En la víspera del viaje siempre aparece gente que te
cuenta su experiencia personal o hace un monólogo sobre el relato de la
vivencia de un amigo o conocido. También, están los que te desean lo mejor y
esperan que vos le traigas la “posta” de cómo funciona el sistema. Finalmente,
hay algunos que te comentan que no fue la mejor elección haber pensado en
viajar a ese lugar, ya que con esa suma de dinero podrías hacer varios viajes
iguales o mejores, e inclusive ahorrarte dinero.
Sinceramente, mi objetivo es saber si realmente se
puede vivir mejor, teniendo menos objetos materiales, sin necesidades
provocadas y estimuladas por una cultura del consumo instalada en nuestra
idiosincrasia. Quiero destrabar el mito cubano, al menos el que tengo en mente.
PRIMERA PARADA:
PANAMA
Después de ocho horas de viajes por la aerolínea Copa,
la cual nos brindó un servicio correcto, con almuerzo, merienda y
entretenimiento en las pantallas de las butacas, le jugó en contra tener las filas
de los asientos divididas en tres, y lo peor, es que me tocó estar en el medio,
de un lado mi amigo Víctor y del otro un extraño colombiano. Por suerte
arribamos a horario.
Son las 16.30 hs en Panamá, dos horas menos que en la
Argentina. Tenemos una espera de cuatro horas hasta que embarquemos en el
próximo avión con destino a la habana. Decidimos pasear por todo lo que sería
el free shop, aunque se parece más a un shopping, porque tiene locales uno al
lado del otro con distintas variedades de productos, como también hay un sector
de comidas (todas cadenas nacionales en su mayoría. No hay un Mc Donald’s).
El problema de ser pasajero en tránsito es que no podés
salir del aeropuerto, ya que de lo contrario se debe realizar el check out en
migraciones, por eso decidimos ir a comer una hamburguesa con papas y gaseosa
al estilo Mc Donald’s, pero mucho más grande en todo, por 10 dólares.
Otro de los inconvenientes que tienen los aeropuertos
cuando uno es pasajero en tránsito, es que no cuentan con sectores para
fumadores, por lo que solo queda afrontar la abstinencia y masticar mucho
chicle o caramelo para calmar la ansiedad.
La isla de Panamá no es un país rico ni desarrollado,
teniendo en cuenta que su mayor ingreso proviene de su canal, el cual permite
que las embarcaciones puedan cruzarse del atlántico al pacífico y viceversa,
sin necesidad de dar toda la vuelta a Sudamérica (como se solía hacer tiempo
atrás).
La gente es muy amable y simpática (por lo menos en el
aeropuerto), excepto los guardias de seguridad, que siempre contestan negativa
y cortantemente frente al cuestionamiento sobre un sector de fumadores, pero
quizás es producto de mi necedad.
El aeropuerto tiene un ala relativamente nueva, ya que
aún no está habilitada y le faltan algunas manos de pinturas. Por lo tanto, me
da a entender que se está expandiendo, tanto en locales de venta como en
puertas de embarcación.
Finalmente la espera terminó, en un ratito abren las
puertas y nos acomodamos en el avión. Son las 20.30 hs de Panamá, nos quedan 2
horas más de vuelo para llegar a la Habana, donde nos esperan con un cartelito
en alto para alcanzarnos a nuestro hotel, en donde pasaremos la noche para salir
al día siguiente rumbo al cayo Santa María.
Poco podré conocer de la ciudad, por ahora, asique mis
expectativas están puestas en cómo será la playa y el océano del cayo. Los
tragos más comunes y populares, las comidas más tradicionales como
extravagantes. Mucha intriga y expectativa, aunque primero pienso en que no me
toque asientos de 3, porque esta vez elijo pasillo.
LA HABANA
ESTÁ DE PASO
Otra vez me tocaron asientos de tres y estuve entre mi
amigo y un cubano. No me puse molesto, ya que el viaje duraba 2hs y 10 minutos.
Supuse que tener a un oriundo de la capital de la revolución sería muy
interesante, ya que me podría empezar a contar su versión de Cuba.
Comenzamos con mi amigo Víctor a charlar con él, pero
se mostró muy tenso por el viaje, por lo tanto no me pudo explicar mucho sobre
la vida que llevaba, solamente que este era su viaje número 15 en avión, estaba
volviendo de Perú. Nos comentó que pudo salir porque tenía ciudadanía
ecuatoriana y ahora te permiten viajar, siempre y cuando, tengas una visa de
entrada al país donde migres.
