Es directora de una
institución para niños, pero a su vez creó un espacio de inclusión para
chiquitos marginados utilizando únicamente los recursos de su familia. Crónica
de una imprescindible.
Por Ignacio Pellizzón
Tuvo la desfachatez, la caradurez y la absoluta insolencia
de faltarle el respeto a las atrocidades que la vida en la calle genera en los
chicos. Hace siete años abrió un jardín gratuito en su casa al que asisten más
de cien niños desamparados en pleno barrio Tablada; uno de los “más peligrosos”
según los medios y, al mismo tiempo, con las personas más excepcionales como
Vilma Ludueña.
Vilma, una de esas mujeres con un corazón “tan cinco
estrellas”, es directora del jardín que lleva el nombre del pintor y escritor
argentino, Gustavo Corochet, ubicado en pleno corazón de Tablada en Bv Seguí
107 bis, al que asisten 300 niños de entre 3, 4 y 5 años con “muchos derechos
vulnerados”, apuntó.
En la institución, también funciona un comedor para los
turnos de mañana y tarde, que les brinda almuerzo a todos los chicos, aunque “comen
en la salita”, porque todavía no tienen construido el comedor propiamente
dicho, “pero nos acomodamos”, explicó Ludueña.
Sin embargo, esta mujer necia de aceptar la cruda realidad
de que tantos chicos vivan en la calle optó por no conformarse con el jardín. “Hace
siete años abrimos con mi familia una suerte de espacio inclusivo al lado de mi
casa que llamamos “El Arca de Niñas y Niños, que está a menos de dos cuadras
del Gustavo Corochet (Bv. Seguí 75), al que vienen más de cien niños”, contó
Vilma; y agregó: “No lo vemos como un problema, sino como un desafío constante”.
“Hacemos múltiples actividades para la inclusión social,
porque los chiquitos que asisten no tienen familia que los contengan y están en
situación de calle la mayoría. Además de niños, asisten madres, padres, es
decir acaparamos todas las generaciones. Es libre, gratuito y abierto”, detalló
Ludueña.
El espacio de inclusión lo sostienen con recursos propios y
genuinos de la familia. “No queremos subsidios ni estatales ni privados, solo
queremos devolver todo lo que Dios nos da. No tenemos intención de involucrar
ningún tipo de política partidaria allí, para que sea un lugar realmente inclusivo”,
aclaró firmemente.
“Realizamos muchísimas actividades como: talleres de cine,
plastimasa, cocineritos, también hacemos juegos didácticos y ayuda escolar, entre
otros; es decir todo lo que podamos abordar con mi familia. Acá puede venir
todo el que esté interesado sin ninguna restricción”.
LOS MUERTOS NO
DELINQUEN
El barrio de Tablada está sindicado en Rosario como uno de los más peligrosos y con los índices más altos de delincuencia y asesinatos. Por esta razón, desde que desembarcó supuestamente Gendarmería, se marcó dicha zona como una de las prioridades en cuanto a patrullaje e incremento de vigilancia.
No obstante, Vilma Ludueña denota una merma en los
alarmantes números, pero aclara que se debe a una situación que preocupa y
entristece aún más el panorama que se vive actualmente en la ciudad, sobre todo
en el barrio.
El delito en Tablada “bajó”, apuntó Vilma, haciendo hincapié
en la zona que conoce bien que abarca: de Ayolas a Uriburu y del río a Ayacucho. “Notamos que
el índice delictivo disminuyó, pero tiene que ver con que 33 personas muy
jóvenes, menores de 30 años, por haber estado ligados a la venta de droga
fueron asesinados entre ellos mismos por el negocio”, reflexionó y cerró con un
final abierto: “Creo que hay más calle que espacios de inclusión y cuando falta
la figura de la familia, falta la base”.


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