sss ROSBARING: EL MITO CUBANO: Crónica de un viaje al pasado

martes, 9 de abril de 2013

EL MITO CUBANO: Crónica de un viaje al pasado



En la víspera del viaje siempre aparece gente que te cuenta su experiencia personal o hace un monólogo sobre el relato de la vivencia de un amigo o conocido. También, están los que te desean lo mejor y esperan que vos le traigas la “posta” de cómo funciona el sistema. Finalmente, hay algunos que te comentan que no fue la mejor elección haber pensado en viajar a ese lugar, ya que con esa suma de dinero podrías hacer varios viajes iguales o mejores, e inclusive ahorrarte dinero.


Sinceramente, mi objetivo es saber si realmente se puede vivir mejor, teniendo menos objetos materiales, sin necesidades provocadas y estimuladas por una cultura del consumo instalada en nuestra idiosincrasia. Quiero destrabar el mito cubano, al menos el que tengo en mente.

PRIMERA PARADA: PANAMA

Después de ocho horas de viajes por la aerolínea Copa, la cual nos brindó un servicio correcto, con almuerzo, merienda y entretenimiento en las pantallas de las butacas, le jugó en contra tener las filas de los asientos divididas en tres, y lo peor, es que me tocó estar en el medio, de un lado mi amigo Víctor y del otro un extraño colombiano. Por suerte arribamos a horario.


Son las 16.30 hs en Panamá, dos horas menos que en la Argentina. Tenemos una espera de cuatro horas hasta que embarquemos en el próximo avión con destino a la habana. Decidimos pasear por todo lo que sería el free shop, aunque se parece más a un shopping, porque tiene locales uno al lado del otro con distintas variedades de productos, como también hay un sector de comidas (todas cadenas nacionales en su mayoría. No hay un Mc Donald’s).


El problema de ser pasajero en tránsito es que no podés salir del aeropuerto, ya que de lo contrario se debe realizar el check out en migraciones, por eso decidimos ir a comer una hamburguesa con papas y gaseosa al estilo Mc Donald’s, pero mucho más grande en todo, por 10 dólares.

Otro de los inconvenientes que tienen los aeropuertos cuando uno es pasajero en tránsito, es que no cuentan con sectores para fumadores, por lo que solo queda afrontar la abstinencia y masticar mucho chicle o caramelo para calmar la ansiedad.
La isla de Panamá no es un país rico ni desarrollado, teniendo en cuenta que su mayor ingreso proviene de su canal, el cual permite que las embarcaciones puedan cruzarse del atlántico al pacífico y viceversa, sin necesidad de dar toda la vuelta a Sudamérica (como se solía hacer tiempo atrás).

La gente es muy amable y simpática (por lo menos en el aeropuerto), excepto los guardias de seguridad, que siempre contestan negativa y cortantemente frente al cuestionamiento sobre un sector de fumadores, pero quizás es producto de mi necedad.

El aeropuerto tiene un ala relativamente nueva, ya que aún no está habilitada y le faltan algunas manos de pinturas. Por lo tanto, me da a entender que se está expandiendo, tanto en locales de venta como en puertas de embarcación.

Finalmente la espera terminó, en un ratito abren las puertas y nos acomodamos en el avión. Son las 20.30 hs de Panamá, nos quedan 2 horas más de vuelo para llegar a la Habana, donde nos esperan con un cartelito en alto para alcanzarnos a nuestro hotel, en donde pasaremos la noche para salir al día siguiente rumbo al cayo Santa María.

Poco podré conocer de la ciudad, por ahora, asique mis expectativas están puestas en cómo será la playa y el océano del cayo. Los tragos más comunes y populares, las comidas más tradicionales como extravagantes. Mucha intriga y expectativa, aunque primero pienso en que no me toque asientos de 3, porque esta vez elijo pasillo.

LA HABANA ESTÁ DE PASO

Otra vez me tocaron asientos de tres y estuve entre mi amigo y un cubano. No me puse molesto, ya que el viaje duraba 2hs y 10 minutos. Supuse que tener a un oriundo de la capital de la revolución sería muy interesante, ya que me podría empezar a contar su versión de Cuba.

Comenzamos con mi amigo Víctor a charlar con él, pero se mostró muy tenso por el viaje, por lo tanto no me pudo explicar mucho sobre la vida que llevaba, solamente que este era su viaje número 15 en avión, estaba volviendo de Perú. Nos comentó que pudo salir porque tenía ciudadanía ecuatoriana y ahora te permiten viajar, siempre y cuando, tengas una visa de entrada al país donde migres.

Algunas dudas que me quedaron dando vuelta: ¿Cómo costeó el viaje?, ¿Lo hizo por placer o por trabajo?, desde que Raúl Castro (actual presidente de cuba y hermano de Fidel) habilitó la salida de gente de su país ¿Son muchos los que quieren irse?, en fin, todavía no tengo respuestas.

Aterrizamos a las 23:15 hs, luego de un vuelo turbulento en donde el miedo se apoderó de mi producto de la inestabilidad, pero fue más un susto que otra cosa. La habana nos espera.

El aeropuerto no es la gran cosa, más bien pequeño, con luces tenues y amarillentas, los controles son parecidos a los de los demás, asique hacemos el check in y nos dirigimos al peor momento que uno puede pasar cuando se baja de un avión, ir a buscar el bolso y rezar que llegue.

La cinta gira con muchos equipajes, pero ninguno es el nuestro. Luego de 20 minutos aproximadamente, aparece el de mi amigo Víctor, que lo recibe con una cara de relajación y felicidad por no haberse extraviado, mientras tanto, yo tengo un nudo en la garganta y unos nervios que no me permiten ni tomar un vaso de agua. Casi 30 minutos después, por fin tiran en la cinta el mío, tuve un suspiro que me ablandó el cuerpo de la cabeza a los pies. Ahora pasamos por la aduana y nos espera una trafic que nos llevará al hotel Tryp Habana Libre.

El trayecto fue tranquilo y pude observar cómo era la Habana a grandes rasgos. Lo primero que me llamó la atención fueron los autos al estilo de los años ’30, algunos en muy buenas condiciones y otros no tanto. Lo segundo tiene que ver con la escasa cantidad de luces con las que cuentan las calles, al punto de estar en absoluta oscuridad por momentos. 

También me cautivó la inexistencia de carteles publicitarios, ya que no observé ni siquiera uno. Y por último, captaron mi atención los semáforos. Es que todos tienen un conteo decreciente desde 30 hasta 0 para cambiar a la luz verde. Sinceramente son dignos de imitar en cualquier ciudad, sobretodo en Rosario (mi ciudad), donde estas maquinas organizadoras del tránsito funcionan mal, muchos tienen luz azul en vez de verde por falta de stock e inclusive en algunas calles no funcionan, por lo que se genera un caos.

Por fin llegamos al hotel, luego de haber viajado muchas horas y atropellados por el cansancio. Es una maravilla, es un gigante en el medio de una ciudad que pareciera estar parada en el tiempo. Según me cuenta mi amigo, en este lugar antes había uno de una cadena internacional, pero en la revolución del ’50 Fidel lo expropió y lo convirtió en un refugio para sus soldados, aunque hoy en día, poco queda de esa experiencia.