Algunas dudas que me quedaron dando vuelta: ¿Cómo
costeó el viaje?, ¿Lo hizo por placer o por trabajo?, desde que Raúl Castro
(actual presidente de cuba y hermano de Fidel) habilitó la salida de gente de
su país ¿Son muchos los que quieren irse?, en fin, todavía no tengo respuestas.
Aterrizamos a las 23:15 hs, luego de un vuelo
turbulento en donde el miedo se apoderó de mi producto de la inestabilidad,
pero fue más un susto que otra cosa. La habana nos espera.
El aeropuerto no es la gran cosa, más bien pequeño,
con luces tenues y amarillentas, los controles son parecidos a los de los
demás, asique hacemos el check in y nos dirigimos al peor momento que uno puede
pasar cuando se baja de un avión, ir a buscar el bolso y rezar que llegue.
La cinta gira con muchos equipajes, pero ninguno es el
nuestro. Luego de 20 minutos aproximadamente, aparece el de mi amigo Víctor,
que lo recibe con una cara de relajación y felicidad por no haberse extraviado,
mientras tanto, yo tengo un nudo en la garganta y unos nervios que no me
permiten ni tomar un vaso de agua. Casi 30 minutos después, por fin tiran en la
cinta el mío, tuve un suspiro que me ablandó el cuerpo de la cabeza a los pies.
Ahora pasamos por la aduana y nos espera una trafic que nos llevará al hotel
Tryp Habana Libre.
El trayecto fue tranquilo y pude observar cómo era la
Habana a grandes rasgos. Lo primero que me llamó la atención fueron los autos
al estilo de los años ’30, algunos en muy buenas condiciones y otros no tanto.
Lo segundo tiene que ver con la escasa cantidad de luces con las que cuentan
las calles, al punto de estar en absoluta oscuridad por momentos.
También me
cautivó la inexistencia de carteles publicitarios, ya que no observé ni
siquiera uno. Y por último, captaron mi atención los semáforos. Es que todos
tienen un conteo decreciente desde 30 hasta 0 para cambiar a la luz verde.
Sinceramente son dignos de imitar en cualquier ciudad, sobretodo en Rosario (mi
ciudad), donde estas maquinas organizadoras del tránsito funcionan mal, muchos
tienen luz azul en vez de verde por falta de stock e inclusive en algunas
calles no funcionan, por lo que se genera un caos.
Por fin llegamos al hotel, luego de haber viajado
muchas horas y atropellados por el cansancio. Es una maravilla, es un gigante
en el medio de una ciudad que pareciera estar parada en el tiempo. Según me
cuenta mi amigo, en este lugar antes había uno de una cadena internacional,
pero en la revolución del ’50 Fidel lo expropió y lo convirtió en un refugio
para sus soldados, aunque hoy en día, poco queda de esa experiencia.
Realizamos el check in y subimos al piso 23 (el hotel
cuenta con 25 pisos). La habitación es un lujo, tiene dos camas de plaza y
media, tv, baño, ante baño, espejos, luces decorativas y un balcón que nos
brinda una postal de la habana extraordinaria, además tenemos vista al mar.
Seguramente pocos cubanos tienen el privilegio de
observar semejante fotografía de su ciudad. Lo único negativo, es que en la
habana está haciendo 15 grados, muy frío ya que un frente de tormenta está
atravesando el continente.
La mala noticia se agrava cuando me quiero bañar y me
doy cuenta que no hay agua caliente, solo sale tibia, casi fresca.
Probablemente esto sucede porque no están acostumbrados a convivir con este
tipo de temperaturas, aunque es lo menos pensado.
Tomo coraje, y me baño igual. Al salir de la ducha veo
que mi amigo está en la cama totalmente tapado, porque la habitación es muy
confortable, pero fría como el agua con la que me bañé, asique sigo sus pasos y
me voy a dormir, así recargo energía para lo que nos espera al día siguiente. A
las 8 am nos pasa a buscar otra trafic que nos lleva al cayo Santa María.
RUMBO AL CAYO
SANTA MARÍA
Nos levantamos temprano y fuimos a desayunar al
restaurant del hotel. La variedad de comida que había era casi incontable, ya
que se trataba de un desayuno continental (para que la gente de distintos
continentes pueda comer lo que le gusta). Víctor es más jugado que yo y se
anima a probar distintas frutas, fiambres, mientras que yo no salgo del clásico
café con leche, tostadas con mermelada y alguna factura.
