Pese a que los datos
oficiales arrojan que hay un 50% menos de controles positivos de alcoholemia,
proponen disminuir el máximo permitido, incorporando modificaciones en el
código de faltas que abarcan desde inhabilitación para conducir, cursos
obligatorios hasta sanciones económicas.
Por Ignacio Pellizzón
Nota publicada en suplemento de Clarín, Mirador Provincial
Nota publicada en suplemento de Clarín, Mirador Provincial
Salieron del cine a las 10.30 de la noche y decidieron ir a
cenar a un restaurante cercano. Ella pidió lo de siempre, él innovó con un
plato de la casa y aceptaron el nuevo vino que el mozo les sugirió, aunque ella
no bebió. La velada llegaba su fin tras culminar las tazas de café, mientras le
traían la cuenta. Pagaron, dejaron una bondadosa propina y salieron del local
en busca de un taxi que los devuelva a su hogar. Al llegar a la esquina,
visualizaron la pequeña luz roja de un móvil libre y levantaron sus brazos
derechos para hacerle seña, al mismo tiempo que un Fiat Punto, que venía a 60
km por la calle trasversal escapando de un control, los arrollaba de forma
brusca, matándolos al instante. Ella estaba embarazada de seis meses y el
conductor tenía 1, 5 miligramos de alcohol en sangre. Ésta podría ser la
primera escena de una película dramática o una noche cualquiera en la ciudad.
Actualmente, en el Concejo Deliberante de Rosario hay un
proyecto de ordenanza, impulsado por el edil radical, Sebastián Chale, que
busca reducir los índices de accidentes automovilísticos, producto de
conductores bajo el efecto del alcohol. De esta manera, la misma prevé
modificaciones en el código de faltas, incluyendo inhabilitación para conducir
y cursos obligatorios para todo infractor por alcoholemia. Así, quienes sean detectados
con un índice de 0 a 0, 3 de alcohol en sangre deberán cumplir con este curso
(entre 4 y 20 horas según infracción). A partir de 0, 3 se sumará una penalidad
económica, que irá de 50 a 600 Unidades Fijas (UF), aumentando
considerablemente en los casos más graves.
Al igual que lo estipula la ley nacional, en Rosario el
máximo permitido para conductores de autos es de 0, 5, mientras que 0, 2 para
motos y 0, 0 para transporte público. “A partir de 0, 3 los riesgos se
duplican, por eso establecemos desde ese límite, sanciones más duras, elevando
los montos en los casos de infracción más graves”, explicó Chale a Mirador
Provincial, y agregó: “La reducción del límite ha sido una medida exitosa en
países como Uruguay y Chile, donde la normativa permitió bajar un 30% las
muertes en accidentes viales producidos por el consumo de alcohol”.
También, el concejal destacó la creación de un fondo público
de lucha contra el alcohol al volante convocado y coordinado por las
secretarías de Salud y de Control y Convivencia Ciudadana e integrado por ONG’s
locales referentes de la seguridad vial. La finalidad de este fondo será contribuir
con el financiamiento de cursos de concientización y reflexión.
MÁS CONTROLES
El secretario de Control y Convivencia, Pablo Seghezzo,
declaró que, en relación a los tests de alcoholemia que se vienen realizando,
en 2014 se duplicaron los mismos en comparación con los del 2013, mientras que
para este ciclo duplicarán los hechos el año anterior, “ya que aquella persona
que conduce bajo los efectos del alcohol no sólo pone en riesgo su vida, sino
la del resto de los ciudadanos y no vamos a claudicar en nuestro esfuerzo de
llevar los índices a cero”, afirmó.
Según las estadísticas a las que accedió Mirador Provincial,
pertenecientes a la cartera que lidera Seghezzo, en los primeros tres meses del
año se realizaron poco más de 6 mil operativos de alcoholemia, de los cuales el
8% de los automovilistas superó el máximo permitido (0, 5). Por su parte, en
2014 el 14% dio positivo en más de 10 mil test realizados, mientras que en 2013
el resultado arrojo un 16% en más de 4 mil testeos, es decir que, desde hace
dos años a esta parte, los índices se redujeron un 50%.
EL ALCOHOL Y SUS
EFECTOS
“Dependiendo de la cantidad de etanol en sangre se producen
diversos efectos en el organismo: con 0,15, disminución de reflejos; con 0,2,
falsa apreciación de distancias y subestimación de velocidad; con 0,3,
trastornos motores y euforia; con 0,5, aumento de tiempo de respuesta; con 0,8,
trastorno general del comportamiento; con 1,2, cansancio, fatiga, pérdida de la
agudeza visual y con 1,5, embriaguez motora”, informó Sebastián Chale.
Así mismo, manifestó: “Los efectos dependen de muchos
factores, como el tipo de bebida, el peso y la edad de la persona, el cansancio
o sueño que tenga o cualquier medicamento que haya tomado. Por eso, no se puede
especular en cuanto se debe tomar para no llegar a 0,2 o a 0, 3. Incluso,
estudios demuestran que aún con esa ingesta mínima, y sin la persona percibir
cambios en su conducta, presenta reducción de reflejos y de su capacidad para
conducir. Debemos entender que cuando manejamos, no debemos tomar ni una gota
de alcohol”.
DATOS QUE DUELEN
Teniendo en cuenta que el 80% aproximadamente de los
accidentes viales son producto de errores humanos, según números relevados por
la Asociación Civil “Luchemos por la Vida”, en Argentina 22 personas mueren por
día, 8 mil por año y se registran más de 120 mil heridos anuales de distinto
grado por siniestros viales.
En rigor, en Rosario, de acuerdo a los datos oficiales
difundidos por la Secretaría de Control, entre enero y octubre de 2014, 1.316
rosarinos fueron detectados conduciendo bajo los efectos del alcohol. Entre
ellos, 140 tenían más de 1,5 miligramos en sangre; 273 registraron valores
entre 1 y 1,5 miligramos y 245 se ubicaron entre 0,75 y 1. Además, a 612 les
dieron valores de entre 0,50 y 0,75, mientras que 46 se negaron al test.
Si bien no son inválidos los argumentos de que por las
noches, por ejemplo, los colectivos disminuyen notablemente sus frecuencias,
los taxistas se vuelven selectivos a la hora de subir pasajeros y el aumento
notable de la delincuencia es más que una sensación, no son suficientes para
justificar la conducción de cualquier tipo de vehículo bajo los efectos del
alcohol. Aunque, desde sectores gastronómicos apuntan más al “conductor
designado”, la ordenanza puede ser un puntapié inicial para comenzar a tratar
la Educación Vial desde los niveles más primarios de la sociedad generando
consciencia, porque el cambio empieza por uno y, tal vez, hoy esa familia
estaría viva.

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