Realizamos el check in y subimos al piso 23 (el hotel cuenta con 25 pisos). La habitación es un lujo, tiene dos camas de plaza y media, tv, baño, ante baño, espejos, luces decorativas y un balcón que nos brinda una postal de la habana extraordinaria, además tenemos vista al mar.



Seguramente pocos cubanos tienen el privilegio de observar semejante fotografía de su ciudad. Lo único negativo, es que en la habana está haciendo 15 grados, muy frío ya que un frente de tormenta está atravesando el continente.

La mala noticia se agrava cuando me quiero bañar y me doy cuenta que no hay agua caliente, solo sale tibia, casi fresca. Probablemente esto sucede porque no están acostumbrados a convivir con este tipo de temperaturas, aunque es lo menos pensado.





Tomo coraje, y me baño igual. Al salir de la ducha veo que mi amigo está en la cama totalmente tapado, porque la habitación es muy confortable, pero fría como el agua con la que me bañé, asique sigo sus pasos y me voy a dormir, así recargo energía para lo que nos espera al día siguiente. A las 8 am nos pasa a buscar otra trafic que nos lleva al cayo Santa María.




RUMBO AL CAYO SANTA MARÍA

Nos levantamos temprano y fuimos a desayunar al restaurant del hotel. La variedad de comida que había era casi incontable, ya que se trataba de un desayuno continental (para que la gente de distintos continentes pueda comer lo que le gusta). Víctor es más jugado que yo y se anima a probar distintas frutas, fiambres, mientras que yo no salgo del clásico café con leche, tostadas con mermelada y alguna factura.

Luego de comer como bestias nos sentamos en el lobby a esperar que nos pasen a buscar. A los cinco minutos llega el chofer y nos comenta que el viaje hasta el cayo dura cinco horas, algo que jamás imaginamos, y la verdad que ya no queríamos saber nada con eso, pero como lo más gastador había pasado nos resignamos a las últimas horas de cansancio que nos quedaban.

Casi 8:30hs emprendemos camino con dos matrimonios argentinos de unos 50 años que eran de Buenos Aires. Charlamos sobre muchos temas como fútbol, inseguridad, los precios, es decir, lo clásico, excepto política nacional. Un tema que se trató bastante fue la realidad cubana, ya que ellos habían estado algunos días en la habana y la pudieron recorrer.

La verdad que no pude rescatar muchas conclusiones sobre sus discursos, porque el que más hablaba comentaba que la gente no le paró de pedir, y aparentemente eso le molestó mucho porque no piensa en volver. Esto me alertó un poco, en la Argentina es muy común que la gente te pida. Sin embargo, lo más curioso es que no habían recolectado mucha información sobre el socialismo (sistema que rige en Cuba), supongo que mucho no les interesaba.

Tras dos horas y media de viaje, por fin paramos en un parador a estirar las piernas y tomar o comer algo. El barcito era rústico, pero lindo, con muchas frases revolucionarias e inspiradoras. La cara del Che estaba pintada debajo del famoso e histórico grito de “Hasta la victoria siempre”.

Al volver a la trafic, el chofer nos propone pasar por el mausoleo del Che en la ciudad de Santa Clara por 3 CUC cada uno, ya que nos teníamos que desviar tan solo 17km, asique arrancamos para aquel monumento en donde están guardados los restos de Guevara.

Su estatua estaba enaltecida sobre una especie de torre pegada a varios rectángulos altos de cemento, en los cuales estaban grabadas algunas cartas que él escribió. La más emocionante e impactante es la que le dedica a su amigo Fidel, donde le explica que su revolución aún no termina y que no puede continuar con su cargo de Ministro. Jamás la había leído y realmente te pone la piel de gallina. Sus palabras son tan contundentes y concretas como sus pensamientos, sin siquiera permitirte pensar en una objeción.


Bajando por unas escaleras hay dos puertas enfrentadas, en una está el museo del Che, donde hay armas, ropa, cartas, pipas y demás objetos que utilizó, inclusive hay una especie de boletín donde se puede ver las notas que tuvo en el secundario. Era un alumno regular que no tenía malas notas. En su último año tuvo 8 en historia y 4 en matemáticas, raro ¿No?


En la otra puerta estaba su tumba marcada con una estrella de luz artificial con su cara grabada, también estaban aquellos que combatieron con él. Es un lugar oscuro con una especie de oasis en el fondo. Es una cueva pequeña, pero transmite una sensación muy extraña. Es que no todos los días uno se para frente a la tumba del Che.




De pasada el chofer nos llevó por el centro de Santa Clara hacia un tren que Guevara y sus guerrilleros descarrilaron, para evitar que los suministros que portaba lleguen a destino. Fue una osadía lo que realizaron, ya que éste estaba ocupado por el triple de soldados con los que contaba él. La revolución cobró vida por unos instantes.Volvimos a la combi y seguimos viaje, todavía nos faltaban como hora y pico.


Atravesamos el pueblo. Las casas eran muy humildes, de diferentes colores, como de los ’50, sin carteles, repleta de autos antiguos. Pasamos por dos hospitales, un policlínico y una gran universidad, claro está que la salud y la educación son prioridad. Me generó una mueca ver escrito en la pared de una casa con pintura en letras pequeñas “GIMNASIO – DE 8 A 17”.

Por fin comenzamos a divisar el océano. Para llegar al cayo es necesario cruzar por un camino elevado unos poquitos metros sobre el nivel del mar construido con piedras. Tenemos a nuestros lados el agua más clara y verdosa que jamás vi, con pequeños montículos de arena que no sobresalen, con aves y vegetación que florece de las profundidades. El paraíso estaba cerca.

CAYO SANTA MARÍA, EL PARAISO 

EXISTE

Tres de la tarde con el cielo nublado y unos 25, 26 grados que te da mucho calor cuando no corre viento. Estamos haciendo el check in en el hotel Sol Sirena de la cadena Meliá, y de repente la encargada nos informa que en este hotel no hay más lugar, asique nos deriva al Meliá, que es de cinco estrellas. Nuestras caras de sorpresa y alegría son inexplicables, ya que no podíamos creer que tuviéramos tanta suerte, estas cosas no suceden todos los días y menos a nosotros. Lo raro es que estando en Cuba nos alegramos por alojarnos en un cinco estrellas, pero la parafernalia te envuelve de esa manera.

El cayo es una especie de isla en donde la única forma de utilizar las playas es hospedarse en uno de los varios hoteles que hay a lo largo, ya que ellos tienen el monopolio, por decirlo de alguna manera, de las costas.

Donde paramos nosotros hay tres hoteles interconectados por callecitas muy angostas, solo pasan los carritos que se utilizan para el golf o retirar jugadores lesionados de la cancha de fútbol. Es una especie de gran villa.

Nuestro sector tiene unas piletas tremendas en el medio, con distintas profundidades, decoradas con árboles, vegetación, palmeras, y también como si surgieran de repente hay bares incrustados por allí, donde te dan cualquier tipo de bebidas. Las más pedidas son mojitos y cubas libres.

Las habitaciones están dentro de bungalós. La nuestra tiene dos camas de plaza y media, baño, ante baño, sillones, frigobar, caja fuerte, espejos, distintas luces, un patio trasero pequeño. Está muy bien decorada y es muy cómoda. Probablemente una habitación de esa cantidad de estrellas en otra parte del mundo sea mucho más lujosa, pero a mi satisfizo ésta.



 A pesar del viento, con mi amigo fuimos a la playa y quedamos atónitos al ver el agua tan cristalina y turquesa, con arena blanca que no quema, con pequeñas palmeritas y lleno de distintos cayacs, etc. El paraíso existe y estábamos en él. ¿Podrán los cubanos acceder a estas playas, sus playas?




Es domingo y no nos íbamos hasta el jueves al mediodía, asique durante los cuatro días con Víctor intentamos aprovecharlos al máximo. Cada uno disfrutándolo a su manera y realizando las actividades que nos plazcan.

El hotel estaba repleto de canadienses, franceses, algunos argentinos y demás países, excepto estadounidenses. Las edades rondan desde los 30 hasta la tercera edad, es decir, que había muy poca gente de 24 o 25, salvo algunos hijos que estaban con sus padres, pero no pegamos buena onda con ninguno.

Había un restaurant central en donde se desayunaba, almorzaba y cenaba,  también disponía de distintos barcitos que servían minutas, pero además contaba con tres salones de comidas. Uno italiano, otro francés, mediterráneo y el último chino. Para poder comer en alguno era necesario reservar. Nosotros cenamos solamente en el italiano, ya que perdimos la reserva del mediterráneo, porque debíamos presentarnos a las 20:30 y llegamos a las 21hs, cosa de argentinos.

Todos los empleados eran cubanos, ya sean los mozos, chefs, los del servicio a la habitación, los profesores de actividades recreativas, etc. En estos hoteles la atención es de primera calidad, algo que incomoda un poco, al menos a mi, ya que no es necesario mover un pelo y te traen lo que pedís.

Por fin obtuve la posibilidad de dialogar con oriundos de Cuba, para que me digan su versión de las cosas, teniendo en cuenta que ellos trabajan en una cadena internacional y se codean con personas capitalistas, es decir que hay muchas probabilidades de que tengan devoción por este sistema, que los endulza y les muestra solo una mínima parte de él, la de los afortunados.

Con mi amigo charlamos con unos barman, un mozo y un profesor de actividades recreativas acerca de cómo ven a Cuba y al mundo. Todos estuvieron de acuerdo en afirmar que la salud y la educación son de lo mejor que puede existir, y que la comida es muy escasa (aunque nadie se muere de hambre), porque no llegan a fin de mes con las raciones que el gobierno les brinda, es algo que les preocupa.

En Cuba no hay dólares. Tienen dos monedas, el CUC (la cual utilizan los turistas y con la que se manejan en su economía diaria) y el peso cubano (es con la que les pagan los sueldos, rondan los 350, 400, hasta 800). La equivalencia es 25 pesos cubanos igual a 1 CUC). Para nosotros 1 CUC es igual a 1 Euro.

Según nos cuentan, sus salarios no les alcanzan para comprar casi nada. Es que todos los productos los venden en CUC y a altos precios. Entonces alguien que gana 400 pesos cubanos, es decir 25 CUC mensuales, jamás podrá obtener una casa, un auto o, inclusive, mucha más comida. 

Un ejemplo claro es el costo de una vaso de cerveza, el cual ronda 1 CUC, por ende si se toman 5 vasos, les quedan tan solo 20 CUC para gastar en el mes. El resto lo destinan a comprar comida porque, como mencioné, no les alcanza lo que les proporciona el gobierno. “Un microwave (microondas) está alrededor de 150 CUC. Deberíamos ahorrar todo nuestro sueldo durante un año para comprar uno”, observa un mozo.

Nos explican que no están en contra de su sistema, sino que les gustaría ganar más dinero y recibir más porciones de comida por parte del Estado.

“El dinero te da libertades que nuestros gobernantes no quieren que tengamos. Nos abrieron las puertas de la isla, pero no podemos salir porque no hay forma de juntar o ahorrar dinero para un pasaje, salvo que familiares radicados en el extranjero nos envíen plata. En Cuba no interesa si eres médico, ingeniero o mozo, todos ganan lo mismo durante toda su vida. No hay escalas. Nunca puedes adquirir una casa o un auto. 

Todos vivimos con nuestras familias. Si por alguna casualidad pudiéramos obtener dinero para comprar un hogar, tampoco lo podríamos hacer porque no hay construidas. Tenemos problemas habitacionales”, comentó el mismo mozo. La crítica es entendible.

La salud. Todos en la isla son atendidos de forma gratuita y en igualdades absolutas de condiciones. No importa el tipo de enfermedad o la cantidad de medicamentos o tratamientos que uno deba afrontar, el Estado otorga todo lo necesario, la cantidades y veces que uno necesite, sin importar el costo, nadie paga ni un solo centavo. “Es imposible que si estás enfermo no tengas una cama o un servicio de salud en toda Cuba”, observa el profesor. La envidia corrió por mi sangre en ese momento.

La educación. Abierta y gratuita para todos, nadie está excluido de la primaria, secundaria (dividida en secundario y etapa pre-universitaria) y la universidad. Hasta los 35 años cualquier cubano tiene la posibilidad de estudiar la carrera que prefiera con techo y comida dentro de las mismas instalaciones educativas sin aportar un solo centavo, ya que el Estado se hace cargo de todos los gastos. “Un error que cometió Fidel (Castro), es que quiso que todos estudien y una sociedad necesita de profesionales, desertores, vagos, trabajadores sin especialidad.

Las sociedades funcionan de esa manera, cada eslabón es fundamental y él nunca lo pudo entender”, disparó un mozo. Lo que interpreté en ese discurso, es que no todos van a estudiar, sino que muchos solo quieren trabajar en algo que les sea más redituable que una carrera profesional, como es el caso de ser empleado de un hotel turístico, donde ganan más con las propinas que con sus sueldos. Otra vez el mismo problema, el dinero.

La estadía en el cayo llegó a su fin, y luego de cuatro días de descanso, mucha comida y alcohol, finalmente culminó una experiencia enriquecedora, sobre todo por la gran información que recolectamos de los empleados del hotel Meliá. Sin embargo, es una mirada desde un lugar en donde la gente de recursos económicos va a gastar sus ahorros, por lo tanto son solamente miradas subjetivas de una “realidad” sesgada dentro de un complejo. Eso no es Cuba.


VARADERO: MÁS ARENA, SOL Y MAR

La trafic nos pasó a buscar a las 14hs y nos enteramos que teníamos 6 horas de viaje. Es que desde el cayo a Varadero hay 380 km aproximadamente, pero las rutas no permiten apurar el viaje. Asique nos acomodamos y comenzamos a charlar con unos grupitos de argentinos que viajaban con nosotros. Charlas amenas, graciosas con mates de por medio y siestas muy extensas. Un viaje tan tranquilo como largo.

