sss ROSBARING: UN MINUTO DE SILENCIO... ¡UN CARAJO!

jueves, 2 de abril de 2015

UN MINUTO DE SILENCIO... ¡UN CARAJO!




Hace media hora que estoy sentado frente a la computadora con la pantalla en blanco del Word pensando si debo o no debo escribir algo por el 2 de abril. Es que entre tantas publicaciones, investigaciones, reflexiones, recuerdos y opiniones al respecto, pareciera que no hay nada que aportar, que ya no queda nada por decir, que todas las hojas de este día estuvieran llenas.

Pero, sin embargo, me encuentro escribiendo. Y lo estoy haciendo, porque “no hacerlo” sería lo mismo que cuando hay silencio y nadie habla, ¿me entendés?; osea es lo mismo pero al revés. En este país hubo mucho silencio y se pensó: “si nadie dice nada, ¿por qué lo voy a decir yo? Por esa razón, es que, si bien todos están diciendo algo, yo también quiero aportar lo propio, alzar mi voz entre todas las voces, porque una voz acallada es otra guerra perdida.

Es loco que las dos fechas más trágicas de la Argentina estén separadas por nueve días de diferencia en relación a su conmemoración (24 de marzo-2 de abril). Claro está, que, en realidad, ambas son parte del mismo período lamentable y que tuvieron lugar con seis años de diferencia (1976-1982), pero que pertenecen a los peores siete años de la historia de este país.

Desde la vuelta a la Democracia, todos los años se hace un minuto de silencio en ambas fechas y, daría la sensación, que el silencio comienza el 24 de marzo y culmina el 2 de abril de ése período. No sé a quién se le ocurrió desplegar por el mundo que frente a la muerte injusta e inhumana el silencio es la forma más respetuosa de reivindicarla, cuando en esta sociedad, por lo menos, el silencio fue el método más eficaz de aniquilarnos.

Hay muchos silencios que dicen algo, que nos alertan, que nos previenen, que nos generan extrañeza, pero eso sucede porque en nuestra cabeza, ese silencio, nos hace “ruido”; si eso no ocurriera nos quedaríamos dormidos, ya que éste es el tipo de silencio que buscamos cuando queremos cerrar los ojos y descansar.

Hace dos días, el 31 de marzo de 2015, falleció la pareja y compañera de Rodolfo Walsh, Lilia Ferreyra, quien lo ayudó a difundir la carta para la Junta Militar o Triunvirato del Mal como me gusta denominarla a mí. Que haya sobrevivido a la dictadura, fue la bomba de estruendo más grande que les podrían haber arrojado a los tiranos. 

Ese ruido es el que les molestaba, el que querían apagar y acallar. Hoy, físicamente, ya no está, pero sí sus obras, sus artículos, sus investigaciones, sus palabras y memorias, al igual que perduran las de Walsh y tantos otros. Ese ruido no se puede silenciar, nos pertenece.


Estoy escribiendo, y lo seguiré haciendo todos los años al igual que muchos, para que durante estos nueve días no haya silencio, sino el ruido más ensordecedor que se pueda generar. Los ruidos molestan, y una sociedad que no los produce es una que está dormida. Por eso, “un minuto de silencio… ¡UN CARAJO!”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario