Hace más de un mes se
rompió un tubo de gas maestro en la Cocina Centralizada que funciona en
Granadero Baigorria, la cual proporciona rociones de comida a 60 escuelas en
zonas marginales y que se vieron gravemente afectadas. Por este motivo, salió a
la luz que una enorme cantidad de niños se alimentan diariamente por un monto
irrisorio en comedores que padecen múltiples problemas.
Por Ignacio Pellizzón
Los comedores escolares cumplen un rol fundamental en
materia de inclusión social y desarrollo nutricional de la niñez. No solo son
un espacio de encuentro y de formación, sino también de crecimiento humano.
Desde que se rompió un tubo maestro de gas en la Cocina Centralizada de
Granadero Baigorria, la cual afectó la logística de alimentos a más de 60
escuelas del Gran Rosario, provocando que una gran cantidad de chicos debieran
alimentarse a base de sandwichitos de jamón y queso, se desprendió otra
problemática que se mantiene vigente: más de 65 mil niños comen por menos de lo
que cuesta un pasaje en colectivo.
COMER POR 6 PESOS
“El importe de la partida para los comedores es de $5, 10,
la copa de leche $1, 70. Son los dos aportes que hace la Provincia por chico.
En total son 65 mil rociones de comida y 125 mil de copa de leche en la
Región”, alertó a Mirador Provincial, Lorena Almirón del área de Asistencia
Escolar de ATE y adelantó que esta situación se agrava aún más, ya que “hace
más de dos meses que el Ministerios Social de la Nación no paga en concepto de
refuerzo nutricional, lo que representa $1, 10, sumado al aporte de la Provincia,
es decir que en total la roción debería ser de $6, 10”.
La Cocina Centralizada elabora entre 10 y 15 mil rociones,
de acuerdo a la etapa del año. Ésta representa casi un 40% de los alimentos que
reciben los colegios. “Actualmente, son 580 chicos que viene a comer todos los
días al comedor, que rondan entre los 4 y 14 años”, dijo la ecónoma de la
escuela 1333, ubicada en el barrio Toba en Garzón al 4300, Carolina Alarcón.
Otra de las preocupadas es Ofelia Morales, quien trabaja en
la cocina de la escuela 1344 (Avenida Travesía y Juan B. Justo), quien señaló
que “no es una tarea sencilla” darle de comer a 160 chicos que asisten a la
mañana y a los 200 que llegan a la tarde. “Acá vienen niños desde nivel inicial
hasta séptimo grado y tenemos el comedor gracias a una donación del gobierno
canadiense”.
Andrea Cima, quien también trabaja en el comedor, pero de la
escuela 1372 en el barrio Tío Rolo, afirmó que el menú “no es variado” y
agregó: “Hace bastante solían comer bien, cubrían sus necesidades nutricionales.
Desde hace un tiempo a esta parte decayó mucho”. A este colegio asisten entre
300 y 320 chicos por día.
DESDE LEJOS NO SE
VE
Las escuelas periféricas de Rosario padecen múltiples
problemas, desde inconvenientes en infraestructura hasta de vandalismo, que
parecieran quedarse fuera de la agenda o que no se vislumbran desde una óptica
alejada o una banca. “En esta escuela (1333) cuando llueve nos inundamos todos.
Debemos modificar el ingreso de las maestras. Hace poco entraron a la escuela y
prendieron fuego un volquete que teníamos para juntar cartones. Se trepan al
colegio y saltan al patio como si fuera su casa. Hay mucha violencia la
verdad”, describió con preocupación Carolina Alarcón.
No solo deben lidiar con las problemáticas internas, sino también
con las difíciles situaciones cotidianas que padecen chicos que pasan más
tiempo en la calle que en sus hogares, a merced de todo tipo de violencias.
“Los niños vienen agresivos de la calle, acá tratamos de contenerlos pero nos
maltratan, nos gritan, hacen lo que quieren, se cuelgan de los colectivos para
jugar por eso los choferes de la línea 110 están cansados”, destacó Alarcón.
En la plaza Argentino, ubicada frente al colegio 1333 en el
barrio Toba, hay un destacamento de la Policía Comunitaria, pero “es un
volquete cerrado, no se ve a nadie, ni siquiera cuántos agentes hay; en ningún
horario se los ve patrullando ni recorriendo la zona”, aseveró la ecónoma.
Otra problemática que deben afrontar varias escuelas es el
acceso a internet, debido a que “muchos profesionales quedan desestimados del
escalafón provincial, porque no contamos con acceso a éste para realizar el
curso de capacitación, por ende no se pudieron inscribir en el rubro de
asistentes escolares. Esto genera que no se pueda tener algún reemplazo frente
a cualquier inconveniente. Acá falta mucho sobre informática, en nuestra
comunidad Quom”, dijo Ofelia Morales de la escuela 1344.
En coincidencia, Andrea Cima, ayudante de cocina del colegio
en Tío Rolo, expresó que Internet “no funciona ni siquiera para que se puedan
realizar los trámites administrativos” con el Ministerio de Educación. “Esto es
un drama. La conexión es muy baja”. Cuando surge una licencia, por ejemplo, “la
comunicación es muy complicada por lo que decía de la falta de internet”.
UN COLEGIO MAL
HECHO
La escuela de Tío Rolo, es un inmueble nuevo, no tiene más
de seis años de inaugurada y ya cuenta con problemas dignos de un colegio de
antaño y desahuciado. Si bien de afuera parece un colegio moderno y cuidado,
los trabajadores docentes y no docentes deben resolver múltiples falencias por
falta de recursos y obras mal realizadas.
“Cuando llueve entra el agua por las rejillas. Está mal
diseñada arquitectónicamente. Se cerró la obra como si estuviera todo impecable,
pero tenemos muchísimos inconvenientes. Diversas cosas no están bien, los
desagües, hay gas envasado, el agua es un drama constante porque en el barrio
hay faltante”, comentó una de las trabajadoras.
Por su parte, Cima apuntó que tienen una portería que “no se
puede utilizar porque nunca fue reacondicionada; los baños están mal hechos,
los arreglos fueron para cubrir baches solamente.
Nunca nos escucharon
demasiado a los que trabajamos allí. Es más, hace poco hicimos limpieza en los
desagües y nos dimos cuenta que el de la cocina desemboca en el baño. Mucha
mugre y olor”, reflexionó con un tono de resignación.
En relación al estado en que asisten los niños, explicó que son
chicos que “tienen muchos problemas familiares” y describió que hay una franja
de asentamientos al costado de la vía frente al colegio con flagelos varios
como: padres violentos, chicos con adicción, entre otros.
Finalmente, la ayudante de cocina de la escuela en Tío Rolo
sostuvo que “creen que somos privilegiados por ser una escuela nueva, aunque
claramente, por su fachada linda, no se ven los problemas profundos”.
Los casos se reproducen a lo largo y ancho del Gran Rosario,
provocando el malestar no solo de los docentes y trabajadores ajenos a la
enseñanza, sino también de padres que por falta de respuestas de jerarquía
suelen volcar sus indignaciones a quienes deben exponer sus rostros
diariamente, sin entender que también son víctimas. La Educación es uno de los
pilares fundamentales de cualquier Democracia, una de las patas para el desarrollo
de una sociedad; atenderla no es un deber, es un derecho adquirido que se tiene
que defender a capa y espada, si fuera necesario.


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