Faltando dos horas para llegar, comenzamos a observar los distintos pueblitos que atravesábamos, sus campos, sus escuelas, hospitales, granjas agropecuarias, todo con un tinte precario, despintado y una apariencia de abandono notable. No obstante, las pequeñas urbes mantienen el mismo estilo humilde, con pocas luces, casitas de distintos colores, calles llenas de pozos y gente en las veredas. Pareciera que en ellos lo humilde no les quita lo cordial, ya que muchísimos saludaban con alegría y sonrisas.

Casi a las 21 horas llegamos al hotel Sol Sirenas – Coral de la misma cadena Meliá. Son dos complejos hoteleros interconectados bajo la misma firma, muy parecido al del cayo, pero más grande, con más gente y con empleados más exhaustos por el amontonamiento de personas en las barras, restaurants y demás. Realizando el check in aparecieron 4 o 5 argentinos, con lo cual nos dio el indicio de lo que nos habían anticipado “en Varadero está lleno de argentinos”.



Con la muerte del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en Cuba decretaron tres días de duelo. Para ellos él era tan héroe como Castro, ya que ayudó demasiado a esta isla, sobre todo con abastecimiento de petróleo y un apoyo incondicional con los bloqueos imperialistas.

Tras estar dos noches “encerrados” en el All Inclusive, conocimos un grupo de diez amigos argentinos de Chajarí, Entre Ríos, dos médicas pediatras de Buenos Aires y tres cordobesas, asique la estadía se hizo muy agradable, ya que son personas muy amables, gentiles, simpáticas y sociables. Hablar de fútbol, política nacional, comida y anécdotas propias con ellos se hizo algo cotidiano. Cada uno con distintas historias para contar.

Entre argentinos se da un caso raro, pareciera que somos más nacionalistas y unidos fuera del país que dentro de él. La mano argenta aparece cuando uno más la necesita estando lejos de los suyos. Muchas son las críticas que se nos pueden hacer, pero tenemos algo que nos diferencia del resto de los continentes, esa calidez humana y solidaridad que surge sin que nadie lo pida o requiera, simplemente se da, es natural, es espontáneo.

A diferencia del hotel del cayo, éste estaba repleto de canadienses jóvenes que vienen a disfrutar su viaje de egresados. Están a tres horas de distancia en avión, tienen playas, mar transparente y un clima cálido, algo a lo que no están acostumbrados ya que conviven con muy bajas temperaturas y abundante nieve. Todos los días llegan nuevas escuelas que se suman a las instaladas, por lo que el hotel se ve muy agitado. Además, hay muchos argentinos, familias de distintos países. La multiculturalidad se hizo presente en Varadero de una forma más relevante.

Diferencias entre adolescentes canadienses y argentinos. Ellos tienen una cultura alcohólica mayor que la nuestra. A diferencia de nosotros que tomamos para desinhibirnos, ellos lo hacen en forma de competencia con aprobación de las mujeres inclusive. Al igual que los argentinos confunden libertad con libertinaje, la impunidad se apodera de ellos. Los canadienses tienen una mentalidad más liberal sexualmente hablando, tienen menos represiones y prejuicios sobre el tema.

Varadero es la principal entrada del turismo al país, por eso uno convive con extranjeros todo el tiempo. Para muchos sería una locura realizar semejante viaje y no conocer la historia de la isla, ni los gajes que la revolución dejó inculcada en su pueblo, pero son más de los que se pueden contar con la mano los que simplemente van para divertirse y disfrutar únicamente de sus playas y de los servicios que el all inclusive brinda. Cuba da para todo.

LA HABANA, LA VERDADERA CUBA

Casi tres horas después de habernos emprendido en el viaje hacia la capital de la isla, llegamos llenos de ilusiones, dudas, curiosidades, porque sabíamos que los All Inclusive no reflejaban lo que el pueblo cubano vive día a día. También es cierto que en las grandes urbes, muchas veces, no se palpita la “realidad”, salvo que uno esté dispuesto a ver y no mirar. Con Víctor llegamos con un vendaje en los ojos, y estábamos dispuestos a quitárnoslos y percibir los olores, colores, voces, miradas, opiniones, experiencias, de una ciudad mítica.

Son las seis de la tarde, realizamos el check in nuevamente en el hotel Habana Libre. La suerte nos volvió a sonreír y nos ubicaron en una habitación con vista panorámica al mar y toda la ciudad. Desde el balcón La Habana se ve llena de edificios de mediana altura y algunos muy altos, los cuales son hoteles o monumentos emblemáticos, pero no todo es lo que parece ni color de rosa, asique salimos a caminar.

Primera parada, en la embajada Yanqui como le dicen los cubanos. Era lo más cercano que teníamos. Estaba fuertemente custodiada por soldados lugareños, quienes visten los mismos uniformes que utilizaron los héroes de esta patria. Solo pudimos observarla desde la vereda de en frente, porque no se permitía ni siquiera pararse al lado de ella. 






Pegada a la embajada, una tribuna que la mira y la repudia con dos frases que le brotan del cemento: “Patria o muerte”; “Venceremos”. La revolución sigue muy latente. Además hay entre 20 y 40 mástiles muy altos que separan la tribuna de la embajada. Estos sirven para izar todas banderas negras, cuando los Yanquis desde lo más alto de su edificio exponen frases combativas, de esta manera, con las banderas de por medio no se pueden leer ninguna.

Seguimos caminando en busca de respuestas a preguntas que nunca fueron formuladas, o quizás sí, pero las versiones siempre tienen dos caminos, el de los vencedores y el de los derrotados. Fuimos a escuchar ambas. Los edificios, casas y calles son los primeros que nos cuentan que el paso del tiempo se siente y muy fuerte.

Haciéndonos camino sobre el malecón (rambla que rodea al mar, o tal vez, al revés), vemos muchos cubanos charlando, comiendo, escuchando música, con el océano de fondo. En algunos tramos las luces de los autos son las que nos alumbran el suelo, porque la energía escasea en calles, barrios, ¿Será que los hoteles la necesitan más?

Llegamos a un punto en el cual teníamos que decidir si entrábamos a los barrios o continuábamos por la gran avenida. Sin dudarlo nuestra dirección cambió de rumbo. Cruzamos la avenida a “lo argentino” y los vecinos nos dieron la bienvenida con miradas de extrañez que nos persiguieron.

Cada paso que dimos fue una lamparita más que se apagaba. Las construcciones son dignas de los años ’40 y ’50, muy precarias, venidas a bajo, con falta de revoque inclusive. Muchas pintadas de distintos colores, pero no son las predominantes. Levantamos la vista hacia el cielo y pudimos observar ropa tendida, balcones pequeños con peligro de derrumbe. La infraestructura se quedó en el tiempo luchando aún hoy por esa revolución. Hoy la pelea es económica.

Las calles están invadidas por la tierra, los chicos están afuera jugando, otros comen al aire libre con sus mesas y sillas al mejor estilo de un barrio de zona sur de Rosario o como en cualquier pueblo. Todos sonríen, gritan, corren, caminan por gusto. La luz cada vez la extrañábamos más.

Dejamos expuestos nuestros temores, tensiones infundadas en una sociedad violenta, no como ésta. En cada esquina que atravesábamos había 4 o 5 cubanos juntos, era un momento crítico, no por ellos, sino por nuestros miedos. Las edificaciones muy antiguas y dejadas, las calles rotas y con polvillo, y la casi oscuridad total nos brinda un paisaje tenebroso, pero no peligroso como podría serlo en nuestro país. Cuba es el país más seguro del mundo, porque su pueblo está educado y no pasa hambre.

