“PUNTO Y APARTE”
Por Ignacio Pellizzón
CAPÍTULO 10
CAPÍTULO 10
“Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida,
esos son los imprescindibles”.
Bertolt Brecht
-¿Qué fue eso?,
¿fue una explosión?-
-No sé, es como
si hubieran tirado una bomba-
-Quizás explotó
una caldera, pero fue muy estruendoso-
-Mi vieja que
está en zona sur también lo escuchó-
-¿Dónde pasó?, se
sintió en todas partes-
-Voy a poner la
radio a ver si dicen algo y te aviso-
Lo ambiguo de una
mañana soleada hermosa y fresca, fría como se sintió aquel ruido que hizo
temblar los corazones de todos los rosarinos durante micro segundos, segundos
que se volvieron eternos y que jamás terminarán de contarse. El tiempo perdió
la cuenta y se obnubiló entre gritos y llantos.
El 6 de agosto de
2013 perdieron la vida 22 personas tras haber explotado un edificio en la calle
Salta 2141 por una fuga de gas. El punto y aparte de un capítulo que se cerró
para guardarse en la memoria y no olvidarlo nunca más.
Querido lector/a,
comprenda que no se trata de un hecho aislado que debe ser conmemorado entre
lágrimas cada aniversario para alimentar y llenar los espacios vacíos de
contenidos que la publicidad deja en los diversos medios de comunicación. El
recuerdo está ahí, todos los días, en la calle, en la vida, en nuestra memoria.
El tiempo puede
ser nuestro más fiel servidor a la hora de olvidar aquellos momentos que así lo
ameriten, como también es la más nefasta condición que el Hombre puede
concederle frente a situaciones que jamás deben evaporarse.
Ya no está ese
silencio ensordecedor que hacía doler los corazones, esas caras de admiración y
sorpresa frente a la ausencia del edificio, no se vislumbran turistas con
cámaras del futuro captando imágenes despreciables para retratar un
acontecimiento que nunca vivieron. Hoy la vida siguió su curso, la calle se
abrió, los vecinos volvieron a sus hogares, pero 22 almas nos miran desde el
cielo con un puño cerrado pidiendo qué… ¿justicia?, ¿memoria?, ¿ambas?
La muerte es el
final de un camino natural que es ingambeteable y nos llega a todos por igual.
Tal vez, muchos elijan el modo: “morir como viví” o, si es que existe, el
destino nos lleva de acompañantes eligiendo qué camino tomar para llegar a ese punto
que tiene que ver con el curso de la vida.
Las tragedias y
los accidentes tienen algo en común: son hechos lamentables. No obstante,
querido lector/a no se confunda entre el juego de palabras, porque su significante
no es el mismo y es necesario discriminarlos para poder comprenderlos y
afrontarlos de maneras distintas.
“La realidad
supera la ficción”, porque las ficciones nunca duran lo mismo que la realidad.
Lo trágico de los
accidentes es que se pueden prevenir, pero en la mayoría de los casos se
lamentan más de lo que se previenen, ya que pareciera que surgen de la nada,
sin nadie que los espere, pero con un objetivo asegurado: se arrepentirán.
La sonrisa del
río Paraná cuando el sol brillante de las mañanas lo alumbra, la
grandilocuencia de un monumento que se solía ver desde cualquier punto
cardenal, el esplendor de los parque con sus llanuras verdes y árboles
desplegados de oxígeno, el silencio de los domingos a la tarde mientras la
gente duerme la siesta, lo apetecible de una caminata por Bv. Oroño los sábados
a la mañana, la imagen de una ciudad atractivamente feliz…; es un capítulo que
se cierra para chocar con una cicatriz imborrable como la grieta que deja un
rayo al hacer contacto con la tierra y dividirla en dos.
Como tantos otros
libros de lucha que se escribieron y se escriben a lo largo de la historia de
la humanidad, hoy querido lector/a vemos como los redactores aguerridos llenan
las páginas contando sus experiencias de los combates que minuto a minuto
tienen contra lo intangible.
Hoy se cumplieron
seis meses. Punto y aparte. Es nuestra obligación continuar escribiendo lo que
ellos comenzaron, pero sobre todo mantener esa cruda y despiadada lucha contra
lo peor que el tiempo nos puede dar: el olvido.
Seamos, como
ellos, imprescindibles.

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