sábado, 5 de octubre de 2013
LA VERDAD, LA MENTIRA Y LA MUECA DE LA INGENUIDAD
En estos días donde se discute el cierre dominical de supermercados, shoppings y demás negocios pertenecientes a importantes firmas, se está generando que se debatan los Derechos del Trabajador, adquiridos en Argentina 1947 bajo el mandato de Juan Domingo Perón, incluidos en la Constitución Nacional en su artículo 37.
Entre diversos discursos a favor y en contra, hay quienes se mostraron reacios frente a esta iniciativa, expresando contraposiciones sin percatarse que un Derecho no puede limitar a otro Derecho. En este sentido, quisiera dejar expuestos los ejemplos a los cuáles me refiero:
“Si los locales cierran, los médicos no deberían trabajar los domingos”, se ve limitado por el Derecho a la Salud.
“Si los shoppings no trabajan los domingos, entonces que no salgan los diarios los lunes”, se contrapone con el Derecho a la Información.
“Si se ejerce el cierre dominical, entonces que los policías no trabajen”, se choca con la barrera del Derecho a la Seguridad Humana y social.
Está claro que si estamos debatiendo dicha medida, es debido a que nos encontramos absorbidos por un sistema que nos exige el consumo constante. No quisiera entrar en un discurso al respecto. Pero, me parece pertinente que nos preguntemos como sociedad: ¿vivimos para trabajar o trabajamos para vivir?, por supuesto que contemplo en su totalidad todos los valores que impregna el trabajo en los individuos, los cuales no creo que sean necesarios exponerlos.
Ponerse en el lugar del otro es físicamente imposible, pero sentimentalmente, de vez en cuando, podemos intentarlo, ya que “los servicios” destinados al consumo que se nos ofrecen los días domingo, están destinados a un porcentaje de la población que, por supuesto, no trabaja en dicha jornada. No obstante, suponiendo, solo suponiendo, que un 25% sean los que sí tengan que hacerlo, me lleva a preguntarme: cuántos Derechos de los incluidos en el artículo 37 de la Constitución se les ejercen.
Es otra obviedad, mencionar que muchos no están registrados (con todos los males que implica) y que el recambio en estos negocios es constante –muy similar a los Call Centers-, ya que en su mayoría son jóvenes que ven con buenos ojos la oferta laboral “por un tiempo”, mientras que otro grupo, por diversos motivos siendo el económico primero, se ve limitado a renunciar a su puesto de trabajo.
Por lo tanto, en una sociedad donde el mayor porcentaje de su población trabaja 5 o 6 días a la semana, exceptuando los domingos, deja expuesto al porcentaje restante, ya que los días libres o francos, se les ven otorgados en jornadas laborales para el resto, viviendo, de alguna manera, a contramano.
Quizás, si los empresarios pagaran sueldos más elevados e, incluso, los domingos las horas se pagaran el triple, esta discusión, tal vez no exista o con menos excitación. Sin embargo, ligados al sistema consumista capitalista, intentan aumentar sus ganancias, produciendo más –vendiendo en este caso- a un menor costo – salarios lineales o con mínimos ajustes-, aprovechando que los pequeños y medianos negocios cierran sus puertas; sin comprender o interesarles la cantidad de actividades de esparcimientos que se pierden de disfrutar sus empleados con sus familias y amigos, además del agotamiento psicológico que sufren, por la simple razón de pertenecer a ese pequeño porcentaje. Jamás comprenderán que una persona contenta genera más y mejor.
Un punto y aparte, se merece el comentario acerca de cuánto reinvierten sus ganancias en Rosario las grandes empresas, producto del consumo de los turistas y habitantes de la ciudad. ¿Cuántas obras de infraestructura realizan año tras año?, ¿cuántos parques?, ¿qué aportes importantes realizan a través de Responsabilidad Social Empresaria (RSE)?, ¿qué suma le dejan mensualmente a la Municipalidad?
La verdad, la mentira están sujetas a hechos concretos o a subjetividades internas que cada uno pueda hilvanar, pero solo haciendo valer nuestros Derechos podremos borrar, de una vez por todas, esas muecas de ingenuidad que nos acechan constantemente con un tono de grandilocuencia que tienen más sentido de centavos que de pesos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario