacional es
la mitad. Colombia tiene plantas de producción de cocaína a diferencia de Rosario
que es una ruta de tránsito. Inclusive, es distinto el inmenso currículum de
violencia y muerte con el que cargan en el Estado caribeño desde la aparición
del narcotraficante más famoso del mundo, Pablo Escobar, quien marcó un hito en
la historia del negocio blanco.
Si bien las comparaciones son odiosas, Medellín generó una
suerte de manual de estilo en la lucha contra el crimen organizado aplicando
políticas y medidas que generaron bendiciones y disgustos. Muchas de éstas son,
por lo menos, análogas de algunas de las que se vienen implementando en la
Provincia en busca de disminuir los índices de homicidios y desmantelar las
organizaciones narcocriminales.
Más cámaras de videovigilancia, refuerzo de gendarmes,
incorporación y mayor presencia policial son algunas de las iniciativas que no
generaron ningún cambio profundo en Medellín y que se están aplicando en
Rosario y la Provincia, aunque sí destacan medidas como la reciente aprobación
en la legislatura provincial sobre la Extinción de Dominio, la intención de
aumentar las Fiscalías Federales y la coordinación en inteligencia criminal
entre los tres niveles del Estado: Municipio, Provincia y Nación.
MENOS FUERZA, MÁS
INTELIGENCIA
La disputa por el tercer desembarco de Gendarmería en
Rosario generó polémica y chicanas entre funcionarios provinciales y
nacionales. Finalmente, la llegada de las fuerzas federales a la ciudad es un
hecho, pero surge el interrogante sobre qué nivel de efectividad tienen este
tipo de intervenciones, cuál es la capacidad real de desmantelamiento de grupos
organizados y qué eficacia logran plasmar en la lucha contra el delito.
Mirador Provincial
consultó al periodista Nelson Matta, especialista en crimen organizado
transnacional, que trabaja en el área de investigaciones del diario El
Colombiano de Medellín, y explicó desde la experiencia colombiana las
diferentes formas en las que abordaron el delito.
“Aquí se probaron todas las medidas que tienen que ver con
el incremento de pie de fuerza policial. Se activaron batallones de policía
militar (división del ejército que se encarga de la seguridad urbana), se
duplicó el número de agentes y se aplicaron medidas restrictivas en el peor
momento de la guerra: los establecimientos comerciales debían cerrar a la
medianoche, había Toque de Queda para los menores de edad entre las 22 y las 5
de la mañana, se prohibió el porte de armas y el tránsito en motocicletas con
pasajero masculino, ya que era el vehículo mayormente utilizado por los
sicarios”.
“Sin embargo, el mayor éxito que tuvo el Ejecutivo de
Medellín y el gobierno nacional es haber fortalecido el aparato de inteligencia
y de investigación judicial, es decir se destinó dinero (con apoyo de Estados Unidos)
para fortalecer la dirección de fiscalías contra el crimen organizado de modo
de crear una Secretaría de Seguridad, como una división de la Alcaldía, para
que desde los administrativo apoyara con presupuesto las decisiones de la
policía”, detalló Matta.
“Además, se fortalecieron los grupos de Policía Judicial
como la Seccional de Investigación Criminal (Sigin) y también se apoyó con el
aparato policial desde el nivel central. Los principales casos se los
entregaron a la Policía Federal, porque aquí también se estaban presentando
muchos casos de corrupción. Actualmente, los peces gordos son capturados por
agentes federales que provienen desde Bogotá y no de Medellín”, afirmó el
periodista colombiano.
PROGAMAS FALLIDOS
Otro de los consultados por Mirador Provincial, es Luís Fernando Quijano, investigador y
analista del conflicto urbano en Medellín. También es director de la agencia de
prensa Análisis Urbano (analisisurbano.org) y presidente de la ONG Corpades,
defensora de la paz y el desarrollo social. En diálogo con este medio, señaló
los programas que fracasaron en Medellín en pos de desintegrar bandas
narcocriminales, disminuir la violencia y cómo la corrupción se cuela en todos
los vértices de las instituciones.
“En Medellín se ha hablado de comprar la guerra, se ha
intentado de implementar el Plan Desarme, programas como Delinquir No Paga,
Alarmas Comunitarias, cooperativas de seguridad denominadas Convivir, entre
otras. Definitivamente la política trata de desmantelar el crimen pero no lo
consiguen”.
“Tenemos connivencia delictiva muy elevada con sectores de
la fuerza pública y en general con la institucionalidad, es decir Fiscalía,
Alcaldía. El tema de la corrupción es muy fuerte aquí. El pago a funcionarios
para que les den protección oficial es muy evidente. Esta es una realidad”,
afirmó Quijano y agregó: “Convivimos en un contexto en el que por momentos
tenemos índices de homicidios altísimos y luego disminuyen de forma abrupta,
como si el crimen hubiera cesado, pero la realidad es que se siguen sosteniendo,
perduran en el tiempo con distintos picos”.
“Durante décadas se aplicó la política de decomiso, es decir
capturar jefes, armas, drogas, entre otros. Sin dudas fue una decisión errada.
Cuando cae un jefe, por ejemplo, inmediatamente es cambiado, cuando apresan a
los soldaditos también son reemplazados de forma muy veloz. Un ejemplo: este
año el nuevo Alcalde, Federico Gutiérrez, sorprendió asumiendo que el crimen y
la situación en Medellín era realmente grave, pero continuó con las mismas
decisiones que habían fracasado en el pasado, tales como: más cámaras de
seguridad, captura y decomiso, ampliar la presencia policial, fortalecer la
inteligencia, pago de recompensas y demás”, culminó el director de Análisis
Urbano.
PUNTO Y A PARTE:
LA POLICÍA
“En Argentina padecen el mismo problema con la Policía al
igual que en México. Cuentan con agentes locales, provincial y estatales, lo
cual facilita el índice de corrupción y es lo que tiene a México tan grave”,
destacó Nelson Matta.
“En Colombia, por ejemplo, contamos con Policía Nacional
–continúa Matta-, es un solo cuerpo que depende de una dirección general, por
ende desde la policía más pequeña a la más grande depende de un solo núcleo
como si fuera un Ministerio. Actualmente, esta dependencia está asesorando a la
Policía de México y paulatinamente allá están comenzando con este montaje para
cambiar a esta modalidad”.
“Tanto la Policía, como el Ejército, la Fuerza Aérea y la
Armada en Colombia están unidos en el Comando General, lo que permite
desarrollar con altísima frecuencia operaciones conjuntas. De allí, los éxitos
en la lucha contra las guerrillas y el narcotráfico”, detalló el periodista del
diario El Colombiano.
Finalmente, Matta afirmó: “Es importante entender que el
narcotráfico es un problema transnacional, una ciudad sola no puede contra
esto. Las bandas piensan como una empresa, por lo tanto llevan adelante un
proyecto que desarrollan en décadas, hacen inversiones, tienen redes de
logística y contactos con el Gobierno y la Fuerza Pública”.
“Es fundamental que se tome conciencia de esto para así
lograr ajustar las políticas para atacar el crimen organizado de forma global:
su división financiera, aparato sicarial, redes de corrupción y apoyo
logístico”, culminó.

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