“DE LOCOS Y DE ATAR”
Por Ignacio Pellizzón
CAPÍTULO 11
CAPÍTULO 11
No busque
principio, desarrollo, ni final. La vida no es así. Se vive y punto. Los que viven
el presente en el pasado. Los que viven el pasado en el presente. Morir nos
morimos todos, aunque la superficie nos acobarde tapando nuestras ansias del
futuro. El tapeo de la vida no se puede detener.
Dicen que el
drama, la tristeza y el llanto es aburrido, pero ¡cómo sentirse vivo sin
sufrir!, no todo pasado es mejor, según dicen, pero que todo pasado tuvo su
buen momento como buen presente tenemos, porque nuestro presente será el pasado
futuro. Y la vida sigue, sin principio, desarrollo ni final.
Querido lector/a,
no busque semejante lógica en un texto que no lo intenta, interprete su vida,
reflexione, analice y viva, si para eso estamos acá ¡carajo!, vivir.. y no
cuesta nada, es gratis siempre y cuando su cabeza, sus pensamientos y su ¿maldita
subjetividad? Se lo permitan.
Toda la vida
vivimos pensando en un futuro que cuando llega, es el pasado. Ese pasado que
nadie recuerda salvo nosotros con nuestra melancolía. Vivir es vivir el
presenta, el ya, el aquí y el ahora. El
mañana es otro día, será otro presente.
Como cigarro que
se consume vislumbramos futuros inciertos, amores utópicos con los que soñamos,
porque no hay vida sin amor… lector/a no se trata de reglas, leyes ni normas,
sino de cicatrices que la puta y hermosa vida nos deja marcados en la piel.
Esas marcas que duelen pero que nos retrotraen a un pasado que solemos decir
mejor.
Los delirantes,
locos e inhóspitos de nuestro mundo son los viejos que se quedaron con un peine
en la mano sin pelos que peinar, pero el cambalache nos llega a todos,
aprovechemos esa hermosa locura que nos distrae de esta realidad consumista e
individualista que nos consume por dentro pero nos deja bien pintaos frente a
los demás… si de tangos habláramos, ¡cuántos nos dirían!
Si de milongas, desamores,
drogas y caravanas habláramos, son ellos los inspirados en hilvanar nuevas
gambetas nocturnas, y nosotros… simples giles que nos creemos creadores de una
baile que ya ha sido bailado.
Por las calles se
los escucha contando historias, aburridas, densas, increíbles y pesadas en el
alma. Son pasados duros que deben ser contados, relatados, así nuestros oídos sin
fondo no los interpreten. La vida es un ocho, como solía decir mi abuelo, por
lo infinito y repetitivo.
¡No busque el
amor de su vida, sino encuentre aquel que sea eterno mientras dure!, sin enfermedades,
ni inviernos fríos que pasar. El calor humano envuelto en un pecho fue, es y
será más cálido con una buena compañía. Pero recuerde, no hay cigarro que dure
más que la vuelta de esa maldita aguja a la que estamos atados.
Nuestros queridos
viejos, locos y de atar, son como los vinos, despojados por su tierra y
olvido, pero sabrosos a la hora de saberlos aprovechar como los elocuentes
paladares que supimos descubrir, que algún día, supieron descubrir.
¡Y LA PUTA QUE
VALE LA PENA ESTAR VIVO!, ELLOS SON NOSOTROS CUANDO NOSOTROS NO SABÍAMOS QUE ÍBAMOS A SER ELLOS… SON LO QUE SON COMO, DE ALGUNA MANERA, SEREMOS LOS QUE
DEBAMOS SER, SIN DESPRECIAR (ESPEREMOS) LO QUE ELLOS, BIEN O MAL, SUPIERON SER...
Sin suplicios,
quejas, densidades, pormenores angustias, más que recuerdos nítidos de una vida
que uno camina sin saber qué camino busca… como el piano que tiene un final
infinito… no como ellos, que su sabiduría llega tan lejos como uno pretenda saber.
Enrique Santos Discépolo:
Que el mundo fué
y será una porquería
ya lo sé...
ya lo sé...
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé...
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos...
¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!...
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!...
¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignón",
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón...
¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley...

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