sss ROSBARING: UN INFIERNO ETERNO EN CINCO MINUTOS

martes, 13 de septiembre de 2016

UN INFIERNO ETERNO EN CINCO MINUTOS


Por Ignacio Pellizzón

Llegó llorando, desarreglada, con golpes en la cara y el cuerpo. El caso había llegado demasiado lejos. Mínimo quedó lo que le sucedió con aquel ex novio que la había hecho transitar por un episodio similar pero no tan extremo. Esta vez fue un intento de abuso, esta vez fue peor, esta vez tuvo suerte de verdad.

Ese lunes 8 de agosto a las nueve de aquella mañana de invierno fresca de cielo claro, con un sol que anunciaba que más tarde elevaría un poco la temperatura mejorando radicalmente la jornada, decidió ir a caminar como todos los días al velódromo municipal de Lituania y Arijón en barrio Saladillo, a pocas cuadras de su casa, pero sin ningún amigo que la acompañe. Jamás pensó que, quizás, ese detalle podría haberlo cambiado todo.

La primera vuelta al circuito fue normal, como la de siempre, acompañada de la música de una radio portátil que llevó, ya que el celular lo dejó en su casa porque “la zona está un poco peligrosa”. No hay nadie, ni siquiera el cuidador del velódromo en la garita que se visualiza en lo alto, porque su horario de trabajo es de 10 a 18 horas, tampoco se ven los agentes de Prefectura que suelen parar de forma ambulante al lado de la misma antes de comenzar su patrullaje.

Iniciando la segunda vuelta, se cruzó con un chico con el que intercambiaron miradas extrañas, pero cada uno continuó en su camino. A paso normal, ella seguía con su música pensando en distintas cosas: recuerdos, proyectos, qué hacer más tarde, entre otros problemas de la vida cotidiana que pueden tener las chicas de 22 años.

Lo relativo del tiempo, decía Einstein, es que un minuto se puede transformar en una hora del mismo modo que una hora puede pasar tan rápido como un minuto, según el contexto. Los cinco minutos que ella vivió fueron tan largos como cinco años o tal vez más. La cambiaron para siempre. Nada volverá a ser igual. Ella, ya no será la misma, aunque el barrio siempre estará en el mismo lugar.

ESA MALDITA CURVA

El relato es tan estremecedor como el hecho en sí mismo: a mitad del circuito, casi llegando a la curva que está detrás del velódromo, vio a una persona escondida al costado de un árbol con un casco de moto puesto, una campera inflada y un jean azul. En ese momento, el tiempo se detuvo, la transpiración se enfrió y la mente barajó infinita cantidad de posibilidades en microsegundos.

“Pensé que me iba a robar, pero en vez de correr y que me atrape por detrás, decidí enfrentarlo. Cuando se acercó, le expliqué que solo tenía una radio, me sujetó la mano, me tiró la radio -mientras mantenía la propia escondida en el bolsillo emulando que portaba un arma-, comenzamos a forcejear, intentó fallidamente tirarme a los arbustos, al mismo tiempo que yo gritaba desaforadamente para que alguien me ayudara”, relató la joven a Mirador Provincial.

“Al resistirme, comenzó a golpearme. En uno de los golpes me caigo al piso. En ese instante, él logró sacarme el buzo enganchado con la remera por lo que quedé en corpiño, me lo quitó también, dejándome totalmente desnuda. Al seguir resistiéndome a ir a los arbustos con él, me pegó una patada. Ése golpe, de algún modo, me dio más fuerzas para seguir gritando, lo que generó que una vecina me escuchara, saliera a la calle, me viera y se acercara corriendo. Frente a esta situación, él –siempre con el casco puesto- me soltó, se subió a su moto y se fue. Yo me paré totalmente desnuda y comencé a correr”, detalló.

DENUNCIA EN LA MANO

A veces el destino, si es que existe, obra de formas misteriosas; quizás por azar, quizás por el llamado de un vecino, sucedió que por calle Arijón al salir del circuito la estuvieran esperando dos patrulleros con varios policías, entre ellos una mujer, tal vez pertenecientes a la comisaría nº 11 que interviene en dicha jurisdicción, tal vez no.

-¿Qué te pasó?- le preguntó la mujer policía; “intentaron abusarme atrás del velódromo”, respondió ella en estado shock y nerviosismo mientras se tocaba la cara que le temblaba por los golpes que le dio.

-¿Querés hacer la denuncia?, se adelantó el agente femenino en preguntarle sin ningún tipo de tacto alguno para con la supuesta víctima, que tenía un corazón que latía al ritmo de una taquicardia; “sí, quiero”, lanzó la joven tajante y sin tapujos.

Como quien no quiere la cosa e intenta despojarse de encima un problema que poco le interesa, “sacó una lapicera, extendió la palma de su mano izquierda y en ella anotó algunos datos que le pude pasar, cerró el puño, se acercó a sus compañeros, se subieron a los móviles y se fueron. Yo volví sola a mi casa”, relató la chica de 22 años y agregó: “Llegué y le conté a mi mamá, a mi papá, a mi hermano y después al abogado. Este hecho había ido más lejos que aquella vez con mi ex novio”.

NUNCA PASÓ

Por lo menos para el sistema. No hay registros del hecho en la Unidad de Delitos Sexuales tampoco en la comisaría nº11 en el barrio de Saladillo. La supuesta denuncia quedó encerrada en la palma de la mano de una mujer policía, en la retina y memoria de la joven y en la consciencia de un presunto abusador que no llegó a consumar sus intenciones.

Las redes sociales últimamente se convirtieron en el espacio de contención para los jóvenes que buscan el amparo de sus pares, haciendo público en internet diversas situaciones con las que se enfrentan diariamente, pero que no son pruebas suficientes para que el sistema realice una investigación seria en casos de relevancia.

Sólo para sus 18.200 seguidores en Instagram, los 3.922 de Twitter y los más de 7 mil en Facebook sabrán lo que le sucedió a ella, creerán o no en su versión, la animarán a que continúe con su vida y lanzarán repudios constantes a casos similares que puedan llegar a suceder, pero para el sistema no habrá ningún registro, porque no hay una denuncia formal plasmada.

“Yo ya pasé por algo similar con un ex novio –que no llegó a tanto- y cuando vas a hacer la denuncia se te ríen o no te la toman o te dicen que sí y uno ve que no están haciendo nada, entonces llegás a resignarte”, dijo ella a este medio.

UN “LOCO” SUELTO

Dos semanas después del supuesto intente de abuso, en el mismo lugar, con la misma ropa y masturbándose al lado del mismo árbol en el velódromo municipal de barrio Saladillo, detuvieron a un hombre por exhibicionismo en la vía pública.


“No lo fui a reconocer, pero los vecinos lo identificaron como el mismo que habría llevado adelante otros hechos similares y, por la descripción que me dieron, estoy casi segura que es él. Por suerte lo atraparon”, contó Melani. No obstante, sin pruebas ni denuncias de por medio, para la Justicia será solo un “loco” que estaba suelto.

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