Yo no te
entiendo. Desde que tengo uso de razón me dijeron que servías para hacer el
bien, que tu misión era encauzar lo descarrilado. Que gracias a tu lucha y
esfuerzo llegaste a ser el cuarto poder, más que el resto, pero menos de los
que toman las direcciones de los países, del mundo. Eso es lo que me dijeron.
Yo no te
entiendo. Siempre que te encuentro me mostrás las peores desgracias y
tragedias. Exponés pública y únicamente todo lo engorroso y depravado que
pueden ser los humanos. Hasta las miserias más mínimas no se te pasan por alto y
las enaltecés como si fueran o estuvieran en el mismo rango que otras. Si hay
pobreza, que se note aún más.
Yo no te
entiendo. Desde que decidí rociarme con tu perfume de por vida, he notado que
el olor se siente más intensamente cuando hay sangre, dolor, sufrimiento,
engaño. Inadvertido pasa en los momentos en que el mundo pareciera teñirse de
rosa.
Yo no te
entiendo. Me ambiciona explorarte, conocer tus secretos más ocultos, verte
maquillado y a cara lavada. Comprender tus penas y alegrías. Como un masoquista
sigo bañándome en tu perfume, aunque cotidianamente me recomiendes que lo
cambie.
Todo lo que me
contaron de vos alguna vez me alcanza y me sobra para querer vivir contigo el
resto de mi vida. Si bien hoy yo no te entiendo, me resisto a probar otros
aromas, porque eso que una vez me contaron, me basta para luchar toda la vida
para que seas lo que supiste ser y hoy no sos periodismo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario