No hay que darle
muchas vueltas a lo que sucedió entre Juán Miceli y Andrés Larroque, porque en
la historia de las entrevistas televisivas se pueden enumerar infinidad de
casos, inclusive se podría discutir si es noticia o no el hecho. Pero lo que si
me llamó la atención es en la soledad absoluta en que lo dejó su “compañera”
Agustina Díaz, quien lejos de respaldarlo fue digna déspota a la línea
editorial del medio. Si de compañerismo habláramos.
Qué hubiera sucedido
si en aquella entrevista que le realizaron Reynaldo Sietecase, Maximiliano Montenegro y Gerardo Rozín a De Narváez en el programa “Tres Poderes”,
ninguno de los dos compañeros de Reynaldo lo hubieran apoyado cuando éste
cuestionó el incremento patrimonial injustificable del Diputado Nacional. Es
casi impensado, ya que si de compañerismo habláramos, en el periodismo es algo inherente
entre colegas, una suerte de código tácito inquebrantable.
En los tiempos que corren con
periodistas en la mira y cuestionados, generar molestias en un entrevistado
perteneciente a una línea ideológica del medio en donde se lo está objetando es
admirable, porque si bien todos están en su derecho de reservarse ciertas
preguntas –autocensura-, hay que aplaudir a aquellos que se revelan y se animan
a formular una periodística seria. No obstante, uno cree que cuenta con el aval
de sus compañeros, si de compañerismo habláramos.
No se trata de generar una
polémica que desprestigie a un medio oficialista o beneficie a otro opositor,
sino de una actitud que lamentablemente sucede hoy en cualquier trabajo. Es que
no cualquiera se atreve a respaldar a un compañero con los riesgos que esto conlleva.
Sin dudas, que todos intentan mantener su trabajo, pero ¿A qué precio?, ¿Al de
ser funcional a una empresa?, ¿Al de sacar provecho de una situación
desfavorable para un compañero?, ¿En dejar en ridículo a quien sí se atreve a
preguntar lo que piensa?, ¿De este compañerismo hablamos?
Pareciera que “el no te metas”
sigue tan vigente aún hoy como en los ‘70, por lo menos en algunos sectores de
relevancia mediática. No se discute que la sociedad ha avanzado muchísimo en
términos de libertad de expresión y de prensa, y que, tanto Néstor como
Cristina, son grandes responsables de estos avances, pero todavía hay gajes de
un pasado nefasto que está muy arraigado a ciertos actores sociales. Si de
compañerismo habláramos, ¿Sería del que realizaron Rozín y Montenegro o el de
Agustina Díaz?

No hay comentarios:
Publicar un comentario