Yo era uno de los
que pensaba que, además del himno nacional argentino, las fiestas patrias eran
momentos unificadores para el pueblo. En donde la sociedad argentina estaba
unida por el simple hecho de tener el mismo sentimiento de pertenencia hacia el
país. La realidad me demostró lo contrario. Solamente nos queda el himno, por
suerte, porque lo demás está sesgado por discursos y actos políticos. Las
grandes batallas que otras generaciones supieron ganar, hoy las festejan
algunos, que se jactan de ser los que las continúan.
En el libro “Los
mitos de la historia argentina” de Felipe Pigna, al comienzo de su introducción
está escrita una frase de George Orwell (escritor y periodista): “Quien
controla el pasado controla el futuro, quien controla el presente controla el
pasado”. ¿Quién controló nuestro pasado?, ¿Aquel que lo hizo, hoy (futuro) lo
controla?, ¿Quién controla hoy es quien controló el pasado?
Ryszard Kapuscinski decía: “Para ser buen
periodista, hay que ser buena persona” y ¿Para ser buen político?, yo creo que
también. ¿Quién decide si somos buenas o malas personas?, en un individuo lo
hace su familia y su entorno, en un periodista también, y en un político: el
pueblo. Porque ellos trabajan para el bienestar social, de lo contrario se dedicarían
a otra profesión o, mejor dicho, a su antigua profesión. Sin embargo, la
mayoría de los que se desempeñaron en la función pública no volvieron a ocupar sus viejos cargos laborales.
El 25 de mayo de 1810, dimos como pueblo el
puntapié inicial para autogobernarnos, eliminando las obsecuencias españolas.
El 25 de mayo de 2013, nos volvimos obsecuentes de nuestro gobierno, olvidando
por qué festejamos dicha fecha. Históricamente se intentó distraer y atraer al
pueblo con juegos o fiestas. Mucho hemos aprendido de aquellos momentos, pero
no utilizamos nuestro conocimiento para unificar, sino para reivindicar el
poder, ya sean en marchas de protesta o en fiestas oficiales disfrazadas de
patrióticas. En la Argentina de hoy, solo el himno podemos cantar al unísono.
En épocas de hostigamiento hacia Leonardo Da
Vinci por su condición de homosexual, escribió un poema del cual se rescata una
frase: “Si no hay amor, ¿Qué nos queda?; Las fechas patrias no pertenecen a
ningún movimiento, agrupación, gobierno, oposición, partido o individuo, sino a
todos aquellos que somos justificación necesaria para que dicha lucha haya
valido la pena. Aún nos queda el himno.
“Confundir subjetividad con sujetivismo, con
psicologismo, y negar la importancia que tiene en el proceso de transformación
del mundo, de la historia, es caer en un simplismo ingenuo. Equivale a admitir
lo imposible: un mundo sin hombres, tal como la otra ingenuidad, la del sujetivismo,
que implica a los hombres sin mundo. No existen los unos sin el otro, mas ambos
en permanente interacción” (Pág. 45 del libro “Pedagogía del oprimido” – Paulo Freire).
Es decir, si “la patria es el otro”, el otro somos todos. No se puede pensar en
patria sin el “todos” y hablar de “todos” sin tenerlos en cuenta es una falacia
explícita. Aún nos queda el himno.
Soy periodista, critican mi ideología. Soy
periodista, critico los discursos no las ideologías.

No hay comentarios:
Publicar un comentario