sss ROSBARING: GANAPANES ROSARINOS

martes, 4 de febrero de 2014

GANAPANES ROSARINOS


MAS VALE BUENOS POR CONOCER QUE MALOS CONOCIDOS”



Por Ignacio Pellizzón 

CAPÍTULO 9


El mundo está repleto de personas, cada una con una historia particular, muchas similares entre sí, pero distintas a la vez, no hay dos historias iguales. Sin embargo, hay personas que entran en la de muchos de nosotros directa o indirectamente. 

Es por eso, que somos seres sociables que necesitamos vivir en comunidad, porque es nuestra forma natural de sobrevivir, y de ayudarnos mutuamente, de alguna manera, a vivir. Esta es la historia de un ser que comprendió el mensaje real de “solidarizarse”, convirtiéndose en una pequeña parte de muchas historias sobre una misma.

Estuvo en el lugar y el momento de la tragedia más importante de Rosario. Fue un espectador de lujo del hecho más triste que la ciudad abrazada por el río Paraná haya vivido jamás. Muchos, por lo inesperado, insólito, se quedaron perplejos sin siquiera poder pestañar. Sin embargo, el “pájaro”, desconocido y perdido en medio de gritos, llantos, dolores, desconciertos, actuó.

“Mirá, yo siempre fui solidario, porque estuve dispuesto a dar, pero creo que lo real de la solidaridad lo aprendí después: es dar sin esperar nada a cambio. Por lo general, yo lo sufrí, y es poco lo que vuelve”, dijo sin hacer uso de falsa modestia. El tono de su voz reflejaba lo seguro que estaba de lo que contaba. Le creí.

“Me estaba parando para irme, porque me di cuenta que pasaba algo. Yo estaba en una mesa al fondo cerca de la barra, al lado del dueño y, hacía 15 minutos que había entrado y no había aroma a gas, pero de golpe surgió un olor muy fuerte y cuando pensé que se estaba yendo, me paré para cerrar la notebook y se produjo la explosión. Ni a Pablo Escobar le hubiera dado el tupé de realizar una explosión semejante”, dijo con voz entrecortada, con dolor, con angustia, con el sentimiento latente.

“Jamás pensé que algo así iba a suceder. Uno no está esperando una bomba. Es un hecho fortuito. Sí, me acuerdo de dos hombres que salieron corriendo y lograron parar los autos que venían por Oroño y evitaron que doblaran. Después todo fue muy duro, el fuego era muy intenso. De hecho, me quise acercar y no me dio el cuero. Llegaron los bomberos y los tipos tienen otra formación, se metieron y trabajaron”.

No se pudieron decir adiós. “yo tenía un sobrino, el hijo de mi prima que estaba vinculado a mí, porque le gustaba salir a los mismos lugares, éramos los dos hinchas de Newell’s, teníamos una relación más de amigos que de familiares. Ese día, justo, entraba un poco más tarde a su trabajo y le tocó quedarse ahí”, relató con el escudo de inmunidad activado.

Como cuando uno está siendo asaltado y no sabe cómo reaccionar, muchos petrificados por el medio, otros corriendo, “Lo primero que hice fue atender dos chicas que estaban en frente y tenían tanto miedo como yo, pero que habían tenido algunos cortes en el cuero cabelludo, y en el apuro simplemente le hice una compresión para frenar la hemorragia”.

"Empezamos colaborando y nos dimos cuenta que de poco servía brindar una cena, porque los turnos de los chicos, como los bomberos, rescatistas y demás, rotaban en horarios mucho más cortos y salían. Así fue que pensamos en suspender lo que era comida preparada y comenzamos a comprar comidas tales como pizza, hamburguesas, panchos, de modo que tuvieran algo caliente en el momento que ellos lo necesitaran”.

La charla acaparó la atención de todos los que estaban en el bar, trataban de no hablar para escuchar, el silencio sonaba con más fuerza. Es que se trata de una persona especial que uno no encuentra todos los días. Las agujas del reloj se paralizaron en las 10:30 de esa mañana de lunes. Escucharlo tenía tanto sentido, que ni el tiempo se dio cuenta de que tenía que seguir corriendo.