Luego de comer como bestias nos sentamos en el lobby a
esperar que nos pasen a buscar. A los cinco minutos llega el chofer y nos
comenta que el viaje hasta el cayo dura cinco horas, algo que jamás imaginamos,
y la verdad que ya no queríamos saber nada con eso, pero como lo más gastador
había pasado nos resignamos a las últimas horas de cansancio que nos quedaban.
Casi 8:30hs emprendemos camino con dos matrimonios
argentinos de unos 50 años que eran de Buenos Aires. Charlamos sobre muchos
temas como fútbol, inseguridad, los precios, es decir, lo clásico, excepto
política nacional. Un tema que se trató bastante fue la realidad cubana, ya que
ellos habían estado algunos días en la habana y la pudieron recorrer.
La verdad que no pude rescatar muchas conclusiones
sobre sus discursos, porque el que más hablaba comentaba que la gente no le
paró de pedir, y aparentemente eso le molestó mucho porque no piensa en volver.
Esto me alertó un poco, en la Argentina es muy común que la gente te pida. Sin
embargo, lo más curioso es que no habían recolectado mucha información sobre el
socialismo (sistema que rige en Cuba), supongo que mucho no les interesaba.
Tras dos horas y media de viaje, por fin paramos en un
parador a estirar las piernas y tomar o comer algo. El barcito era rústico,
pero lindo, con muchas frases revolucionarias e inspiradoras. La cara del Che
estaba pintada debajo del famoso e histórico grito de “Hasta la victoria
siempre”.
Al volver a la trafic, el chofer nos propone pasar por
el mausoleo del Che en la ciudad de Santa Clara por 3 CUC cada uno, ya que nos
teníamos que desviar tan solo 17km, asique arrancamos para aquel monumento en
donde están guardados los restos de Guevara.
Bajando por unas escaleras hay dos puertas enfrentadas, en una está el museo del Che, donde hay armas, ropa, cartas, pipas y demás objetos que utilizó, inclusive hay una especie de boletín donde se puede ver las notas que tuvo en el secundario. Era un alumno regular que no tenía malas notas. En su último año tuvo 8 en historia y 4 en matemáticas, raro ¿No?
En la otra puerta estaba su tumba marcada con una
estrella de luz artificial con su cara grabada, también estaban aquellos que
combatieron con él. Es un lugar oscuro con una especie de oasis en el fondo. Es
una cueva pequeña, pero transmite una sensación muy extraña. Es que no todos
los días uno se para frente a la tumba del Che.
De pasada el chofer nos llevó por el centro de Santa
Clara hacia un tren que Guevara y sus guerrilleros descarrilaron, para evitar
que los suministros que portaba lleguen a destino. Fue una osadía lo que
realizaron, ya que éste estaba ocupado por el triple de soldados con los que
contaba él. La revolución cobró vida por unos instantes.Volvimos a la combi y seguimos viaje, todavía nos
faltaban como hora y pico.
Atravesamos el pueblo. Las casas eran muy humildes,
de diferentes colores, como de los ’50, sin carteles, repleta de autos
antiguos. Pasamos por dos hospitales, un policlínico y una gran universidad,
claro está que la salud y la educación son prioridad. Me generó una mueca ver escrito
en la pared de una casa con pintura en letras pequeñas “GIMNASIO – DE 8 A 17”.
Por fin comenzamos a divisar el océano. Para llegar al
cayo es necesario cruzar por un camino elevado unos poquitos metros sobre el
nivel del mar construido con piedras. Tenemos a nuestros lados el agua más
clara y verdosa que jamás vi, con pequeños montículos de arena que no
sobresalen, con aves y vegetación que florece de las profundidades. El paraíso
estaba cerca.
CAYO SANTA
MARÍA, EL PARAISO
EXISTE
Tres de la tarde con el cielo nublado y unos 25, 26
grados que te da mucho calor cuando no corre viento. Estamos haciendo el check
in en el hotel Sol Sirena de la cadena Meliá, y de repente la encargada nos
informa que en este hotel no hay más lugar, asique nos deriva al Meliá, que es
de cinco estrellas. Nuestras caras de sorpresa y alegría son inexplicables, ya
que no podíamos creer que tuviéramos tanta suerte, estas cosas no suceden todos
los días y menos a nosotros. Lo raro es que estando en Cuba nos alegramos por
alojarnos en un cinco estrellas, pero la parafernalia te envuelve de esa
manera.
