Por Ignacio Pellizzón
(Nota publicada en suplemento de Clarín, Mirador Provincial)
Tras el deterioro que sufrieron en la década de los ’90, por una
coyuntura económica que los marginó de la vida social de los distritos; en la
actualidad, su recuperación se vislumbra progresivamente con militancia y
participación de jóvenes que se involucran en las diversas instituciones.
Los clubes de barrio son mucho más que un espacio para
practicar algún deporte o realizar actividades físicas. Se trata del arma
cultural más poderosa con la que cuentan los vecinos, en la que la lucha contra
la imposibilidad es una constante. La memorable frase de Bertolt Brecht: “Hay
hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son
mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que
luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”; es la definición que mejor
le cabe a este tipo de instituciones, que se mantienen en pie por fuerza de nuevos
actores sociales: los jóvenes.
Quitar a los chicos de la calle, inculcarles valores,
educarlos física y psicológicamente, ofrecerles un espacio amigable, de
comprensión e inclusión; son algunas de las premisas que se mantienen vigentes
hoy en día en los clubes de barrio, que día a día trabajan en pos de mantenerse
en pie y de obtener aquellos recursos necesarios para lograr sustentabilidad en
proyectos a corto, mediano y largo plazo.
No obstante, las diversas problemáticas coyunturales
sociales, se vislumbran, también, dentro de los clubes. Tales como la
inseguridad, la falta de contención familiar y la vulnerabilidad de los más
desprotegidos, son moneda corriente en estas instituciones que no aceptan un no
como respuesta, motorizados por el sueño de ver crecer a los más jóvenes en un
ambiente saludable, la integración de los vecinos en el microclima barrial y la
búsqueda de la inserción de la cultural y la educación como pilares
fundamentales.
NUEVO AMANECER
Es el significado de Nueva Aurora, una diosa venerada por
los romanos: así se llama el club de barrio que se encuentra en el corazón de
Barrio Parque en Rosario, ubicado en calle Riobamba 2970, que vio el nuevo
amanecer el 30 de agosto de 1940. Con un gobierno nuevo compuesto por 16
integrantes, que ganó democráticamente las elecciones en octubre de 2013, son
jóvenes de menos de 30 años que se lanzaron a aportar un granito de arena en el
club que los vio nacer y los acompaña, aún hoy, a lo largo de sus vidas.
“Los clubes de barrio generan identidad popular, inclusión,
apropiación del espacio; es prácticamente una extensión de la casa de uno,
porque hasta geográficamente uno está muy próximo”, le comentó a Mirador
Provincial, su presidente de 28 años, estudiante de arquitectura, Misael
Alasino.
“Hoy notamos que los clubes están reflotando y renaciendo en
la sociedad, después de haber padecido la década de los ‘90, donde la situación
económica generó que mucha gente de los barrios se desplace a instituciones más
grandes, debido a que su poder adquisitivo se los permitía. Esto, generó que
los comercios, las bibliotecas, las escuelas, los clubes, de los diversos
barrios se fueran cayendo por falta de asistencia, de algún modo. Actualmente,
notamos que la situación se está revertiendo”, señaló.
Por su parte, Florencia Denoia de 24 años, Licenciada en
Turismo y miembro de la Comisión Directiva, explicó: “La inestabilidad política
de los clubes es el principal problema que conllevó al deterioro en aquella
década. Por eso, se trata, a veces, de un recomenzar constante. A diferencia de
grandes instituciones que ofrecen muchos servicios, los objetivos de los clubes
de barrio son otros. Recién ahora, sobretodo en la gente joven, hay una
decisión de revalorizar y volver a darles el lugar fundamental en la sociedad,
que alguna vez se apreció tanto”.
Actualmente, Nueva Aurora cuenta con 300 socios
aproximadamente, que pagan una cuota de 25 pesos mensuales, principal ingreso
con el que cuenta la institución. Entre las actividades que ofrece, se
destacan: Fútbol de Salón, rama que atrae mayor cantidad de chicos; gimnasio, Patín,
Yoga, Taekwondo, talleres, ritmos, entre otros.
Así mismo, ambos afirmaron que la mayoría de las dirigencias
pretenden que los vecinos “se apropien del espacio”, que puedan adquirir el
“sentido de pertenencia hacia el club”. La intención, “es juntar a la gente del
barrio, inculcar volver a las raíces, recuperar la identidad” que supieron
tener y, de esta manera, “reimpulsar la vida social, de modo que las
instituciones y comercios barriales vuelvan a ocupar ese lugar preponderante en
un clima de igualdad y cooperativismo”.
ROL EN LA SOCIEDAD
Lo clubes de barrio cumplen un papel fundamental no solo en
los barrios, sino en la sociedad en general. “Muchos chicos de distintas zonas
se acercan buscando un espacio de contención, donde se sientan parte, que los
incluyan. En este tipo de instituciones, el acercamiento es más personalizado,
se vislumbra claramente cuáles son los problemas y necesidades con los que
conviven los chicos y se trata de ayudarlos en consecuencia. Esa es la gran
diferencia con grandes clubes y el principal rol”, explicó el presidente de
Aurora.
