sss ROSBARING: CARLOS VARELA, EL HOMBRE DETRÁS DE LA MÁSCARA

jueves, 1 de septiembre de 2016

CARLOS VARELA, EL HOMBRE DETRÁS DE LA MÁSCARA


Por Ignacio Pellizzón

Nota publicada en suplemento de Clarín, Mirador Provincial


Carlos Varela es uno de los abogados penalistas más polémicos y controvertidos de la provincia de Santa Fe por defender casos de mucha repercusión social y mediática, como puede ser el de Los Monos. En tiempos en los que pareciera que la violencia se naturalizó y forma parte de nuestra vida en sociedad, decidimos entrevistar a uno de los abogados que aparece en el ojo de la tormenta en cada caso emblemático que produce repudio de la opinión pública y política.


La entrevista se efectuó el 5 de agosto de 2016, por ende todo lo sucedido a posteriori en materia criminalística no fue tenido en cuenta, sencillamente porque no había pasado.

¿Usted es o parece?

 -Sé a lo que se refiere y no lo voy a esquivar. Sé que por el trabajo que uno tiene, se da que se generen valoraciones sobre uno. Si la pregunta es que si la máscara transforma el rostro (como alguna vez leí), la respuesta es no, porque el rostro es muy parecido a la máscara. Uno es, poco más poco menos, lo que la gente supone.

 Usted genera polémica, ¿por qué defender barras bravas, narcotraficantes, asesinos?

 -Uno no defiende asesinos, barras ni nada, uno defiende el sistema legal, la diferencia es sutil pero es enorme. Yo no defiendo a Juana, Pedro o José;  yo defiendo que a Juana, Pedro o José, las pruebas colectadas por lo que se los imputan, hayan sido colectadas conforme al ordenamiento procesal y que después no sean condenados por otro tipo de hechos, es decir tratamos de limitar el accionar estatal, porque si no hay un contrabalanceo del poder estatal, que se rige por el clamor popular y la legitimidad, terminarían condenados todos. No lo hago por Juan o Carlos, sino para que se aplique la ley, ya sea para condenarlos o absolverlos. Lo que uno procura es la igualdad ante la ley. Yo no defiendo a personas, aunque lo haga, sino que intentamos que se aplique la ley.

 Las causas de mayor repercusión de esta ciudad, si vos fueras a la estricta aplicación de la ley, estarían todos absueltos.

 ¿Por ejemplo?

 -Por ejemplo, la causa de Los Monos. En esta causa no hay elementos algunos que permitan ni por aproximación, la figura legal que se les imputó. Lo que pasa es que hay un reclamo político, derivado de un reclamo social que hace que esas personas sean condenadas. Entonces, son condenadas por el despliegue de la conducta X, pero luego les imputan otras causas que no tienen que ver con ellos, donde se viola la aplicación de la ley.

 Muchas veces nosotros quedamos en soledad luchando por la aplicación de la ley y muchas de las organizaciones (esa minoría organizada de la que hablé y que puede más que una mayoría desorganizada) que son defensoras de los Derechos Humanos, nos han dejado solos, porque nosotros defendemos personas que carecen de la legitimidad social, como las mismas personas que ellos defienden, pero con una diferencia: los nuestros pareciera que tuvieron éxito económico, entonces son repudiados por la clase media que no quieren que se junten con ellos y que no haya esa movilidad social y, también, por las agrupaciones de izquierda porque tienen plata.

 ¿Entonces usted estaría defendiendo a quienes no gozan de legitimidad social?

 -Yo no defiendo solamente a esa gente; a los dueños de los diarios los defiendo yo, a los empresarios los defiendo yo, a los abogados los defiendo yo y a los jueces los defiendo yo. El abogado laboralista puede exponer su cartera de clientes, a los que defiende; mientras que el tipo que hace penal no puede hacer eso, porque casi, casi que viola el secreto profesional. La gente lo que ve es lo que aparece en los diarios.

 Es decir que usted defendería a un “Pichón Escobar…

 -Pero absolutamente, sin dudas, cómo no lo voy a defender. Sí es cierto que el que abraza la profesión por vocación se siente más cómodo defendiendo que atacando.

 Le propongo un dilema sobre a quién no defendería: un violador, un policía corrupto que mató al estilo gatillo fácil o un político corrupto…

 -Son los tres iguales, los tres merecen defensa, porque uno defiende el sistema penal. No me gusta colocarme en una cierta condescendencia con los que leen el reportaje porque me adjudico yo valores que les quito a mis colegas, porque seguramente estos casos serán defendidos por alguno de mis colegas. Para mí sería fácil hacer el gambito semántico de decir que no defendería a ninguno de los tres. No critico a quién lo hace. Yo he tenido alguna encrucijada en la que decidí lo que tuve que decidir. El violador me genera algo fuerte porque yo tengo hijos chicos, es una cosa que repugna la propia condición humana, el violador no tiene justificación posible, el tipo que mata quizás la tenga y un político corrupto tampoco tiene justificación posible.