El cayo es una especie de isla en donde la única forma
de utilizar las playas es hospedarse en uno de los varios hoteles que hay a lo
largo, ya que ellos tienen el monopolio, por decirlo de alguna manera, de las
costas.
Donde paramos nosotros hay tres hoteles
interconectados por callecitas muy angostas, solo pasan los carritos que se
utilizan para el golf o retirar jugadores lesionados de la cancha de fútbol. Es
una especie de gran villa.
Nuestro sector tiene unas piletas tremendas en el
medio, con distintas profundidades, decoradas con árboles, vegetación,
palmeras, y también como si surgieran de repente hay bares incrustados por
allí, donde te dan cualquier tipo de bebidas. Las más pedidas son mojitos y
cubas libres.
Las habitaciones están dentro de bungalós. La nuestra
tiene dos camas de plaza y media, baño, ante baño, sillones, frigobar, caja
fuerte, espejos, distintas luces, un patio trasero pequeño. Está muy bien
decorada y es muy cómoda. Probablemente una habitación de esa cantidad de
estrellas en otra parte del mundo sea mucho más lujosa, pero a mi satisfizo
ésta.
A pesar del
viento, con mi amigo fuimos a la playa y quedamos atónitos al ver el agua tan
cristalina y turquesa, con arena blanca que no quema, con pequeñas palmeritas y
lleno de distintos cayacs, etc. El paraíso existe y estábamos en él. ¿Podrán
los cubanos acceder a estas playas, sus playas?
Es domingo y no nos íbamos hasta el jueves al
mediodía, asique durante los cuatro días con Víctor intentamos aprovecharlos al
máximo. Cada uno disfrutándolo a su manera y realizando las actividades que nos
plazcan.
El hotel estaba repleto de canadienses, franceses,
algunos argentinos y demás países, excepto estadounidenses. Las edades rondan
desde los 30 hasta la tercera edad, es decir, que había muy poca gente de 24 o
25, salvo algunos hijos que estaban con sus padres, pero no pegamos buena onda
con ninguno.
Había un restaurant central en donde se desayunaba,
almorzaba y cenaba, también disponía de
distintos barcitos que servían minutas, pero además contaba con tres salones de
comidas. Uno italiano, otro francés, mediterráneo y el último chino. Para poder
comer en alguno era necesario reservar. Nosotros cenamos solamente en el italiano,
ya que perdimos la reserva del mediterráneo, porque debíamos presentarnos a las
20:30 y llegamos a las 21hs, cosa de argentinos.
Todos los empleados eran cubanos, ya sean los mozos,
chefs, los del servicio a la habitación, los profesores de actividades
recreativas, etc. En estos hoteles la atención es de primera calidad, algo que
incomoda un poco, al menos a mi, ya que no es necesario mover un pelo y te
traen lo que pedís.
Por fin obtuve la posibilidad de dialogar con oriundos
de Cuba, para que me digan su versión de las cosas, teniendo en cuenta que
ellos trabajan en una cadena internacional y se codean con personas
capitalistas, es decir que hay muchas probabilidades de que tengan devoción por
este sistema, que los endulza y les muestra solo una mínima parte de él, la de
los afortunados.
Con mi amigo charlamos con unos barman, un mozo y un
profesor de actividades recreativas acerca de cómo ven a Cuba y al mundo. Todos
estuvieron de acuerdo en afirmar que la salud y la educación son de lo mejor
que puede existir, y que la comida es muy escasa (aunque nadie se muere de
hambre), porque no llegan a fin de mes con las raciones que el gobierno les
brinda, es algo que les preocupa.
En Cuba no hay dólares. Tienen dos monedas, el CUC (la
cual utilizan los turistas y con la que se manejan en su economía diaria) y el
peso cubano (es con la que les pagan los sueldos, rondan los 350, 400, hasta
800). La equivalencia es 25 pesos cubanos igual a 1 CUC). Para nosotros 1 CUC
es igual a 1 Euro.
Según nos cuentan, sus salarios no les alcanzan para
comprar casi nada. Es que todos los productos los venden en CUC y a altos
precios. Entonces alguien que gana 400 pesos cubanos, es decir 25 CUC
mensuales, jamás podrá obtener una casa, un auto o, inclusive, mucha más
comida.
Un ejemplo claro es el costo de una vaso de cerveza, el cual ronda 1
CUC, por ende si se toman 5 vasos, les quedan tan solo 20 CUC para gastar en el
mes. El resto lo destinan a comprar comida porque, como mencioné, no les
alcanza lo que les proporciona el gobierno. “Un microwave (microondas) está
alrededor de 150 CUC. Deberíamos ahorrar todo nuestro sueldo durante un año
para comprar uno”, observa un mozo.
