Los índices de miseria
suben o bajan, pero nunca se eliminan, sino que se transforman: cómo mutaron
los hábitos, qué nuevas formas de sobrevivir se generaron y qué rol cumple el narcotráfico
en las zonas más críticas.
Por Ignacio Pellizzón
Publicado en suplemento de Clarín, Mirador Provincial.
Últimamente hablar de pobreza en Argentina implica mencionar
cifras frías. Las discusiones entre políticos, empresarios y opinólogos de
bares se basan en si creció o disminuyó en comparación con el año anterior,
evitando dejar de lado la abstracción de los números para compenetrarse de
lleno en las causas de los altos índices, pero además olvidándose de ponerle un
rostro a la pobreza. Detrás de cada número, hay una persona, una cara, una
injusticia.
Las estadísticas cumplen un rol fundamental a la hora de
generar un diagnóstico de la problemática. Según los últimos datos difundidos
por el Indec, luego de tres períodos sin hacerlo, reveló que el 32, 2% de la
población argentina es pobre, es decir uno de cada tres o tres de cada diez, y
que el 6, 3% es indigente. Al pasar estos porcentajes a números concretos, se
reveló que 8, 7 millones de personas son pobres y 1, 7 millones son indigentes.
En Rosario, por su parte, según datos oficiales de la Secretaría
de Desarrollo Social de la Municipalidad, se detecta que la demanda de
prestaciones sociales en la ciudad creció un 28% en relación a agosto del año
pasado, es decir en solicitudes de Tarjetas de Ciudadanía, presencia de niños y
niñas en Centros de Convivencia y asistencia a comedores comunitarios.
Si bien hasta la fecha no hay cifras oficiales ni
extraoficiales que certifiquen en términos numéricos y porcentuales la cantidad
de pobres e indigentes que hay en Rosario, diferentes ONGs y activistas sociales
que recorren los barrios de la ciudad constantemente, apuntan que los “índices
crecieron y son notorios”, aunque entre sus opiniones dejan entrever que más
allá de si las cifras aumentaron o decrecieron, apuntan que el epicentro de la
crítica situación actual se centra en los cambios, la metamorfosis que sufrió
la pobreza en la ciudad.
POBRE, SOLDADO
En el mes de septiembre la Canasta Básica, según la
asociación de usuarios y consumidores Centro de Estudios Sociales y Acción
Comunitaria (Cesyac), alcanzó una suma total de 19.878 pesos para una familia
tipo de cuatro integrantes, mientras que el salario mínimo vital y móvil se
ubica en 8.060 pesos, por ende se entiende que son necesarios más de dos
salarios para alcanzar la Canasta Básica.
Frente a esta situación, diversas ONGs barriales afirman que
muchos pibes son cooptados por bandas narco para que trabajen de soldaditos en
los búnkers que se encuentra en distintas zonas, alcanzando sueldos superiores
a cualquier salario de un trabajador medio.
Alejandra Fedele, perteneciente a Movimiento Evita y con
extensa trayectoria en el territorio, explicó a Mirador Provincial que “el
narcotráfico resalta en los barrios más humildes, porque escasean de recursos
y, frente a esta situación, son muchos los que terminan siendo soldaditos de
búnkers o se acercan a la delincuencia como método de supervivencia. El nivel
de violencia en los barrios es altísimo, es terrible”.
“Los chicos de los barrios cuando consumen drogas, no están
consumiendo lo mismo que personas de clase media o alta, sino que toman lo peor
de lo peor y esto se convierte en violencia directa, es decir que en las zonas
más marginales se exacerban los efectos del consumo de estupefacientes”, señaló
con indignación.
En misma sintonía, Carolina Vicente de la ONG Comunidad
Rebelde, coincide con Fedele en que “se nota que la pobreza creció, sobre todo
porque se denota que muchos trabajadores pasaron a ser informales y a realizar
changas para lograr seguir adelante”, y destaca que “los pibes están muy
vulnerables a terminar siendo soldaditos porque no hay inclusión por parte de
los gobiernos y además porque no hay salarios que se comparen con lo que ganan
haciendo ese trabajo”.
Al respecto la titular de la Secretaría de Desarrollo Social,
Laura Capilla, manifestó:
"Lamentablemente estos datos no nos sorprenden,
hace meses que advertimos que la situación está empeorando, sobre todo en lo
laboral, las familias más vulnerables están perdiendo sus trabajos, a veces
informales, o changas y esto los ubica en una situación de mayor
vulnerabilidad".