El silencio se apodera del barrio y de nosotros, ya que caminamos como diez cuadras sin dirigirnos la palabra. Tal vez haya sido por el asombro, pero no puedo negar que el miedo nos mantenía alerta por sucesos que jamás sucedieron, y quizás jamás pasen. Estamos acostumbrados al mal acostumbramiento de la costumbre de que nos roben. Ellos no. La gente está en sus puertas para aliviarse un poco del calor de La Habana que ronda unos 28 grados pero sin humedad, asique es muy soportable.

En cada esquina por donde doblábamos, la luz se iba desvaneciendo. Parecía un laberinto sin salida. Estábamos caminando por la Cuba que nadie cuenta, que no es ruidosa, que no es triste, que no es agresiva, que no es molesta, que no es ruidosa, que no es peligrosa, sino que está dejada, abandonada, olvidada, oculta. En todo el recorrido no nos topamos con ningún otro turista, y eso que se hacían notar. Esta podría ser la razón por la que los vecinos no nos quitaban la mirada de encima. Es que nadie los visita, por lo menos de noche.

Finalmente llegamos a una avenida al mejor estilo 9 de Julio de Capital Federal, al cruzarla el cambio fue rotundo, La Habana dio un giro de 180º. Callecitas con empedrado tan angostas que solo cabían para un auto, aunque estaba cerrada la circulación de automóviles. Llenas de vida, de luces tenues, muchos restaurantes en la calle, e inclusive paladares (resto bares de gente cubana, los cuales están dentro de las casas, muchos en la planta alta en una terraza), un banco, una casa de cambio de moneda, banquitos para sentarse, una placita muy pintoresca, una catedral muy antigua en una especie de patio abierto gigante. Sin dudas, esta parte no tiene nada que envidiarle a los sectores turísticos de Europa.

Estaba repleto de turistas, que paseaban, escuchaban distintos grupos musicales cubanos que tocaban en diferentes barcitos, entre ellos los más típicos: “La Bodeguita del Medio” y “La Floridita”. Ambos famosos por Ernest Miller Hemingway (ganador del premio Pulitzer en 1953 y el de literatura). El periodista y escritor, según cuentan, solía ir a la Floridita a tomarse un daiquiri y a la Bodeguita un mojito.


 La Floridita conserva su estilo y lujos de los años ’40, con un piso alfombrado, sillas de madera talladas, cuadros pintados a mano, lámparas arañas de bronce en el techo, todo esto en su sector de restaurant que se encuentra al fondo del bar. En la parte de adelante, donde luego uno va a tomar un trago, al frente una banda que mantiene la música de fondo en un clima muy agradable. Con Víctor nos pedimos un combo: habano, medida de whisky y café. La combinación de los tres es realmente interesante, queda en la boca un sabor diferente. Primero se le da un par de pitadas al habano, luego un pequeño sorbo de whisky y finalmente se baja con café, el cual tiene unas pizcas de vainilla que lo endulzan. Realmente increíble.






 La Bodeguita del Medio, es más popular, con 70 años de historia tiene sucursales en distintas partes del mundo. Repleta de fotografías encuadradas con todos aquellos personajes famosos que la visitaron y las paredes totalmente escritas por sus visitantes que dejan una marca en esos muros históricos. Al igual que la Floridita tiene su sector de restaurant que es muy similar al bar que tiene adelante. 




En la Bodeguita, la algarabía y el estilo de música más movida la hacen más concurrida. La Floridita es más relajante, mientras que la B del M es más bailable. Dato curioso, en este último la mayoría eran argentinos y mejicanos. Todo esto pertenece a “La Habana vieja”, lo más turístico de la ciudad.

En esta ciudad hay una pequeña peatonal que cuenta con un local de Adidas y Puma, ambos muy pequeños, pero que impactan ya que se vislumbra una apertura capitalista. Además en los locales gastronómicos se puede pedir una Coca Cola, Sprite, cerveza Heineken, Becks. Es decir que, de a poco, Cuba se está abriendo a otro mercado, pero no así su pueblo que no tiene acceso a ninguna de estas marcas por el elevado costo que tienen para ellos.

El Capitolio Nacional, la casa de José Martí, el Hotel Nacional, el Museo de la Revolución, la Casa del Tabaco y del Ron, la plaza de la Revolución donde se encuentra la cara del CHE en el Ministerio del Interior y la de Camilo Cienfuegos en el de Comunicaciones, etc. Son algunos de los lugares emblemáticos para visitar, aunque por primera vez en mi vida sentí que prefería caminar por otras calles. Esos lugares, si bien los visité, no fueron mi prioridad. Cuba es mística, es distinta al resto del mundo.







En los días que estuve me olvidé por completo del celular, de las marcas, del consumo constante, de los programas de televisión, de las noticias, de las modas, del odio, rencor, clases sociales, de las drogas, de la delincuencia, de la computadora, de internet. Fue volver a los años ’50, a vivir una realidad distinta, que es posible, con sus virtudes y defectos.

En La Habana hay pobreza material, de infraestructura, pero hay mucha riqueza intelectual, humana. El respeto, la solidaridad, la bondad, la hospitalidad abunda. A veces, se torna cansador el exceso de ésta, pero es entendible. Viven con alegría, bailando su música, sin prejuicios, con curiosidad por el mundo exterior, sin discriminación, sin insultar, respetando las reglas de convivencia impuestas.

La ciudad está repleta de policías uniformados y vestidos de civil, cámaras de 360º por doquier, todo para proteger al turista ¿Pero de qué?, un pueblo educado, que no pasa hambre y que tiene salud, generan una sensación de seguridad real. Es que tampoco ingresó la droga en la isla, los salarios son iguales para todos, no hay división de clases, todos tienen las mismas posibilidades, igualdad de condiciones, es más hay inclusión social para los gay, quienes tienen un boliche dedicados a ellos, y esto gracias a la hija de Raúl Castro quien estimula estos emprendimientos y además porque ella es lesbiana. “Cuba es el país más seguro del mundo”, coinciden todos los lugareños con los que dialogamos. Yo creo que es verdad.

Una tarde con Víctor fuimos al lobby del hotel a tomar unos mates y se nos acercó un argentino. Nos pusimos a charlar y nos contó que se había recibido hace poquito de abogado y que trabajaba con una ONG, la cual no recuerdo el nombre, pero que realizaba muchas actividades en Buenos Aires y Rosario. 

Nos comentó que vino 3 meses a vivir a cuba, juntó 18 mil pesos y los invirtió en este viaje. Estuvo absolutamente por casi toda la isla, inclusive en Sierra Maestra, un monte lleno de vegetación y descampado, casi aislado. Actualmente estaba en La Habana viviendo en una casa de familia cerca del hotel. Nos llamó la atención encontrarlo en el lobby ya que no se alojaba en Habana Libre, y nos explicó que venía por las tardes a leer.