Nos explican que no están en contra de su sistema,
sino que les gustaría ganar más dinero y recibir más porciones de comida por
parte del Estado.
“El dinero te da libertades que nuestros gobernantes
no quieren que tengamos. Nos abrieron las puertas de la isla, pero no podemos
salir porque no hay forma de juntar o ahorrar dinero para un pasaje, salvo que
familiares radicados en el extranjero nos envíen plata. En Cuba no interesa si
eres médico, ingeniero o mozo, todos ganan lo mismo durante toda su vida. No
hay escalas. Nunca puedes adquirir una casa o un auto.
Todos vivimos con
nuestras familias. Si por alguna casualidad pudiéramos obtener dinero para
comprar un hogar, tampoco lo podríamos hacer porque no hay construidas. Tenemos
problemas habitacionales”, comentó el mismo mozo. La crítica es entendible.
La salud. Todos en la isla son atendidos de forma
gratuita y en igualdades absolutas de condiciones. No importa el tipo de
enfermedad o la cantidad de medicamentos o tratamientos que uno deba afrontar,
el Estado otorga todo lo necesario, la cantidades y veces que uno necesite, sin
importar el costo, nadie paga ni un solo centavo. “Es imposible que si estás
enfermo no tengas una cama o un servicio de salud en toda Cuba”, observa el
profesor. La envidia corrió por mi sangre en ese momento.
La educación. Abierta y gratuita para todos, nadie
está excluido de la primaria, secundaria (dividida en secundario y etapa
pre-universitaria) y la universidad. Hasta los 35 años cualquier cubano tiene
la posibilidad de estudiar la carrera que prefiera con techo y comida dentro de
las mismas instalaciones educativas sin aportar un solo centavo, ya que el
Estado se hace cargo de todos los gastos. “Un error que cometió Fidel (Castro),
es que quiso que todos estudien y una sociedad necesita de profesionales,
desertores, vagos, trabajadores sin especialidad.
Las sociedades funcionan de
esa manera, cada eslabón es fundamental y él nunca lo pudo entender”, disparó
un mozo. Lo que interpreté en ese discurso, es que no todos van a estudiar,
sino que muchos solo quieren trabajar en algo que les sea más redituable que
una carrera profesional, como es el caso de ser empleado de un hotel turístico,
donde ganan más con las propinas que con sus sueldos. Otra vez el mismo
problema, el dinero.
La estadía en el cayo llegó a su fin, y luego de
cuatro días de descanso, mucha comida y alcohol, finalmente culminó una
experiencia enriquecedora, sobre todo por la gran información que recolectamos
de los empleados del hotel Meliá. Sin embargo, es una mirada desde un lugar en
donde la gente de recursos económicos va a gastar sus ahorros, por lo tanto son
solamente miradas subjetivas de una “realidad” sesgada dentro de un complejo.
Eso no es Cuba.
VARADERO: MÁS
ARENA, SOL Y MAR
La trafic nos pasó a buscar a las 14hs y nos enteramos
que teníamos 6 horas de viaje. Es que desde el cayo a Varadero hay 380 km aproximadamente,
pero las rutas no permiten apurar el viaje. Asique nos acomodamos y comenzamos
a charlar con unos grupitos de argentinos que viajaban con nosotros. Charlas
amenas, graciosas con mates de por medio y siestas muy extensas. Un viaje tan
tranquilo como largo.
Faltando dos horas para llegar, comenzamos a observar
los distintos pueblitos que atravesábamos, sus campos, sus escuelas,
hospitales, granjas agropecuarias, todo con un tinte precario, despintado y una
apariencia de abandono notable. No obstante, las pequeñas urbes mantienen el
mismo estilo humilde, con pocas luces, casitas de distintos colores, calles
llenas de pozos y gente en las veredas. Pareciera que en ellos lo humilde no
les quita lo cordial, ya que muchísimos saludaban con alegría y sonrisas.
Casi a las 21 horas llegamos al hotel Sol Sirenas –
Coral de la misma cadena Meliá. Son dos complejos hoteleros interconectados
bajo la misma firma, muy parecido al del cayo, pero más grande, con más gente y
con empleados más exhaustos por el amontonamiento de personas en las barras,
restaurants y demás. Realizando el check in aparecieron 4 o 5 argentinos, con
lo cual nos dio el indicio de lo que nos habían anticipado “en Varadero está
lleno de argentinos”.
