Por Ignacio Pellizzón
Pareciera que la discusión sobre el derecho de los
trabajadores fuera de otra época, de otros tiempos. La madurez de la sociedad,
la regulación del Estado, los diversos sindicatos como entes de defensa y
control, generaron que ya no se debata qué es o no un derecho, sino que la
lucha diaria es para que se respeten y no haya abusos de poder por parte de los
empleadores.
No pretendo caer en un ensayo sobre el consumo capitalista,
pero hay un punto sobre el que es importante reflexionar. El fin de semana
tiene su razón de ser por dos motivos: recargar energías para volver a producir
más y mejor en la empresa; y disfrutar el tiempo “libre”, es decir libre del
trabajo remunerado. Sin embargo, como plantea el filósofo alemán, Theodor
Adorno, en su libro: Consignas; el “tiempo libre” no existe.
En este sentido, desde la óptica del autor citado, los
momentos en los cuales los ciudadanos no trabajan, es decir que están “libres”,
se ven impulsados a consumir. Por supuesto, que se trata de un consumo
enmascarado, ya que, como bien plantea Adorno, un hobby o ir a acampar es la
industria favorita de dicha sociedad. En Rosario, por ejemplo, el fin de semana
se suele salir a comer afuera, ver una película u obra de teatro, ir a bailar,
jugar al fútbol en algún torneo, pasear por el shopping, hacer las compras en
el supermercado, cruzar a la isla etc. Todo está ligado al consumo.
Así, pareciera que éste hábito impuesto, es por el que se
rige la sociedad. A sabiendas de que en los próximos años el sistema en el cual
estamos inmersos no va a cambiar, no implica que no se pueda modificar la
cultura del consumo, en pos de revalorar los derechos de los trabajadores, a
través de las leyes; leyes que nacen del seno de la sociedad a través de
representantes en una institución (el Congreso), las cuales expresan la
voluntad popular.
El descanso dominical, no es un capricho, una movida
política, un juego sigiloso para afectar a un sector, es un derecho. Digo esto,
porque hay quienes creen que el “consumo” se verá disminuido, cuando en
realidad esta industria nunca pierde. La sociedad no exige no consumir, reclama
equidad en el consumo, considerando el concepto de Adorno. La decisión de trabajar
un domingo debe ser propia y no impuesta de manera autoritaria aprovechando las
necesidades de aquellos que se ven más perjudicados por el sistema, atados a
una decisión empresarial.
Es incongruente e injusto que en el “tiempo libre”, haya individuos
que estén en jornadas laborales, con la excusa de que tienen un “tiempo libre”
en la semana. Esta situación sí beneficia a un sector y perjudica a otro, ya
que genera conductas contracíclicas en la vida de estas personas.
Es por eso, que la ley del descanso dominical, es un derecho
que la sociedad exige. Las leyes son para todos igual y no distinguen
diversidad cultural, religión, posición social y demás. Con un nuevo derecho
por ley, todos ganamos.
En conclusión, la intención es que el conjunto de los
individuos, que componen a esta sociedad, puedan disfrutar del “tiempo libre”,
únicamente modificando un hábito de consumo en una industria específica. Con
esta ley ningún comercio pierde, mientras que sí ganan los trabajadores
adquiriendo un derecho nuevo. La lucha continúa.

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