sss ROSBARING: CULTURA VS LEYES: CUANDO EL GRITO DE LUCHA ES POR SER RECONOCIDOS

lunes, 11 de mayo de 2015

CULTURA VS LEYES: CUANDO EL GRITO DE LUCHA ES POR SER RECONOCIDOS


Lo centros culturales independientes de Rosario buscan el reconocimiento de la sociedad a través de las leyes; padecen la problemática de no contar con una ordenanza que los regule por igual y de tributar impuestos al fomento de la cultura del turismo; una lucha entre la legitimidad y la incongruencia.

Por Ignacio Pellizzón

Nota publicada en suplemento de Clarín, Mirador Provincial.

En Psicología explican que los bebés al nacer necesitan ser reconocidos por el “otro” para poder sobrevivir, ya que sin la mirada y la preocupación de éste, por no ser autosuficientes, no podrían desarrollarse y crecer sanos y fuertes. Así, es que a través del llanto logran comunicarse, logrando que sus padres les presten atención y puedan satisfacer sus necesidades. 

Similar es la situación de los espacios culturales de Rosario, que luchan por ser reconocidos ante la ley y poder visibilizar su actividad ante el Estado y, de esta forma, brindarles un marco legal acorde a sus necesidades para expandirse como una de las ramas fundamentales de la expresión de la Cultura.

Al igual que el ave fénix, los espacios culturales de Rosario están resurgiendo todo el tiempo de sus cenizas. Es que por falta de leyes concretas y actualizadas, que les permitan manejarse con libertad a través de parámetros de limitaciones estrictos, culminan padeciendo clausuras temporales y terminan levitando entre diversas contradicciones que no les permiten capitalizar sus potenciales, según afirman desde diversas agrupaciones sociales.

Por otra parte, la cuestión impositiva no es menor, más aún, teniendo en cuenta que son espacios autogestionados y sustentados por los propios emprendedores. En rigor, deben tributar el Derecho de Registro e Inspección (Drei) - Ente de Turismo de Rosario (Etur). La Cultura tiene su precio.

LOS RECLAMOS

Ignacio Gorriz es dueño del centro cultural El Espiral (Ituzaingo 1719) y miembro de Espacios Culturales Unidos de Rosario (Ecur), del que participan: Distrito 7, Centro Cultural El Espiral, Olimpo, La Chamuyera, Bienvenida Cassandra, La Muestra, La Peruta, Bon Scott y La Trunca, entre otros. En diálogo con Mirador Provincial señaló las principales problemáticas que sufre en carne propia como director de un local destinado a difundir cultural y cuáles son las vías legales que buscan desde la organización social para paliar la complicada situación que viven en general este tipo de centros de esparcimiento.

“La norma vigente que regula los centros culturales de Rosario es la 7.218, la cual está armada para lo que es un espacio bailable y otro que no lo es, por lo que estipula que solamente se puede bailar en boliches y no en otros ámbitos. Esto excede a cualquier tipo de espacio”.

“Otro problema que conlleva esta norma –continúa Gorriz-, es que es motivo de clausura. Si un inspector ingresa a un centro cultural donde hay una banda tocando y hay dos personas paradas bailando, es motivo suficiente para que te clausuren el local. Entonces hay una disciplina (la danza) que no está contemplada en la normativa y quedamos a merced de la buena voluntad de los inspectores”.

También se encuentra la controvertida Ordenanza de Ruidos Excesivos (46.542), la cual data de 1972, “por ende se están contemplando ruidos de la década del ‘60, lo cual lógicamente está desactualizada, está caduca. Los ruidos de hace medio siglo atrás no son los mismos que hoy. Es, también, motivo de clausura”, manifestó el director de El Espiral.

Por su parte, Gabriel Cejas, pertenece a la organización sin fines de lucro: Colectivo Avispero. Se trata de un espacio que tiene un año de vigencia y comenzó paralelamente al mismo tiempo que las clausuras y cierres de espacios culturales se fueron suscitando en Rosario. “Nosotros somos todos aquellos que tocábamos en los locales o íbamos a pasarla bien, de modo que a raíz de esta situación se generó el grupo para poder hacernos cargo del problema y llevar adelante actividades para reivindicar estos espacios. También buscamos recuperar la calle para recrear el arte y volver a tomar posesión sobre ese espacio público”, explicó.

DERECHO A RÉPLICA

No obstante, desde la Secretaría de Cultura coinciden en que las Ordenanzas (7.218 como la de Ruidos Excesivos) quedaron desactualizadas y señalan que es competencia del Concejo aprobar unas nuevas acorde a la coyuntura actual, de modo de brindar un marco regulatorio a los bares culturales.

En rigor, el 21 de octubre de 2014 se realizó el Decreto 2.474, con firmas de la intendenta Mónica Fein, el secretario de Cultura y Educación local, Horacio Ríos y el secretario de Control y Convivencia Ciudadana, Pablo Seghezzo, compuesto por diez artículos donde se autorizan “(…) actividades musicales, teatrales, danzas, literarias, stand up, dictado de clases, talleres y ensayos” (Art. 1°), además de otras reglamentaciones para su habilitación competentes a Higiene y Seguridad, horarios permitidos, factor ocupacional, entre otros.

