“LA VIDA DE LOS OTROS”
Por Ignacio
Pellizzón
CAPÍTULO 7
CAPÍTULO 7
Hoy me enteré de
una noticia que le dolió a mucha gente, pero de distintas maneras. Ayer
(14-01-2014) falleció Juan Gelman. Se trata de una persona que hizo carrera
como periodista, escritor de poemas y, tal vez por ignorancia propia, algunas
cuestiones más. En mi caso, no tuve la fortuna de conocerlo, leerlo,
aprovecharlo al máximo, exprimir todo lo que entregó, aunque seguro
próximamente lo haré.
Es decir, la
muerte siempre es dolorosa, sobre todo cuando se trata de un ser querido,
familiar o alguien cercano. En esta situación no es mi caso. Pero, de alguna
manera, me genera sentimientos encontrados. Nostalgia de un ser que no pude
saborearlo en vida y, por el otro tristeza de saber que nunca lo podré hacer.
No obstante, nos dejó su legado y sus escritos (actitud egoísta si las hay…).
Cuando menciono
la frase: “sentimientos encontrados”, refiere a que, también, estoy complacido
de saber que puedo en cualquier momento acceder a lo que entregó, a sus
trabajos, ensayos, elocuentes poemas y demás saberes.
Entonces, estamos
hablando de una persona que todo lo que hizo en vida queda para la eternidad y
para cualquiera que tenga intenciones de acercarse a él por medio de sus obras,
que pretenda enriquecerse culturalmente, que sin siquiera haberlo visto o saber
sus gustos puede entenderlo por medio de lo que hizo o, tal vez, a través de
las lágrimas de quienes sí tuvieron el privilegio de valorarlo en vida.
Sin embargo, por
alguna extraña razón que mi consciencia no comprende querido lector/a, trato de
reflexionar acerca de lo que implica hacer algo sin ver los resultados en vida.
Me refiero a de qué somos capaces de hacer sin saber qué consecuencias,
positivas o negativas, tendrá.
Quienes optan por
donar sus órganos cuando fallecen, de alguna manera, comprenden que por esa
mínima o pequeña decisión le prolongan o salvan la vida a otra persona que
jamás vieron, que nunca conocieron y que tampoco lo harán. Y viceversa.
Desde hace años
que se vienen realizando campañas sobre la donación de órganos. Un mero acto
solidario para un ser desconocido, pero que no negará lo que usted ha decidido
brindarle, no juzgará, no se enojará, lo tomará y vivirá, más o menos de lo que
el destino (si es que existe) le tenga preparado.
Si usted querido
lector/a presta un poquito de atención, tendrá la certeza de que se trata de
una campaña en la que piden a gritos que seamos solidarios, que incorporemos el
real mensaje de lo que implica dar, en el sentido de entregar lo que no nos
sobra. Claro que una vez que estemos muertos nuestros diversos órganos no nos
sirven ya a nosotros, pero tampoco nos sobran. Para ser más claro, no nacimos con
dos corazones, por ejemplo. Intente interpretar el sentido de lo que pretendo
expresar.
Las personas
trasplantadas (sin ser una de ellas por el momento), continúan sus vidas
gracias a la vida de otros. En un mundo donde las pequeñas decisiones pasan
desapercibidas como los detalles más mínimos de una casa nueva, sin que nos
revelemos al respecto, son los que marcan la diferencia, los que producen
grandes cambios sin que nos percatemos. No es necesario ser observador extremista,
sino sentir un poco más, apreciar incorporando imágenes invisibles que lo
modifican todo.
Así como Gelman
nos dejó sus escritos y trabajos, también hay muchos que todos los días salvan
vidas, realizan cortometrajes llenos de contenidos, sacan fotografías excepcionales,
cuentan verdades ocultas, innovan arquitectónicamente, ayudan a prevenir
accidentes, entregan su vida a la voluntad de otros, ayudan a los que más o
menos tienen (según la óptica desde donde se lo interprete), prestan un oído,
dan abrazos, tienden una mano en momentos difíciles, integran a los más
ninguneados. Usted sabe a qué me refiero.
Dar, no es lo que
todos ven, sino lo que menos prensa tiene y lo que cada cual introspectivamente
más valora…
Además, están los
que nos dejan su corazón…

No hay comentarios:
Publicar un comentario