En relación al fútbol, principal deporte que se practica en
el club, “es una herramienta con la que contamos, porque a través de los
conflictos que genera se pueden extraer cuestiones muy positivas. Ante todo es
un juego, y mediante él tratamos de imponer límites, disciplinar y no darle un
sentido meramente competitivo, sino aprovechar todas las bondades del juego”,
expresó Denoia.
Ambos dirigentes coincidieron, en que el propósito
fundamental es impregnar un sentido de valoración por lo público, por lo que es
de uno y de los demás. Tanto el reconocimiento de los límites, de las
autoridades, el respeto por el prójimo, la solidaridad, son algunos de los
valores que se buscan inculcar y que son extensivos a otros ámbitos. Por ende,
el papel de los clubes de barrios es lograr que las nuevas generaciones puedan
subsanar los desbarajustes sociales, brindando a los más desprotegidos lo que
el común de la sociedad no les ofrece, de manera que puedan contar con las herramientas
necesarias para saber elegir.
FINANCIAMIENTO
El gobierno de la Provincia, con acuerdo de los municipios
de Rosario, Santa Fe y Villa Gobernador Gálvez, implementó el Plan Abre. Se
trata de una iniciativa en la que se prevé una inversión estimada en 4.000
millones de pesos para el período 2014-2015, y tiene como objetivo profundizar
un conjunto de acciones tendientes a mejorar la calidad de vida.
La comisión actual, sin embargo, que lleva un año
gestionando el club, pretende que las actividades se autofinancien. “Si bien la
cuota societaria es muy baja, tratamos de buscar recursos mediantes cenas,
obras de teatro, kermeses, distintos eventos culturales que no solo permitan
recaudar económicamente para plasmar proyectos, sino también que sirvan para unir
a las familias y vecinos mediante actividades que no son únicamente
lucrativas”, añadió Florencia Denoia.
No obstante, Misael Alasino agregó: “Nosotros no hemos
solicitado ningún subsidio nacional, provincial, local, aunque sí contamos con
el descuento del 50% en luz y agua, que el gobierno de Santa Fe aplica a todos
los clubes de barrio. Es decir, ayuda estatal hay, pero nosotros no la buscamos
salvo para obras de infraestructura de gran envergadura como el vestuario que
acabamos de inaugurar y que inició la gestión anterior. La realidad es que
vivimos el día a día y no contamos con capacidad de ahorro”.
MUJERES CON VOZ Y
VOTO
La participación de las mujeres en la sociedad creció
notablemente en todos los ámbitos. La independencia económica, el
involucramiento en la vida política, desde que Eva Duarte de Perón las
incorporó al Sufragio Universal, la continua lucha por generar un trato
igualitario al de los hombres, en un mundo con tendencia machista, también se
vislumbra en los clubes de barrio.
En este contexto, Denoia describió que la actividad política
de las mujeres dentro de Nueva Aurora “se mantiene firme con voz y voto”. Si
bien en la Comisión Directiva, participan tan solo dos, “la presencia se nota y
se hace sentir, ya que ideológicamente se busca que la igualdad de género se
sobreponga frente a cualquier discriminación”.
Sin embargo, “lamentablemente nosotros tenemos una barrera
muy fuerte, en cuanto a lo edilicio, ya que el club en un 80% es la cancha de
fútbol, por lo que los deportes femeninos se acotan mucho a falta de
infraestructura. No obstante, denotamos que la presencia de las chicas en el
club aumentó mucho, sobre todo en patín, donde tenemos más de 30 jóvenes que lo
practican”, especificó.
En este sentido, el espacio para las mujeres “está muy
presente; hay lugar a la opinión; buscamos su participación en todos los
ámbitos. Ellas ocupan un rol fundamental en la vida institucional, ya que
demuestran capacidad y reconocimiento por parte de terceros, lo que enaltece su
labor”, afirmaron unánimemente, tanto Alasino como Denoia.
En conclusión, renacidos de las cenizas como el Ave Fénix,
tras el notable deterioro que sufrieron, hoy parecen volver a ser iluminados
por un nuevo sol. Con ayuda de jóvenes comprometidos con la realidad social,
van volviendo a ocupar ese rol imprescindible que alguna vez supieron tener en
los barrios.
Los clubes, como espacios para fomentar la cultura, la
inclusión, la valoración por lo público, la igualdad, la solidaridad y otros
valores, son el puntapié inicial para proyectar un futuro con menos
marginalidad, más y mejor educación, en un mundo que parece no frenar para que
nos bajemos. Son como fuegos que “arden la vida con tantas ganas que no se
puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”, como diría
Galeano.

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