Con la muerte del presidente de Venezuela, Hugo
Chávez, en Cuba decretaron tres días de duelo. Para ellos él era tan héroe como
Castro, ya que ayudó demasiado a esta isla, sobre todo con abastecimiento de
petróleo y un apoyo incondicional con los bloqueos imperialistas.
Tras estar dos noches “encerrados” en el All
Inclusive, conocimos un grupo de diez amigos argentinos de Chajarí, Entre Ríos,
dos médicas pediatras de Buenos Aires y tres cordobesas, asique la estadía se
hizo muy agradable, ya que son personas muy amables, gentiles, simpáticas y
sociables. Hablar de fútbol, política nacional, comida y anécdotas propias con
ellos se hizo algo cotidiano. Cada uno con distintas historias para contar.
Entre argentinos se da un caso raro, pareciera que
somos más nacionalistas y unidos fuera del país que dentro de él. La mano
argenta aparece cuando uno más la necesita estando lejos de los suyos. Muchas
son las críticas que se nos pueden hacer, pero tenemos algo que nos diferencia
del resto de los continentes, esa calidez humana y solidaridad que surge sin que
nadie lo pida o requiera, simplemente se da, es natural, es espontáneo.
A diferencia del hotel del cayo, éste estaba repleto
de canadienses jóvenes que vienen a disfrutar su viaje de egresados. Están a
tres horas de distancia en avión, tienen playas, mar transparente y un clima
cálido, algo a lo que no están acostumbrados ya que conviven con muy bajas
temperaturas y abundante nieve. Todos los días llegan nuevas escuelas que se
suman a las instaladas, por lo que el hotel se ve muy agitado. Además, hay
muchos argentinos, familias de distintos países. La multiculturalidad se hizo
presente en Varadero de una forma más relevante.
Diferencias entre adolescentes canadienses y
argentinos. Ellos tienen una cultura alcohólica mayor que la nuestra. A
diferencia de nosotros que tomamos para desinhibirnos, ellos lo hacen en forma
de competencia con aprobación de las mujeres inclusive. Al igual que los
argentinos confunden libertad con libertinaje, la impunidad se apodera de
ellos. Los canadienses tienen una mentalidad más liberal sexualmente hablando,
tienen menos represiones y prejuicios sobre el tema.
Varadero es la principal entrada del turismo al país,
por eso uno convive con extranjeros todo el tiempo. Para muchos sería una
locura realizar semejante viaje y no conocer la historia de la isla, ni los
gajes que la revolución dejó inculcada en su pueblo, pero son más de los que se
pueden contar con la mano los que simplemente van para divertirse y disfrutar
únicamente de sus playas y de los servicios que el all inclusive brinda. Cuba
da para todo.
LA HABANA, LA
VERDADERA CUBA
Casi tres horas después de habernos emprendido en el
viaje hacia la capital de la isla, llegamos llenos de ilusiones, dudas,
curiosidades, porque sabíamos que los All Inclusive no reflejaban lo que el
pueblo cubano vive día a día. También es cierto que en las grandes urbes,
muchas veces, no se palpita la “realidad”, salvo que uno esté dispuesto a ver y
no mirar. Con Víctor llegamos con un vendaje en los ojos, y estábamos
dispuestos a quitárnoslos y percibir los olores, colores, voces, miradas,
opiniones, experiencias, de una ciudad mítica.
Son las seis de la tarde, realizamos el check in
nuevamente en el hotel Habana Libre. La suerte nos volvió a sonreír y nos
ubicaron en una habitación con vista panorámica al mar y toda la ciudad. Desde
el balcón La Habana se ve llena de edificios de mediana altura y algunos muy
altos, los cuales son hoteles o monumentos emblemáticos, pero no todo es lo que
parece ni color de rosa, asique salimos a caminar.
Primera parada, en la embajada Yanqui como le dicen
los cubanos. Era lo más cercano que teníamos. Estaba fuertemente custodiada por
soldados lugareños, quienes visten los mismos uniformes que utilizaron los
héroes de esta patria. Solo pudimos observarla desde la vereda de en frente,
porque no se permitía ni siquiera pararse al lado de ella.
Pegada a la
embajada, una tribuna que la mira y la repudia con dos frases que le brotan del
cemento: “Patria o muerte”; “Venceremos”. La revolución sigue muy latente.