“A mí la explosión me causó unas sensación dura, desde el punto de vista psicológico y, aún hoy, me cuesta superarlo. Yo en todo momento pensé que los que estaban abajo estaban vivos, porque yo soy muy positivo y creía en que había que ayudar a los que estaba ayudando, aunque las cosas no salieron como uno esperaba. La única respuesta que cabe, es porque correspondía hacerlo, nada más”.

“Si solidaridad depende de dar mucho de lo que se tiene, únicamente actuaron los que tienen poco. Si por solidaridad se entiende por dar lo que te sobra, seguramente actuaron muchos. Quisiera que alguien dijera qué empresa importante hizo público algún acto solidario, algo que les duela, no que les sobre”, el enojo se hizo presente y los gestos de sus cejas así lo expresaron. La crítica estaba compuesta con más dolor que ira.

En un momento en que los medios de comunicación están siendo juzgados por la sociedad, “los de Buenos Aires disponen de mucha más tecnología y capacidad operativa que los medios de Rosario. Es difícil comparar. La diferencia reside en que para los medios de afuera esto será un recuerdo, y me parece que la responsabilidad de los de Rosario va a ser más fuerte”. Dejó en claro un mandato social del cual nos tenemos que hacer cargo.

¿Todo lo que comienza tiene un final?, “los chicos de Malos Conocidos consiguieron a través de la Cámara de Supermercados ayuda para poder brindar desayuno, no solo a los vecinos, sino también a gente que trabaja por acá. En esto ellos coinciden conmigo en que un gendarme que depende del Estado Nacional, un policía que depende del Estado Provincial o un inspector de tránsito que depende de la Municipalidad, tienen algo en común: los tres tienen frío”.

La física dispone que todo espacio vacío es ocupado por otra materia, es decir, todo es reemplazable. “Me gustaría volver a ver a los mismos vecinos lo más felices posible. Desde el punto de vista edilicio, seguramente, se construirà algo mejor que los que tenían 35 años. Espero que a los terrenos no se le dé ningún uso comercial, ni nada por el estilo, porque sería reírse de las víctimas”, de nuevo el tono de su voz rozó la incomodidad por una decisión que no puede tomar él y que depende de personas en las que mucho no confía. La incertidumbre golpeó nuestra mesa con tanta fuerza que casi vuelca el café.

“Mi recriminación más aguda es no haberme animado a meterme más cerca de la zona del fuego. Cuando llegaron los bomberos, los vi y noté como se introdujeron en el edificio. ¡Qué coraje!”, dijo y se le hinchó el pecho de orgullo y de envidia sana; sus ojos se volvieron a poner brillosos, la emoción lo invadió por unos segundos y se quedó reflexivo observando la puerta a mis espaldas que da a Oroño, la cual está tapada con maderas por haber sufrido la onda expansiva producto de la explosión.

Dicen que todo se puede evitar menos las catástrofes naturales. “Si, pero no se evitó. Todo se podría haber evitado”. De nuevo el silencio de los presentes se volvió a sentir. El ambiente se colmó de reflexión, de pensamientos, recuerdos, imágenes que volaron por todo el bar, fotos sacadas con la cámara de los ojos y que están guardadas en el disco rígido de la memoria.


“No soy un hombre de fe, no creo en el Padre Ignacio, pero sí creo en la justicia, no en sus tiempos, pero apoyo las instituciones”, disparó como una de las últimas frases que nos iba a regalar ese día. Ya agotado de tanto recordar, y otro poco de sentir a flor de piel la angustia que lo invadió durante toda la entrevista, nos brindó el título de la reflexión del accidente, el cual refleja claramente su posición frente a la tragedia: “Veintiuna muertes insólitas”.

Este es el relato de Daniel Giraudo, “el pájaro”, un rosarino de 55 años, que como tantos, voló por las calles como una ráfaga de viento cálida para ayudar. Si el mundo sigue girando, seguramente, es porque personas como él siguen naciendo en esta sociedad contra cíclica. Su historia es nuestra historia. Es el capítulo más duro y angustiante del libro que se escribe todos los días en Rosario. El pájaro tiene su página: “Más vale buenos por conocer, que Malos Conocidos”.

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