Entre mate y mate, las discusiones fueron muchas y de las más variadas. Un defensor acérrimo del sistema cubano y de los derechos de los más vulnerables. Era una persona muy culta y lectora, se notaba en sus expresiones y en las citas a distintos autores que realizaba. Sin dudas que por el lapso de tiempo que llevaba en la isla se había mimetizado mucho con la gente y con la ciudad. “¿Sabían que el sistema de camaritas y de huellas digitales táctiles que se utiliza en Argentina para migrar lo elaboraron los cubanos y Cristina lo compro a tan solo U$S10 millones?” disparó por sorpresa. 

Además mencionó que los cubanos desarrollaron muchos artefactos, pero que mediáticamente no fueron difundidos y mucho menos por los gobernantes que los adquirieron. También dialogamos de política, nacional, internacional, del nuevo papa, de fútbol, de Rosario y la droga, de posibles candidatos presidenciales. Charlamos durante 2 horas, fue muy enriquecedor y agradable. Antes de irse nos regaló un habano a cada uno de nosotros.

Una noche tipo 12.30, tomamos una bici taxi para volver al hotel, ya que a las 23.30 más o menos cierran todos los locales y bares. El conductor de unos 25 años nos comentó que durante el día trabaja como chofer de un taxi estatal y por las noches utiliza la bici. Esta es de su propiedad y le paga una licencia mensual de 20 CUC al mes al Estado para utilizarla como servicio y poder ganar unos pesos extra.



“En dos oportunidades me tiré con amigos en una balsa para poder salir de la isla, llegar a Miami, trabajar allí, y enviarle dinero a mi esposa y dos hijas para que vivan mejor y, en algún momento, pagarles los pasajes para que se reúnan conmigo. Pero en ambas ocasiones la guardia marítima me enganchó, estuve detenido, pagué unas multas y aún sigo aquí”, fue lo que nos contestó frente a la pregunta de si se quería ir de Cuba. 


La razón es la misma que tienen todos los que trabajan con turistas, toda la vida van a comer y ganar los mismo, sin posibilidad alguna de ahorrar o salir de su país, ya que los pasajes son carísimos. Sus ambiciones son las de tener una casa, un auto y viajar. No importa el sistema, el ser humano por naturaleza es ambicioso, y por lo general, la ambición pasa por tener lo que está prohibido o nunca podrá obtener. “Si tengo la oportunidad me vuelvo a tirar en una balsa”, culminó.

Los cubanos tienen una cultura del trabajo impresionante. Nadie se queja de la cantidad de horas que deben hacerlo, sino que desearían trabajar más para ganar más dinero. Ninguno se queja del otro o del empleo que tiene. Nadie está por encima o debajo de nadie. No hay envidia, hipocresía, rencor. La mayoría son ateos, no tienen feriados salvo los días conmemorativos de la revolución y año nuevo.

“El único día festivo, además de año nuevo, que compartimos con el resto del mundo es el 25 de Diciembre, porque en una de las visitas que realizó el Papa Juan Pablo II le pidió a Fidel (Castro) si no podía aunque sea tomar como un feriado el día de Navidad, más allá de que no crea, sino por una cuestión de respeto a la Fe, algo que el Comandante aceptó e implementó hasta el día de hoy”, nos comentó un guía turístico.

Con un hermoso atardecer se nos fueron los días en La Habana, una experiencia única y distinta al resto de las que he podido realizar. Fue un viaje en el tiempo, volvimos a los años ’50. Cultura y forma de vida diferente. Con ausencia de delitos, secuestros, drogadicción, narcotráfico, discriminación, Cuba me enseñó que los tres pilares básicos que una sociedad debe tener casi como un dogma son la salud, educación y comida para todos y cada uno de sus habitantes, de su pueblo. Es posible, si se quiere.



EL MITO CUBANO

El viaje, como mencioné al principio, tenía un objetivo, develar las tantas verdades que me habían contado, que la gente menciona o me explican sobre la isla. Una dictadura en donde nadie se puede oponer al régimen, sin libertad o escasa de ésta. Fidel es un dictador y generó una pobreza inmensa en Cuba. Nunca nadie podrá destacarse en ese sistema. “Si te llega a gustar mucho, quedate a vivir y vemos cuánto aguantás”. Estas fueron algunas de las realidades que me pintaron sobre la isla.

Intentaré mencionar los puntos que caracterizan al país con la información mínima que pude recolectar en base a los pocos días que estuve, con una mirada muy subjetiva y desprejuiciada sobre el Socialismo. Cabe mencionar que no hay posibilidad alguna de comparar su sistema con el nuestro, son dos mundos completamente antagónicos uno del otro, cada uno con sus virtudes y defectos. Ellos no vieron ni conocieron lo que nosotros en términos de consumo padecemos día a día, con bombardeos publicitarios y una vida dominada por el estrés de pararnos económicamente, casi como intentando sobrevivir.

Un país educado, es un pueblo que dice que no a muchísimas cosas, que le cierra la puerta a las tentaciones y opresiones, se abraza con el respeto, observa la vida con otros ojos, con otros colores, ni mejores ni peores solamente distintos. Leer su historia es entender su presente y futuro. “En todos los sistemas hay estúpidos” como dice mi amigo Víctor. Cuba es lo que pudo ser, pero me quedó en la cabeza dando vueltas si Cuba no podría ser más de lo que es, o si es lo que quiso ser.

·        SALUD



Los hospitales, sanatorios, policlínicos abundan. Desde que uno nace hasta que se muere cualquier asea el problema que tenga será atendido sin aportar un centavo. El Estado se hace cargo de todos los gastos, del menos al más costoso. No interesa la edad ni el estado del paciente, se lo tratará como a un niño recién nacido. Todos los medicamentos necesarios son proporcionados por el Estado y éstos son genéricos, es decir que no tienen marca, ni siquiera de laboratorios que los hayan fabricados.

No todos los hospitales están en excelentes condiciones, ya que muchos tienen una fachada avejentada y desmantenida. Sus estructuras son muy antiguas. Algunos ya no son habitables, por eso están cerrados pero no son demolidos ya que tiene un costo que el gobierno no quiere afrontar, por eso esperan que el paso del tiempo los demuela.

La tecnología con la que los médicos trabajan es de primera línea. Tienen una formación académica notable. Los especialistas son reconocidos y requeridos por miles de países, principalmente en Venezuela.

No existen las obras sociales, consultas médicas pagas, ni copagos. Todas las instituciones de la salud pertenecen al Estado. No hay ni una empresa que se haga cargo de algún servicio médico.

De una punta a la otra, hay un lugar para que los ciudadanos puedan atenderse como corresponda, inclusive en Sierra Maestra (un monte casi deshabitado en donde la gente vive de lo que produce). En Muchos pueblos no hay hospitales grandes, por eso según los casos deben movilizarse hasta el más cercano. No todos llegan a tiempo.

·        EDUCACIÓN




Desde el jardín pasando por la primaria, secundaria, ciclo preuniversitario y la universidad, todos pueden asistir sin necesidad de pagar un centavo, es gratuita. Todos los útiles y materiales necesarios para desarrollar las actividades educativas son proporcionados por el Estado.

Durante el jardín y la primaria, los chicos asisten desde las 8, 9 de la mañana hasta las 4 de la tarde. En la escuela les dan una comida fuerte, dos horas de siesta y realizan actividades físicas.