En ese sentido, argumentó que a comienzos de este año desde
el municipio se trabaja para coordinar acciones conjuntas con el gobierno
nacional. "En marzo nos reunimos con la ministra Stanley y demás
autoridades nacionales y les planteamos que estábamos registrando un mayor
desempleo y en consecuencia un aumento fuerte de la demanda social en los
barrios; y como previmos, esto se agravó
en estos últimos meses", aceptó Capilla.
MÁS CASILLAS
El próximo 2 de noviembre, la ONG Techo presentará
públicamente la actualización del informe de asentamientos informales que hay
en el Gran Rosario, ya que el último registro data del año 2013. No obstante,
fuentes cercanas confiaron a Mirador Provincial que los números se vieron aumentados,
pese a que no quisieron confirmarlo oficialmente.
No obstante, vale recordar que en el último trabajo
presentado hace tres años se destapaba que había 172 asentamientos informarles
en los que habitaban cerca de 50.500 familias, mientras que estrictamente en la
ciudad de Rosario había 110 asentamientos, albergados por un total de 35.610
familias.
También, en el último informe, se reflejaba que del total de
los asentamientos informales que había en el área metropolitana, el 52% eran
villas, 42% asentamientos y 6% barrios populares informales.
El titular de Movimiento Solidario, Richard Camarasa,
expresó a Mirador Provincial: “Hay un crecimiento en pobreza y crisis social.
Esta forma de crecimiento tan abrupta se nota desde fines del año pasado a la
actualidad. Los números que nosotros barajamos desde nuestros espacio asustan,
porque se ha triplicado la demanda de la forma de contención que nosotros
prestamos a través de bandejas de comida, insumos para personas que están en
situación de calle”.
“La necesidad, a diferencia de años anteriores, se prolifera
en cantidad de cosas que la gente necesita. Hace aproximadamente siete años
atrás, nosotros trabajábamos de manera en la que solamente asistíamos con una
bandeja de comida, mientras que en la actualidad cada persona puede realizar
dos pedidos, de modo que no se nos vaya nuestro límite. Lo que más nos piden
hoy en día son productos básicos como leche, pañales y alimentos no
perecederos”, detalló Camarasa.
CRECER PARA ATRÁS
La dirigente de Movimiento Evita suscribe el mismo panorama.
“En Rosario en los últimos años creció la pobreza, pero la pobreza estructural.
Los principales factores que inciden directamente en este aumento es la
ausencia del Estado y de políticas sociales serias. Hay barrios donde hay asentamientos
que no tienen cloacas, aguas, luz, urbanización, es decir viven en condiciones
indignas. Además, se agrega la falta de inclusión social en los jóvenes”.
Y confirma: “Los asentamientos crecieron, hay espacios
nuevos que tienen que ver con la informalidad del trabajo, por ende no se puede
acceder a un terreno o materiales para construir sus hogares. La gente no está
en condiciones de poder alcanzar una vivienda”.
En mismas sintonía y sobre un segundo encuentro con el
Ministerio de Desarrollo Social de la Nación llevado a cabo los primeros días
de septiembre, desde el municipio reiteraron la preocupación y otorgaron datos
relevantes de las zonas más afectadas de la ciudad, según señalan oficialmente.
"Viajamos nuevamente a Buenos Aires con la intendenta a
acercarle a la ministra Stanley datos precisos de las zonas más necesitadas de
la ciudad, ellos se comprometieron a trabajar conjuntamente con nuestros
equipos para la tramitación de la AUH y la pensión universal a la vejez",
remarcó Laura Capilla.
“Ante este escenario, la Municipalidad y la Provincia,
aparte de gestionar la colaboración de Nación, continúan desarrollando
acciones, en el marco del Plan Abre, en los barrios más necesitados de la
ciudad, como las intervenciones integrales y los operativos de tramitación de
DNI, como así también relevamientos de prestaciones sociales”, culminó la
secretaria de Desarrollo Social local.
En conclusión, a veces no hay peor ciego que el que no
quiere ver ni peor sordo que el que no quiere oír. Las cifras tienen su razón
de ser para contextualizar en qué estado se está, pero si no se ataca de raíz
el flagelo de la pobreza, que produce mayores injusticias sociales y que desde
hace tiempos los grupos narcocriminales se aprovechan, encontrando un nicho ideal
para instalarse y expandirse como una metástasis en los barrios marginados,
seguiremos discutiendo cifras del Indec, pero viendo en la calle el peor rostro
que los números ofrecen.

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