sss ROSBARING: GANAPANES ROSARINOS

lunes, 23 de diciembre de 2013

GANAPANES ROSARINOS


“MEA CULPA”



Por Ignacio Pellizzón 

CAPÍTULO 4



Negar lo que he hecho, sería negar mi naturaleza humana. Constantemente somos dañinos los unos con los otros. Algunas veces porque se nos atraviesan esos aires de superioridad y otras por razones que ni la propia razón comprende. Los seres humanos somos complejos frente a determinaciones sencillas.

Vivimos en un mundo bajo un régimen que nos convierte en individualistas, irrespetuosos y egocéntricos. El centro de nuestro ombligo es lo único que importa. Todo lo que hacemos o dejamos de hacer tiene íntima relación con la satisfacción de nuestro “ello”, de manera consciente o inconsciente.

Se dará cuenta querido/a lector/a que en nuestra práctica habitual como ciudadanos, somos muy poco conciudadanos con el prójimo. Nos caracterizamos por ser odiosos, ventajeros, chicaneros, aduladores, discriminadores, mofadores, pedantes. Por eso, aprovecho esta nota para disculparme con usted.

Lamento haberme creído más decente y educado, y ningunearlo como si no existiera, cual ráfaga de viento que pasa desapercibida y ni logra hacerme pestañar. Ese trato menospreciable que sin decir nada lo dice todo, con esa mirada digna de dictadores nazis que irradiaban odio por sus pupilas, con prejuicios faltos de fundamentos y argumentos válidos. Indigno de mi parte no tenderle una mano para que salga de ese conteiner de basura e invitarlo a cenar conmigo, como si no tuviera un pedazo de pollo y arroz para ofrecerle.

Avergonzado de redireccionar mí rumbo. Creerlo un ser monstruoso, capaz de cometer los delitos más desgraciados de este planeta. Recorrer mi imaginación con los futuros sucesos que jamás sucederán. Sentir que su medio de transporte es un caballo de guerra que viene directo a quemar mi choza, mis pertenencias, mis sueños, mis deseos. Indigno de mi parte no verlo como un compatriota más que debe recorrer las calles de esta sucia ciudad que deja lo desechable como si fuera lo que a usted le corresponde al bajarse de su carro.

Como describir mi actitud repudiable de bajar la mirada al pasar por su morada, la que usted construyó sin que nadie le regale nada, a fuerza de sudor y persistencia. La esquivo de modo tal que significara que la luna y el sol no nos alumbraran a ambos por igual. Casi como si se tratara de una posada hechizada que algún inmigrante ilegal expropió, despojando a una familia de sus aposentos. Indigno de mi parte repudiarlo por interponerse en mi visión y mi consciencia, al ser yo el extranjero en su barrio.

Imperdonable mi zonza actitud de interpretarlo como un perro callejero que viene a oler elegante cena en las puertas de la mansión de las comidas. De buscar los huesos más secos y fríos como mi alma para entregárselos en bandeja como si fuera alguien benévolo que se compadece con usted que, quizás, no conoce lo que es una cena o cuatro comidas al día. Indigno de mi parte ser tan cruel con una persona que tiene los mismos sentidos que yo, los mismos Derechos, que provenimos de otros humanos.

No le puedo pedir que comprenda lo incomprensible e injustificable de mis actitudes, lo desalmado que soy de entregarle lo descartable como si se trataran de materiales que dejaron de cumplir su función, pero que usted los recibiría como un cardumen al que le tiran mera migajas de pan.

Jamás le podría exigir que interprete mis actitudes y acciones, pero entienda que en este mundo los faltos de educación, dignidad y compasión solidaria por el prójimo somos nosotros, los seres superiores repletos de conocimientos y valores que vinimos a la vida a cambiar el mundo para convertirlo en un lugar mejor. 

Distinga que usted hace lo que puede con lo poco que tiene y que el sistema le brinda, mientras que nosotros “los mejores”, pasaremos sin penas ni glorias derrochando lo único que tenemos, al fin y al cabo, nuestra oportunidad de ser dignamente humanos.


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