Además hay entre 20 y 40 mástiles muy altos que separan la tribuna de la
embajada. Estos sirven para izar todas banderas negras, cuando los Yanquis
desde lo más alto de su edificio exponen frases combativas, de esta manera, con
las banderas de por medio no se pueden leer ninguna.
Seguimos caminando en busca de respuestas a preguntas
que nunca fueron formuladas, o quizás sí, pero las versiones siempre tienen dos
caminos, el de los vencedores y el de los derrotados. Fuimos a escuchar ambas.
Los edificios, casas y calles son los primeros que nos cuentan que el paso del
tiempo se siente y muy fuerte.
Haciéndonos camino sobre el malecón (rambla que rodea
al mar, o tal vez, al revés), vemos muchos cubanos charlando, comiendo,
escuchando música, con el océano de fondo. En algunos tramos las luces de los
autos son las que nos alumbran el suelo, porque la energía escasea en calles,
barrios, ¿Será que los hoteles la necesitan más?
Llegamos a un punto en el cual teníamos que decidir si
entrábamos a los barrios o continuábamos por la gran avenida. Sin dudarlo
nuestra dirección cambió de rumbo. Cruzamos la avenida a “lo argentino” y los
vecinos nos dieron la bienvenida con miradas de extrañez que nos persiguieron.
Cada paso que dimos fue una lamparita más que se
apagaba. Las construcciones son dignas de los años ’40 y ’50, muy precarias,
venidas a bajo, con falta de revoque inclusive. Muchas pintadas de distintos
colores, pero no son las predominantes. Levantamos la vista hacia el cielo y
pudimos observar ropa tendida, balcones pequeños con peligro de derrumbe. La
infraestructura se quedó en el tiempo luchando aún hoy por esa revolución. Hoy
la pelea es económica.
Las calles están invadidas por la tierra, los chicos
están afuera jugando, otros comen al aire libre con sus mesas y sillas al mejor
estilo de un barrio de zona sur de Rosario o como en cualquier pueblo. Todos
sonríen, gritan, corren, caminan por gusto. La luz cada vez la extrañábamos
más.
Dejamos expuestos nuestros temores, tensiones
infundadas en una sociedad violenta, no como ésta. En cada esquina que
atravesábamos había 4 o 5 cubanos juntos, era un momento crítico, no por ellos,
sino por nuestros miedos. Las edificaciones muy antiguas y dejadas, las calles
rotas y con polvillo, y la casi oscuridad total nos brinda un paisaje
tenebroso, pero no peligroso como podría serlo en nuestro país. Cuba es el país
más seguro del mundo, porque su pueblo está educado y no pasa hambre.
El silencio se apodera del barrio y de nosotros, ya
que caminamos como diez cuadras sin dirigirnos la palabra. Tal vez haya sido
por el asombro, pero no puedo negar que el miedo nos mantenía alerta por
sucesos que jamás sucedieron, y quizás jamás pasen. Estamos acostumbrados al
mal acostumbramiento de la costumbre de que nos roben. Ellos no. La gente está
en sus puertas para aliviarse un poco del calor de La Habana que ronda unos 28
grados pero sin humedad, asique es muy soportable.
En cada esquina por donde doblábamos, la luz se iba
desvaneciendo. Parecía un laberinto sin salida. Estábamos caminando por la Cuba
que nadie cuenta, que no es ruidosa, que no es triste, que no es agresiva, que
no es molesta, que no es ruidosa, que no es peligrosa, sino que está dejada,
abandonada, olvidada, oculta. En todo el recorrido no nos topamos con ningún
otro turista, y eso que se hacían notar. Esta podría ser la razón por la que
los vecinos no nos quitaban la mirada de encima. Es que nadie los visita, por
lo menos de noche.
Finalmente llegamos a una avenida al mejor estilo 9 de
Julio de Capital Federal, al cruzarla el cambio fue rotundo, La Habana dio un
giro de 180º. Callecitas con empedrado tan angostas que solo cabían para un
auto, aunque estaba cerrada la circulación de automóviles. Llenas de vida, de
luces tenues, muchos restaurantes en la calle, e inclusive paladares (resto
bares de gente cubana, los cuales están dentro de las casas, muchos en la
planta alta en una terraza), un banco, una casa de cambio de moneda, banquitos
para sentarse, una placita muy pintoresca, una catedral muy antigua en una
especie de patio abierto gigante. Sin dudas, esta parte no tiene nada que
envidiarle a los sectores turísticos de Europa.