 En lo terrenal, la realidad es que vivimos en una sociedad capitalista y en este marco, lo único que te da libertad es el poder económico. Entonces, si vos tenés que pagar la luz y te viene alguno de estos casos y el tipo te va a pagar 50 mil dólares y… hermano, vos tenés hijos, tenés que pagar el alquiler, los impuestos. No es la misma libertad que yo tengo ahora después de más de 20 años de profesión.

 ¿O sea que hoy usted se siente libre de elegir?

 -No tengo los mismos condicionamientos que cuando uno arranca en la carrera. Yo he tenido enfrente apenas empecé  un caso absolutamente horrible y elegí no agarrarlo. Era un caso sexual y seguí la recomendación de un juez que me dijo, hace 23 años, que la credibilidad que uno tiene al inicio la perdés con el paso de los años. Hacía pocos meses que me había recibido y el juez me muestra el expediente, el cual era categórico en cuanto a la responsabilidad y me dio un consejo: ‘no tiene nada de malo que lo agarres, pero te va a traer consecuencias en tu vida en relación acá dentro de Tribunales’. Repito que no soy quien para juzgar a un colega a quien tome un caso así.

 En algún momento usted discutió fuerte con Maximiliano Pullaro (actual Ministro de Seguridad de la Provincial) cuando él era diputado provincial…

 -Yo le tengo aprecio intelectual a Pullaro. No soy amigo. Alguna vez me crucé en algún programa de televisión. Sé que él tiene una opinión diferente respecto a mí, puede que sea la opinión propia de un político. Está tratando de hacer bien las cosas, hace lo que puede. Pullaro es una persona pragmática, práctica, resolutiva de decisiones urgentes. El problema es que muchas veces estas decisiones tropiezan con el ordenamiento procesal o el ordenamiento penal. Un Ministro de Seguridad define lo que es la política criminal de una provincia, de algún modo. Creo que Pullaro trabaja en pos de la comunidad, si no pensara esto lo diría sin tapujos.

Justamente Pullaro está poniendo en tela de juicio el accionar de los jueces, ¿usted cree que tenemos buenos jueces en la Provincia?

 -Sí. En Santa Fe y, en particular en Rosario tenemos excelentes jueces y te aclaro que me puteo todos los días con las decisiones que toman porque no me dan la razón a mí, pero son tipos preparados, tipos honestos. Son personas de bien. Como en todo cajón de manzana habrá alguna podrida. El 90% son buenos. No sucede lo que pasa en Comodoro Py.

 Bonfatti, cuando era gobernador, planteó que se investiguen los fondos de donde provienen los sueldos de abogados como usted que defienden casos de barras, narcos, delincuentes; ¿estaría dispuesto a que se avance en ese sentido?

 -Sí, que lo hagan. Que investiguen a los abogados, que nos investiguen, pero que también investiguen el origen de los fondos de los médicos, los políticos. Que no se viole la justicia distributiva. Yo firmo con las dos manos si hacen eso. Y te puedo asegurar que el 99, 9% de los abogados tienen el origen de sus fondos acreditados y muchos de los investigados, en esa utopía que planteo, van a venir a golpearme la puerta del estudio para que los defienda.

 Usted defendió a Bassi y Cantero, ¿cómo es posible?, ¿la pasó mal en algún momento?

 -Yo he defendido a todos. Amenazas no, pero sí achiqué al mínimo la posibilidad de que eso ocurra, porque lo primero que requiere un tipo del ambiente delictivo, es que vos no le mientas. Uno no debe prometer el oro.

 ¿Pensó en largar todo alguna vez?

 -Sí. El año pasado fundamentalmente me pasó. Fue una consecuencia de factores que se dieron. Me sentía abrumado. Estuve en el ojo de la tormenta constantemente, la crítica, tratar de explicar todo el tiempo. Me sentí agobiado, porque no es lo mismo mi laburo que el de un farmacéutico.

 ¿Teme o temió en algún momento que por haber defendido a alguien que quedó libre lo perjudique directamente a usted asesinando a algún amigo, familiar, lo que fuere?

-Sí. Lo pensás mucho. Me lo he cuestionado. Lograr una libertad y que traiga consecuencias a una personas que vos conocés o a la propia sociedad, porque vivo en sociedad.

 ¿Se arrepiente de algo?

 -Me arrepiento todos los días de algo. He hecho lo que he podido. Me arrepiento de cosas que no he hecho y hubiera actuado diferente en algunas circunstancias. Uno no es la máscara, es el rostro. Es difícil ser yo.


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