Al igual que los hospitales y centros de salud, hay una escuela en cada sector de la isla. Nadie está fuera del alcance de ella. Muchos van en bicicleta, auto o en un colectivo escolar.

En la etapa preuniversitaria los jóvenes van desarrollando las distintas áreas profesionales en donde les gustaría desenvolverse en un futuro. Aquellos que tienen mejores notas podrán ingresar a las carreras más requeridas, ya que hay cupo limitado.
En La Habana cuentan con un predio universitario como la Siberia en Rosario, en donde están prácticamente todos los edificios de las distintas carreras. La mayoría de ellos en excelente estado edilicio.

Todos los alumnos pueden acceder a un servicio de intranet (internet regulado, no es abierto) para que puedan recurrir a todo el material necesario para sus estudios, además de las antiguas bibliotecas muy bien equipadas y dignas de ser envidiadas por muchos.

Todo cubano puede estudiar cualquier carrera de forma gratuita, con alojamiento en la institución y una comida fuerte en el día hasta los 35 años. Aquellos que superen dicha edad, no tendrán el beneficio del alojamiento ni la comida, pero sí no pagarán un centavo para formarse.

En lo que respecta a la situación edilicia de los colegios, son muy precarios, limpios pero muy descuidados. No difieren mucho de cualquier escuela pública de Argentina. En cuanto a las universidades, en un mayor porcentaje están en muy buenas condiciones, aunque se denotan algunas que están afectadas por el paso del tiempo.

·        CALLES Y  VIVIENDAS



Sin dudas que ellas son las que más impactan visualmente, por el gran deterioro que tienen. Las casas son típicas de los años ’40, ’50. Si uno mira cualquier película contextualizada en la época de la guerra fría podrá darse una clara imagen de cómo son actualmente.

Hay muchas que son parecidas a un Fonavi pero de menor altura. Todas son muy parecidas, por no decir iguales. Están las que fueron pintadas y remodeladas con distintos colores, pero la gran mayoría no tienen un mantenimiento.

Si bien no pude ingresar a ninguna, caminando se pueden ver a través de sus ventanas que dan a la calle. Por lo general, hay un televisor de 20 pulgadas pantalla redonda, un sillón, una mesa y algunas decoraciones. No son demasiado amplias y la mayoría de los cubanos viven en familia porque no se alquilan, y comprar una es prácticamente imposible.

En Cuba no se pagan impuestos, ya que todos los servicios los proporciona el Estado, ya sea luz, gas, etc. Asique los vecinos no deben preocuparse todos los meses por pagar alguna tasa. No hay viviendas que se destaquen de otras, excepto las que están recientemente pintadas.

Las veredas son muy angostas y en pésimas condiciones, al igual que las calles. Los pozos abundan, las señalizaciones escasean, los teléfonos públicos con cabina redonda están en cada esquina prácticamente y la iluminación se extraña en muchos barrios, no se observan muchos faroles o foquitos. Las rutas no están en mejor estado que las calles, hay muy poca señalización y realizar 100km en auto puede llegar a demorar el doble que en Argentina, porque hay que esquivar muchas irregularidades y estar atento al cruce de cualquier animal. No es para nada aconsejable manejar de noche.

Todas las familias cuelgan su ropa al aire libre en sus pequeños balcones, los cuales son muy peligrosos por lo antiguo de sus cimientos y la falta de mantenimiento. Tienen un aspecto colonial muy pintoresco, pero el riesgo de derrumbe es inminente en muchos.

·        TRANSPORTE


    Colectivos, hay pocas líneas y por lo general son para realizar trayectos más largos que un simple movimiento interno dentro de La Habana. Los cubanos suelen caminar mucho, más teniendo en cuenta que la ciudad no es demasiado grande.

Taxis hay dos tipos los estatales y privados. Los estatales son autos modernos, más actuales, de calidad estándar. Los choferes tienen un sueldo fijo que difiere mucho del de un maestro o médico.

Los privados, en su mayoría, son autos muy antiguos de la época de la guerra fría y hay gran cantidad de modelos de la ex URSS como los famosos “Soviets”. Para trabajar con auto particular los individuos deben abonar mensualmente una licencia habilitante de 20 CUC. La media de los viajes se cobra 5 CUC, por ende hay muchos que durante la mañana trabajan para el Estado y por las tardes/noches ganan un extra trabajando con sus particulares.

En Cuba comprar un auto es prácticamente imposible ya que se venden en CUC y son extremadamente costosos. Todos aquellos que actualmente tiene vehículo se debe a que los adquirieron en plena comercialización con la URSS y fueron pasando de generación en generación, es decir por herencia. Muchos están realmente impecables y son de colección, pero hay otros que se estancan en las calles muy frecuentemente. La mayoría de los repuestos son importados y escasean asique es muy común ver coches en estado de abandono.

Además hay bicicletas y pequeñas motos con un habitáculo trasero muy pequeño para dos personas como máximo que se denominan “Coco taxis”. Ambos transportes abundan muchísimo en la ciudad y constantemente están ofreciendo el servicio de transporte. Al igual que los autos taxis, éstos también suelen cobrar 5 CUC el trayecto.

·        ALIMENTACIÓN



En Cuba hay una población de 11 millones de personas, ninguna se muere de hambre. Todos tienen mensualmente una ración de alimento basada en frijoles y arroz fundamentalmente.

El Estado les otorga todos los meses un bono que se canjea en una despensa por una variedad de productos que, en teoría, debería alcanzarles, aunque “siempre tenemos que comprar con nuestro sueldo algunas cosas más porque no llegamos a fin de mes”, afirmaron varios cubanos con los que pude charlar.

Fundamentalmente Cuba produce azúcar, ron, tabaco, por lo que el resto lo debe importar. Gracias a Hugo Chávez y su política antiimperialista es el único país que comercializa directamente con la isla haciendo oído sordo a los reclamos y sanciones que impone Estados Unidos. Por esta razón, Cuba se ve abastecida de petróleo y materia prima a cambio de profesionales, sobre todo médicos e ingenieros.

“Antes de matar una vaca es mejor asesinar a tu suegra, porque vas menos años preso” mencionó un cubano que me explicó que la vaca es tan sagrada como en la India. Es que la carne de res está prohibida, porque hay muy pocas y necesitan la leche que les brinda. Una vez que el animal no produce más lácteo se la puede sacrificar para comer. De esta manera, son el pollo, pescado, cerdo, arroz y algunos vegetales los que más se consumen.

El Estado se encarga de que su población no pase hambre, si bien bajo esta política como con los sueldos nadie va a obtener más que otro, ninguno debe preocuparse por ganarse el pan, ya que el gobierno lo reparte de la forma más equitativa posible. Es decir, aún el que no quiera trabajar no se morirá de hambre jamás.

·        PRENSA



Hay dos diarios: Gramma y Tribuna de La Habana. Ambos pertenecen al partido comunista, es decir al oficialismo. En sus cuerpos se pueden leer crónicas y notas históricas, sobre todo de la revolución. También, se pueden encontrar noticias de tipo propaganda oficial y muy pocas del ámbito internacional. Las más redactadas tienen que ver con Venezuela y América Latina, y la crisis europea en contraste con el modelo estratégico cubano. Finalmente le otorgan gran importancia al deporte, principalmente al Beisbol.

