Tras el fuerte
temporal que azotó a Rosario y toda la región de Santa Fe, los vecinos de la
ribera en Ayacucho y Av. Circunvalación siguen esperando con ansias que los
ayuden a reubicarse, pero, por el momento, son promesas vanas de un futuro
repleto de incertidumbres. Si bien afirman que desde Promoción Social se
acercaron con dos propuestas, el recelo se mantiene latente en las más de 20
familias que habitan una pequeña porción de terreno en el barrio Molino Blanco;
y esperan lo peor: “Si el arroyo crece de nuevo se desbarrancan nuestras
casas”. Bajan las aguas, quedan las personas.
Por Ignacio Pellizzón
Con miradas capaces de agujerear los corazones más
acorazados, buscando en el horizonte del arroyo Saladillo una pequeña luz de
esperanza que les permita avizorar un futuro mejor ya no para sus vidas, sino
para las de sus hijos, subsisten prácticamente a la intemperie unas 20 familias
que con más pasión que dinero lograron armar sus precarios hogares en el barrio
Molino Blanco, donde un pequeño río los acecha constantemente a la altura de
Avenida Circunvalación y Ayacucho.
Cuando las recientes
inundaciones del Saladillo cesaron, las guas bajaron, las cámaras se
apagaron, los micrófonos se escondieron, los grabadores se descargaron y los
celulares se guardaron en bolsillos, ellos observaron con anhelo, mientras los
vehículos se alejaban, que sus gritos hayan sido escuchados y que los
funcionarios se hagan eco no de sus reclamos, sino de sus pedidos de ayuda.
Es paradójico que una sustancia vital como el agua, también
pueda ser el principal factor de riesgo de mortalidad. La próxima vez que el
arroyo vuelva a crecer, “no solamente nos vamos a inundar, también caerán
nuestras casas”, porque los terrenos ya quedaron blandos tras soportar
repetidas veces el golpe de las aguas. “No es por nosotros, que ya estamos
hechos, es por ellos, los chicos”, expresó con desazón a Mirador Provincial
Celso Riveros, quien hace varios años vive allí tras haber invertido 35 mil
pesos en su pequeña casilla con un techo recubierto de plástico que se mueve
bruscamente con el soplido del viento.
Osvaldo Daniel González es vecino de Celso, con una pequeña
diferencia, vive del lado izquierdo del pasillo que atraviesa ese pequeño terreno
divido en dos. Su vivienda se encuentra inmersa en una especie de pozo con
declive hacia el arroyo Saladillo, por lo que toda el agua de lluvia o de
inundación sí o sí atraviesa su casa. “Yo no quiero que me regalen nada, pero
tampoco que me digan que me van a traer escombros y me los dejarán tirados en
el puente, porque es imposible que yo pueda trasladarlos y utilizarlos”, señaló
otro de los consultados por Mirador Provincial en relación a una medida
inmediata que el municipio habría tomado pero que, hasta el momento, no
cumplió.
A FALTA DE UNA, DOS
A priori pareciera
que desde el Estado entendieron las necesidades de los vecinos,
brindándoles dos opciones a elegir: dinero mensual ($3 mil) para poder alquilar
un hogar o unos 60 mil pesos que les permitan comprarse otra vivienda. “El
problema es que mi casa me costó 35 mil, aquí, a la vera del arroyo (casi debajo
del puente), entonces no sé adónde nos podremos ir, porque no nos ofrecieron
otro terreno”, aclaró Celso Riveros, quien se encuentra en la misma disyuntiva
que González.
No es la primera vez que les prometen este tipo de cosas,
porque “ya hemos vivido situaciones iguales o similares, y lo único que nos
trajeron fueron promesas que nunca se cumplieron”. No hay mejor forma de
comprobarlo que “viniendo al barrio todos los años” para ver que todo sigue
igual, con la misma gente, reflexionó uno de los damnificados.
El frío, la mugre, el césped que se lo come todo, las
barrancas invisibles que los pastos ocultan como si fueran trampas mortales
para quienes pisen, los angostos pasillos compuestos de agujeros, piedras y
barro, son algunas de las lamentables características de este pequeño terreno
dividido y ocupado por 20 familias que, ya lejos de exigir materiales y
productos que muevan mínimamente la varilla de sus condiciones de vida, sólo
ruegan una reubicación ante el peor de los temores: una nueva crecida del
arroyo Saladillo.
Celso trabaja de sereno en una obra en construcción por las
noches, “no necesito que nadie me regale nada, yo me gano mi propio dinero
dignamente”, pero esta situación lo supera. Quiere que sus hijos tengan un
mejor lugar donde vivir, sin estar atados al miedo de “ese bendito arroyo”, que
la próxima vez que crezca logrará que muchas casillas se desbarranquen, aseveró
con voz casi quebrada, mientras que Osvaldo Daniel González destacó: “Ya
participé de tres piquetes en este puente y, la verdad, me cansé, no es la
forma y, evidentemente, tampoco sirve”.
¿LA RESPUESTA?
El presidente del Servicio Público de la Vivienda, Raúl
Álvarez, en declaraciones a radio Sí
98.9 expresó que el “diálogo con los vecinos nunca se cortó y no se los
desatendió”, y que han llegado desde varias áreas de la municipalidad, como
desde el Servicio Público de la Vivienda, y Promoción Social. Además comentó
que le propusieron subsidios para poder alquilar durante un lapso determinado
–3000 pesos por tres meses-, y la otra propuesta, un subsidio único cercano a
los 60 mil pesos para que puedan relocalizar su morada a otro lugar.
Esta última posibilidad se pensó no como forma de comprar
una vivienda definitiva, sino para relocalizarse y evitar vivir al lado de la
vera del Saladillo. “Por ejemplo podrían ser trasladados a algún lugar que un
conocido le pueda brindar un espacio, pero no es como manera cómo vivienda
definitiva”, explicó.
En conclusión, el mayor de los temores de los vecinos del
arroyo Saladillo radica en la llegada en noviembre de un Niño “Godzilla” por su
carácter destructivo, según vienen mencionando algunos meteorólogos y
especialistas en la materia, que podría tener la histórica tormenta. En rigor,
el legítimo reclamo proviene del más hondo de los temores habida cuenta de
saber que esta vez no podrán soportarlo; y peor que la realidad es
imaginársela.





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