OJOS QUE NO VEN...
Por Ignacio
Pellizzón
CAPÍTULO 3
CAPÍTULO 3
Ladrillo a
ladrillo, pared a pared, puerta a puerta, ventana a ventana, van creciendo de a
poco. Nadie los invitó, pero llegaron para quedarse. No es solo uno, son más, aunque, todavía, no los podamos ver. Nos están mostrando solamente una puntita
de lo que serán, casi como un “iceberg”, lo peor está por
venir.
A la vera del
río, se desarrollan unos monstruos, que juntos serán como una Muralla China,
que nos miran desde las alturas con soberbia, desprecio, grandilocuencia.
Nosotros, desde abajo nos asombramos de su poderío y fortaleza, tan grandes y
lujosos como vacíos están. El vacío no se llena con gente, sino con
sentimientos de arraigo y pertenencia. La frialdad se apodera de esa avenida
cuando uno se dirige a zona norte y la postal se ve invadida por las “nuevas
torres”.
Hubo un tiempo en
donde los rosarinos no teníamos acceso al río Paraná, algo que hoy es una
realidad y que nos caracteriza como ciudad. Muchas veces sucede que uno no
valora lo que tiene hasta que lo pierde y, lamentablemente, pocas son las que
podemos recuperar tras semejante revelación. Siempre estamos a tiempo.
Por lo general,
ese tipo de cosas que nos conmueven, que nos llenan de orgullo, que generan que
los pulmones del alma se abran y respiren muy profundamente llenando algo que,
no se sabe muy bien que es, pero que nos hace sentir completos; se trata de eso
que valoramos de otras comunidades, pueblos, sin percibir lo que tenemos. Si me
preguntaran, diría que es como el oxígeno, tenemos tanto y todo el tiempo que
ni cuenta nos damos, pero cuando nos falta se siente muy fuerte.
Rara..
como encendida
te hallé bebiendo
linda y fatal...
Bebías
y en el fragor del champán,
loca, reías por no llorar...
Pena
Me dio encontrarte
pues al mirarte
yo vi brillar
tus ojos
con un eléctrico ardor,
tus bellos ojos que tanto adoré...
Esta noche, amiga mía,
el alcohol nos ha embriagado...
¡Qué importa que se rían
y nos llamen los mareados!
Cada cual tiene sus penas
y nosotros las tenemos...
Esta noche beberemos
porque ya no volveremos
a vernos más...
Hoy vas a entrar en mi pasado,
en el pasado de mi vida...
Tres cosas lleva mi alma herida:
amor... pesar... dolor...
Hoy vas a entrar en mi pasado
y hoy nuevas sendas tomaremos...
¡Qué grande ha sido nuestro amor!...
Y, sin embargo, ¡ay!,
mirá lo que quedó...
como encendida
te hallé bebiendo
linda y fatal...
Bebías
y en el fragor del champán,
loca, reías por no llorar...
Pena
Me dio encontrarte
pues al mirarte
yo vi brillar
tus ojos
con un eléctrico ardor,
tus bellos ojos que tanto adoré...
Esta noche, amiga mía,
el alcohol nos ha embriagado...
¡Qué importa que se rían
y nos llamen los mareados!
Cada cual tiene sus penas
y nosotros las tenemos...
Esta noche beberemos
porque ya no volveremos
a vernos más...
Hoy vas a entrar en mi pasado,
en el pasado de mi vida...
Tres cosas lleva mi alma herida:
amor... pesar... dolor...
Hoy vas a entrar en mi pasado
y hoy nuevas sendas tomaremos...
¡Qué grande ha sido nuestro amor!...
Y, sin embargo, ¡ay!,
mirá lo que quedó...
Este tango
escrito en 1943 por Enrique Cadícamo, se llama “Los Mareados”, y refleja un
poco lo que se ha querido dejar expreso en esta humilde nota, en la que se
pretende que usted lector/a pueda observar lo cotidiano de otra forma.
Dicen que una
imagen vale más que mil palabras, quizás quiera decir que si nos quitan las
visiones, las imágenes, los panoramas, las postales naturales que poseemos,
quizás, solo quizás, en el futuro tendremos que escribir todos los días más de
mil palabras para poder recrear esas fotos que alguna vez supimos tener, Y, sin
embargo, ¡ay! Mirá lo que quedó.

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