sss ROSBARING: MI PRIMERA FINAL

viernes, 11 de julio de 2014

MI PRIMERA FINAL


“Lo que pasa es que vos no tomás la dimensión de lo que implica jugar una final de la Copa del Mundo… y en Brasil”, fue lo que me dijo un amigo tras volver de comer una pizza a modo de festejo por el “chiquito logro” –como tituló un colega y amigo- de haber vencido a Holanda en semifinales.


Me quedé pensando y me di cuenta de que tenía razón, de la magnitud que implica estar entre las dos mejores selecciones del mundo. “No siempre el que gana es el mejor”, me dijeron alguna vez, y así lo entiendo yo. No importa el resultado final a esta altura, porque más alto de lo que se llegó no se puede estar. Sin embargo, pase lo que pase en el partido, los de mi generación (‘88, ’89 y alguna más) obtuvimos algo más que una final. Por fin dejamos de heredar héroes.

Maradona, Goycochea, Ruggieri, Burruchaga son los héroes contemporáneos de otra generación. Si bien, en mi caso, he visto videos, fotos, partidos, festejos de aquel campeonato de 1986, no puedo sentir que me pertenece, aunque así sea. Se trata de un campeonato que festejaron mis viejos, otros, pero no yo. No puedo decir de qué se trata, qué se siente, cómo se vive.

Por esas cosas del destino, tenemos la oportunidad de incorporar héroes contemporáneos, seres que nacieron con un chip extraterrestre que nos llevaron (a nosotros) a la primera final del mundo. Viendo jugar a los mejores de estos tiempos, grabando en el disco rígido de la memoria las zaetas de nuestros “nuevos” héroes.

En mi estantería de ídolos ya tengo a mi Maradona con Messi, a mi Goycochea con Romero, a mi Ruggieri con Demichelis, a mi Burruchaga con Mascherano, a Mi Caniggia con Di María, y así podría continuar. Ya no interesa si las posiciones no son las mismas, esa discusión se las dejo a los periodistas deportivos que comprenden más de las cuestiones técnicas. Yo hablo de otra cosa, de ese cosquilleo que siento cuando los veo poner la pelota debajo de la suela, cuando corren más de lo que la Física permite, cuando los veo abrazados como hermanos que fueron paridos por una misma mandre: la Patria Argentina.

Dicen que los hijos son la versión mejorada de los padres, y yo creo que nuestros “nuevos” héroes son una versión mejorada de aquellos del ’86, porque siento que son tan brillantes que aprendieron de los errores de los demás, pero claro está que es gracias a aquellos patriotas de los cuales se pudieron jactar para mejorar. Una cosa no quita la otra.

Por otra parte, me queda dando vueltas en la cabeza la frase: Voy a decir algo loco para ustedes. Pero en los países donde existe menos democracia es mejor organizar una Copa del Mundo”, lo dijo Jerome Valcke, secretario General de la FIFA, el 19 de junio de 2013, publicado por la agencia oficial Telam, citando a la Agencia Brasileña de Noticias.

Detrás de cada Mundial hay un gran negocio para unos pocos. Lo sabemos. No podemos hacernos los sonsos. Brasil se transformó en una gran potencia, pero no se justifican los miles de millones de dólares gastados en estadios que no se culminaron, en autopistas que se desmoronan, en un show que lejos de catapultar a la Nación como un ejemplo insoslayable, la desnuda y la expone frente a la opacidad de las publicidades y propagandas. Son demasiadas prioridades dejadas de lado.

No es necesario organizar un Mundial para demostrarle al mundo que en Latinoamérica hay un país que creció de manera ininterrumpida y con notables logros económicos, industriales e inclusión. Por cada pibe que llora de hambre, madre que se desvive por un hogar, padre explotado y abusado laboralmente, negocios espurios del narcotráfico, Favelas ocultas y vigiladas por policías militarizados, cada centavo gastado en un estadio es un derroche. La ambigüedad en su máxima expresión.

Los “nuevos” héroes están en esa tierra, enviando un mensaje explícito, claro y concreto: con trabajo, esfuerzo, humildad, planificación, sí se puede. En Latinoamérica no somos más ni menos que los “grandes paraísos industrializados”. Ellos también son cómplices de estas mafias que nos circundan cada cuatro años.


Es mi primera final en una Copa del Mundo y cantaré el himno por sétima vez el domingo, pero el lunes continúa la final global, la que nos toca pelear todos los días, en la que todos tenemos un puesto en esta sociedad, con nuestras virtudes y defectos, apoyándonos en nuestros compañeros, pero al igual que ellos -los “nuevos” héroes-, debemos aprender de los errores de las generaciones pasadas, agarrar la posta, hacernos cargo, cantar el himno todos los días y estar a la altura, porque no hay peor desilusión y frustración que llegar al desenlace de nuestro partido reprochándonos lo mucho que podríamos haber hecho en el campo de juego dejando la comodidad del banco de suplentes. “Juremos con gloria morir”.

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