sss ROSBARING: SALADILLO: EL VECINO MÁS TEMIDO

domingo, 20 de septiembre de 2015

SALADILLO: EL VECINO MÁS TEMIDO



Tras el fuerte temporal que azotó a Rosario y toda la región de Santa Fe, los vecinos de la ribera en Ayacucho y Av. Circunvalación siguen esperando con ansias que los ayuden a reubicarse, pero, por el momento, son promesas vanas de un futuro repleto de incertidumbres. Si bien afirman que desde Promoción Social se acercaron con dos propuestas, el recelo se mantiene latente en las más de 20 familias que habitan una pequeña porción de terreno en el barrio Molino Blanco; y esperan lo peor: “Si el arroyo crece de nuevo se desbarrancan nuestras casas”. Bajan las aguas, quedan las personas.

Por Ignacio Pellizzón

Con miradas capaces de agujerear los corazones más acorazados, buscando en el horizonte del arroyo Saladillo una pequeña luz de esperanza que les permita avizorar un futuro mejor ya no para sus vidas, sino para las de sus hijos, subsisten prácticamente a la intemperie unas 20 familias que con más pasión que dinero lograron armar sus precarios hogares en el barrio Molino Blanco, donde un pequeño río los acecha constantemente a la altura de Avenida Circunvalación y Ayacucho.

Cuando las recientes inundaciones del Saladillo cesaron, las guas bajaron, las cámaras se apagaron, los micrófonos se escondieron, los grabadores se descargaron y los celulares se guardaron en bolsillos, ellos observaron con anhelo, mientras los vehículos se alejaban, que sus gritos hayan sido escuchados y que los funcionarios se hagan eco no de sus reclamos, sino de sus pedidos de ayuda.



Es paradójico que una sustancia vital como el agua, también pueda ser el principal factor de riesgo de mortalidad. La próxima vez que el arroyo vuelva a crecer, “no solamente nos vamos a inundar, también caerán nuestras casas”, porque los terrenos ya quedaron blandos tras soportar repetidas veces el golpe de las aguas. “No es por nosotros, que ya estamos hechos, es por ellos, los chicos”, expresó con desazón a Mirador Provincial Celso Riveros, quien hace varios años vive allí tras haber invertido 35 mil pesos en su pequeña casilla con un techo recubierto de plástico que se mueve bruscamente con el soplido del viento.

Osvaldo Daniel González es vecino de Celso, con una pequeña diferencia, vive del lado izquierdo del pasillo que atraviesa ese pequeño terreno divido en dos. Su vivienda se encuentra inmersa en una especie de pozo con declive hacia el arroyo Saladillo, por lo que toda el agua de lluvia o de inundación sí o sí atraviesa su casa. “Yo no quiero que me regalen nada, pero tampoco que me digan que me van a traer escombros y me los dejarán tirados en el puente, porque es imposible que yo pueda trasladarlos y utilizarlos”, señaló otro de los consultados por Mirador Provincial en relación a una medida inmediata que el municipio habría tomado pero que, hasta el momento, no cumplió.

A FALTA DE UNA, DOS



A priori pareciera que desde el Estado entendieron las necesidades de los vecinos, brindándoles dos opciones a elegir: dinero mensual ($3 mil) para poder alquilar un hogar o unos 60 mil pesos que les permitan comprarse otra vivienda. “El problema es que mi casa me costó 35 mil, aquí, a la vera del arroyo (casi debajo del puente), entonces no sé adónde nos podremos ir, porque no nos ofrecieron otro terreno”, aclaró Celso Riveros, quien se encuentra en la misma disyuntiva que González.

No es la primera vez que les prometen este tipo de cosas, porque “ya hemos vivido situaciones iguales o similares, y lo único que nos trajeron fueron promesas que nunca se cumplieron”. No hay mejor forma de comprobarlo que “viniendo al barrio todos los años” para ver que todo sigue igual, con la misma gente, reflexionó uno de los damnificados.

El frío, la mugre, el césped que se lo come todo, las barrancas invisibles que los pastos ocultan como si fueran trampas mortales para quienes pisen, los angostos pasillos compuestos de agujeros, piedras y barro, son algunas de las lamentables características de este pequeño terreno dividido y ocupado por 20 familias que, ya lejos de exigir materiales y productos que muevan mínimamente la varilla de sus condiciones de vida, sólo ruegan una reubicación ante el peor de los temores: una nueva crecida del arroyo Saladillo.

Celso trabaja de sereno en una obra en construcción por las noches, “no necesito que nadie me regale nada, yo me gano mi propio dinero dignamente”, pero esta situación lo supera. Quiere que sus hijos tengan un mejor lugar donde vivir, sin estar atados al miedo de “ese bendito arroyo”, que la próxima vez que crezca logrará que muchas casillas se desbarranquen, aseveró con voz casi quebrada, mientras que Osvaldo Daniel González destacó: “Ya participé de tres piquetes en este puente y, la verdad, me cansé, no es la forma y, evidentemente, tampoco sirve”.

¿LA RESPUESTA?



El presidente del Servicio Público de la Vivienda, Raúl Álvarez,  en declaraciones a radio Sí 98.9 expresó que el “diálogo con los vecinos nunca se cortó y no se los desatendió”, y que han llegado desde varias áreas de la municipalidad, como desde el Servicio Público de la Vivienda, y Promoción Social. Además comentó que le propusieron subsidios para poder alquilar durante un lapso determinado –3000 pesos por tres meses-, y la otra propuesta, un subsidio único cercano a los 60 mil pesos para que puedan relocalizar su morada a otro lugar.

Esta última posibilidad se pensó no como forma de comprar una vivienda definitiva, sino para relocalizarse y evitar vivir al lado de la vera del Saladillo. “Por ejemplo podrían ser trasladados a algún lugar que un conocido le pueda brindar un espacio, pero no es como manera cómo vivienda definitiva”, explicó.



En conclusión, el mayor de los temores de los vecinos del arroyo Saladillo radica en la llegada en noviembre de un Niño “Godzilla” por su carácter destructivo, según vienen mencionando algunos meteorólogos y especialistas en la materia, que podría tener la histórica tormenta. En rigor, el legítimo reclamo proviene del más hondo de los temores habida cuenta de saber que esta vez no podrán soportarlo; y peor que la realidad es imaginársela.



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