En este sentido, la subsecretaria de Cultura, Mónica Peralta, mencionó a Mirador Provincial que “se mejoraron y se generaron facilidades en cuanto a clausuras y multas, logrando una regulación interna para que los espacios culturales puedan funcionar”, y adelantó: “Estamos debatiendo un proyecto de Ordenanza novedoso, porque la 7.218 está desactualizada y no tiene trasfondo de lo que sucede en la noche. Queremos implementar un programa que proteja a los jóvenes y no realizar una caza de brujas. Sabemos que hoy en día hay lugares donde no está permitido bailar (algo no separable para nosotros) porque así lo dispone la Ordenanza actual y no podemos modificarla aunque queramos porque es competencia del Concejo”.

Sobre las sanciones que reciben los espacios culturales, el secretario de Control y Convivencia Ciudadana afirmó que “no es motivo de sanción si hay gente bailando, ya que básicamente se hace hincapié en la seguridad interna y en la convivencia con el entorno, ya que buscamos ante todo la protección del público dentro del espacio y el consenso con el vecino”, y dejó en claro que los decibeles de ruido no son comparables entre una discoteca y un espacio cultural, pese a que la Ordenanza vigente al respecto estipule un tope de volumen que está caduco.

Finalmente, Seghezzo declaró que se trata de una secretaría relativamente nueva y que “los conflictos más resonantes se suscitaron al principio y cada espacio por diversos motivos, mientras que en el último tiempo la problemática se redujo notablemente”.

CRITICAR HACIENDO

Lo primero que hicieron desde el Ecur, junto con Colectivo Avispero, fue ir al Concejo a dialogar sobre esta problemática para poder llevar adelante la reglamentación de una norma que les permita existir para el sistema, ya que si no hay un marco regulatorio serio implica que “somos invisibles, que no tenemos entidad”, manifestó Gorriz de El Espiral.

“Nos pareció vergonzoso encontrarnos con que nos recibieron solamente dos concejales, algunos asesores de otros partidos políticos y vislumbrar la ausencia del PRO”, disparó con desazón.

Mientras mantenían el diálogo con el ejecutivo, comenzaron a escribir un proyecto para presentar en el marco correspondiente: el Concejo. Éste, fue presentado a fin de año y aún sigue cajoneado y sin tratamiento. “Nuestro proyecto se inspira en la Ley Meca, la cual salió luego de la tragedia de Cromañón en Capital Federal, que contempla una regulación de todos los espacios culturales de acuerdo a los factores ocupacionales. En Rosario estamos muy atrasados en ese aspecto”, expresó Ignacio Gorriz.

Desde Colectivo Avispero, también se movilizaron al respecto en busca de hacer escuchar sus reclamos. “Entre algunas actividades que llevamos adelante, hace poco realizamos una que se llamó Festival No Autorizado, debido a las fajas rojas que se ponen en aquellos afiches pegados en distintos lugares y que no están permitidos. Nos encontramos con mucha gente que participó y que provenían de diversos lugares apoyando la iniciativa”, describió Gabriel Cejas.

Al respecto, consultado por Mirador Provincial, el concejal macrista, Carlos Cardozo, integrante de la Comisión de Gobierno y Cultura, declaró que elaboraron un proyecto que regule la nocturnidad y espectáculo público “pero que no tuvo dictamen favorable”. Bajo este razonamiento, al no contar con una nueva Ordenanza macro “terminan pegándoles parches a la actual”; de esta manera, vislumbran que hay espacios “como Bound, que están inscriptos como cantina, pero funcionan como confiterías bailables o como Mc Namara que cuenta con Amenización Musical, pero la gente no puede bailar”.

CAMBIAR PARA CRECER

Mirador Provincial tuvo acceso al proyecto de Ordenanza, que tanto Ecur como Colectivo Avispero presentaron en el Concejo Deliberante de Rosario, en el que se destacan puntos relevantes para poder regular la actividad de los centros culturales; desde sus respectivas habilitaciones hasta exenciones de impuestos.

Algunas exigencias e ítems destacables de los distintos artículos presentes en el proyecto son:

-Registrarse en la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario y tramitar la habilitación en las oficinas respectivas. (…) constancia que tendrá una vigencia por 5 años (…).

-Contar con medidas de seguridad, higiene y salubridad, necesarios para el desarrollo de las actividades.

-El máximo nivel permitido en los espacios culturales para la música en vivo será de 90 decibeles. El máximo nivel permitido en los espacios culturales para la música funcional será de 75 decibeles.

-No es inherente ni excluyente que los espacios culturales tengan servicio gastronómico.

-En intercambio por el trabajo realizado para la comunidad los espacios culturales quedarán exceptuados del pago del Derecho de Registro e Inspección y Etur.

-Los espacios culturales que cuenten con la Excepción de Residuos otorgada por la Secretaría de Medio Ambiente quedarán exentos del pago de cualquier tipo de arancel mínimo.

En conclusión, los espacios culturales son un apéndice fundamental de la Cultura. No se trata solamente de locales destinados al divertimento, sino que intensifican tareas de aprendizaje y educación que buscan darle luz a barrios opacados por diversas problemáticas. Si bien desde el ejecutivo afirman que están atados de pies y manos por no poder modificar la Ordenanza madre (la cual no contempla estos espacios), ya que es competencia del Concejo, también se dificulta la tarea de la secretaría de Control y Convivencia Ciudadana, que debe lidiar entre una ley desactualizada, la queja de los vecinos y la necesidad de la sociedad de mantener vivos estos centros culturales. 

En épocas de campañas electorales, mejor que inundar la ciudad de afiches con caras de candidatos, realizar declaraciones que generen impacto y pasear por los barrios, es mejor sentarse a promover leyes que la sociedad, el pueblo (soberano) exige. Ésa es la mejor campaña.

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