Ninguno cuenta con publicidades, ya que en Cuba no hay empresas privadas y las pautas están prohibidas. El contenido es puro y exclusivamente periodístico, pudiendo disertar acerca del término “periodismo”. Los trabajadores de prensa como los ciudadanos no cuentan con libertad de expresión ni de prensa. Estar en contra es peligroso.

Las frecuencias radiales son tres. Los programas emiten mucha música cubana y covers de grandes bandas e intérpretes, pero jamás se podrá escuchar un tema original de los Rolling Stones, ya que su ley de medios no lo permite. Al no haber publicidades, en lo cortes se emiten datos históricos como efemérides y gacetillas informativas sobre algún caso en particular, como un corte de luz por ejemplo.

La televisión no es un caso aparte. En el hotel hay 4 o 5 canales oficialistas venezolanos, pero uno se encuentra con Discovery, la Warner, ESPN, Fox Sport y algunos más de películas. Pero los cubanos en sus hogares no cuentan con los mismos, sino que como máximo tienen 10 canales y en su mayoría son de contenido cultural.

REFLEXIÓN

No hay mito sobre Cuba, hay realidad, la cual no es la que todos esperan o quieren ver, o quizás sí, según los prejuicios con los que cada uno vaya a conocerla o a querer verla y entenderla como es realmente, con sus virtudes y defectos. No hay misterio, es un sistema distinto al nuestro que no se puede comparar en los más mínimo porque desde el comienzo ya es diferente.


  Yo defino que hay dos Cubas. Una es la del paraíso, la de las playas y el mar, únicos. No por nada sus costas están catalogadas como las mejores del mundo y sus argumentos son realmente valederos e irrefutables. El Caribe es el lugar del mundo en donde uno respira tranquilidad, paz, felicidad y alegría. El contexto le cambia el humor a cualquier persona que lo visite. Es la belleza del planeta Tierra en su máxima expresión.


La otra Cuba es la verdadera, la que te muestra su historia y su revolución contemporánea. Es la que te sonríe y te lagrimea al mismo tiempo, la que sorprende y deprime. Es igual pero distinta. Su magia no radica en las estructuras edilicias como sucede en Europa, sino en su esencia, su pueblo, aquellos que ayudaron a construir las bases de los cimientos que hoy la sostienen.

Es un David ganándole todos los días a Goliat, luchando por resistir una ideología, una economía que prima la igualdad por sobre todas las cosas, donde el consumismo no es una prioridad ni siquiera aparece en un sueño de un visionario. Es una isla que se reúsa a que el paso del tiempo la atropelle, la avasalle como ha sucedido con la ex URSS.

Los cubanos tienen el lujo de no tener hambre, lujo que pocos países tienen el gusto de compartir. No se trata de realizar políticas extravagantes ni de realizar obras apocalípticas, sino de distribuir lo que se produce de manera equitativa. Si una isla que tiene 11 M de habitantes y produce el 0, 01% de materia prima en relación a la Argentina logra alimentar a su pueblo, quiere decir que sí se puede, pero, quizás, no se quiera.

El sistema cubano no es comparable con ningún otro, ya que es único en los tiempos que corren, es decir, un país capitalista debe compararse con otro igual o en mejores condiciones para copiar lo mejor, pero Cuba no tiene en quien proyectarse, por lo que su camino se va haciendo al andar con sus virtudes y errores. Por esta razón, tampoco es válida la crítica destructiva desde una mirada capitalista sin entender su pasado y contexto actual.

Cuando se habla de Cuba se tiende a mencionar que es un país sin “libertad”, por el simple hecho de que sus habitantes no pueden salir de la isla, aunque actualmente está atravesando por una situación muy similar a otros países. Se trata de tener las puertas de las fronteras abiertas, pero de que su pueblo no tenga el dinero suficiente para poder irse.

El concepto de “libertad” es muy amplio y no se trata solamente de poder viajar. Uno realmente es libre cuando se despoja de todo aquello material que lo rodea y no tiene necesidad de trabajar para subsistir. Sin dudas que este concepto es muy distinto en la Argentina, un pueblo con cadenas invisibles en sus muñecas y que solo una pequeña porción tiene la llave para desprendérselas.



Es un error tratar de comparar qué sistema es mejor, porque son dos totalmente distintos, creados por el humano, con errores, con injusticias, con leyes. Pero sí se puede debatir acerca de cuál es menos desigual y de las prioridades que maneja cada uno.

Una sociedad que no puede expresarse libremente, criticar con fundamentos es tan oprimido como aquel que depende del dinero para poder llevar adelante su vida. La diferencia es que en el sistema capitalista la plata corrompe y aquel que hoy es oprimido, mañana puede ser opresor, sin darse cuenta que aún es  un oprimido reprimido, pero el poder es el árbol que tapa el bosque y no permite ver más allá.

Cuba no es un país con autopistas de primer nivel, edificios de última generación, ascensores modernos, mansiones pintorescas, bares equipados con televisores led, aires acondicionados, copas de cristal, tampoco tienen autos que se abren con solo mirarlos o que se manejan de forma autónoma, pero todos saben escribir, leer, tienen la capacidad de reflexionar. Por eso no creo que se trate de lugar pobre, sino muy rico intelectualmente. Todo se ve distinto según desde el lugar donde uno se pare para ver.

Cuba no es el país más seguro del mundo porque tiene muchas cámaras y sobran policías, sino porque es un pueblo educado, con valores, que no necesita dinero para comer y que vive en un sistema que no le pone en vidriera objetos que jamás podrá obtener, o que solo algunos podrían. Además, producto de su educación es que tienen la libertad de decir que no a muchísimas cosas, como a la droga por ejemplo.

Por supuesto que se puede criticar que el nivel de vida que tienen debería ser mejor. La tecnología llegó para simplificar la vida de las personas, internet es el diccionario universal, canales de distintas partes del mundo que muestran como son, vehículos más silenciosos y cómodos que permiten realizar grandes trayectos de forma confortable. Todo esto y más, podrían pero no lo tienen.

El socialismo cubano se estancó en una década con una ideología que no evolucionó y que hoy está caduca. No se trata de derrumbar todo lo que tanto les costó construir, sino de generar más industrias a largo plazo para poder proveerle a su pueblo mejores condiciones de vida. Sus habitantes lo exigen también, porque el ser humano por naturaleza es ambicioso e inquieto.

Esta no es la “verdad”, es mi mirada sobre una realidad. Nada es lo que parece, todo depende de los prejuicios con los que uno visite Cuba. Simplemente fue mi experiencia, parecida o distinta a muchas otras. No deseo que nadie se quede inmerso en estas palabras, sino que sirvan de inspiración y motivación para que todos, de ser posible, puedan ir a conocerla y sacar sus propias conclusiones, tan válidas como cualquiera.




VIVI UN POCO DE LA MÚSICA CUBANA Y TRASLADATE POR UN RATITO A UN PAÍS, QUE, NO ES MEJOR NI PEOR, ES DISTINTO












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