Estaba repleto de turistas, que paseaban, escuchaban
distintos grupos musicales cubanos que tocaban en diferentes barcitos, entre
ellos los más típicos: “La Bodeguita del Medio” y “La Floridita”. Ambos famosos
por Ernest Miller Hemingway (ganador del premio Pulitzer en 1953 y el de
literatura). El periodista y escritor, según cuentan, solía ir a la Floridita a
tomarse un daiquiri y a la Bodeguita un mojito.
La Floridita conserva su estilo y lujos de los años ’40, con un piso alfombrado, sillas de madera talladas, cuadros pintados a mano, lámparas arañas de bronce en el techo, todo esto en su sector de restaurant que se encuentra al fondo del bar. En la parte de adelante, donde luego uno va a tomar un trago, al frente una banda que mantiene la música de fondo en un clima muy agradable. Con Víctor nos pedimos un combo: habano, medida de whisky y café. La combinación de los tres es realmente interesante, queda en la boca un sabor diferente. Primero se le da un par de pitadas al habano, luego un pequeño sorbo de whisky y finalmente se baja con café, el cual tiene unas pizcas de vainilla que lo endulzan. Realmente increíble.
En la Bodeguita, la algarabía y el estilo de música más movida la hacen más concurrida. La Floridita es más relajante, mientras que la B del M es más bailable. Dato curioso, en este último la mayoría eran argentinos y mejicanos. Todo esto pertenece a “La Habana vieja”, lo más turístico de la ciudad.
En esta ciudad hay una pequeña peatonal que cuenta con
un local de Adidas y Puma, ambos muy pequeños, pero que impactan ya que se
vislumbra una apertura capitalista. Además en los locales gastronómicos se
puede pedir una Coca Cola, Sprite, cerveza Heineken, Becks. Es decir que, de a
poco, Cuba se está abriendo a otro mercado, pero no así su pueblo que no tiene
acceso a ninguna de estas marcas por el elevado costo que tienen para ellos.
El Capitolio Nacional, la casa de José Martí, el Hotel
Nacional, el Museo de la Revolución, la Casa del Tabaco y del Ron, la plaza de
la Revolución donde se encuentra la cara del CHE en el Ministerio del Interior
y la de Camilo Cienfuegos en el de Comunicaciones, etc. Son algunos de los
lugares emblemáticos para visitar, aunque por primera vez en mi vida sentí que
prefería caminar por otras calles. Esos lugares, si bien los visité, no fueron
mi prioridad. Cuba es mística, es distinta al resto del mundo.
En los días que estuve me olvidé por completo del
celular, de las marcas, del consumo constante, de los programas de televisión,
de las noticias, de las modas, del odio, rencor, clases sociales, de las
drogas, de la delincuencia, de la computadora, de internet. Fue volver a los
años ’50, a vivir una realidad distinta, que es posible, con sus virtudes y
defectos.
En La Habana hay pobreza material, de infraestructura,
pero hay mucha riqueza intelectual, humana. El respeto, la solidaridad, la
bondad, la hospitalidad abunda. A veces, se torna cansador el exceso de ésta,
pero es entendible. Viven con alegría, bailando su música, sin prejuicios, con
curiosidad por el mundo exterior, sin discriminación, sin insultar, respetando
las reglas de convivencia impuestas.
La ciudad está repleta de policías uniformados y
vestidos de civil, cámaras de 360º por doquier, todo para proteger al turista
¿Pero de qué?, un pueblo educado, que no pasa hambre y que tiene salud, generan
una sensación de seguridad real. Es que tampoco ingresó la droga en la isla,
los salarios son iguales para todos, no hay división de clases, todos tienen
las mismas posibilidades, igualdad de condiciones, es más hay inclusión social
para los gay, quienes tienen un boliche dedicados a ellos, y esto gracias a la
hija de Raúl Castro quien estimula estos emprendimientos y además porque ella
es lesbiana. “Cuba es el país más seguro del mundo”, coinciden todos los
lugareños con los que dialogamos. Yo creo que es verdad.
Una tarde con Víctor fuimos al lobby del hotel a tomar
unos mates y se nos acercó un argentino. Nos pusimos a charlar y nos contó que
se había recibido hace poquito de abogado y que trabajaba con una ONG, la cual
no recuerdo el nombre, pero que realizaba muchas actividades en Buenos Aires y
Rosario.
Nos comentó que vino 3 meses a vivir a cuba, juntó 18 mil pesos y los
invirtió en este viaje. Estuvo absolutamente por casi toda la isla, inclusive
en Sierra Maestra, un monte lleno de vegetación y descampado, casi aislado.
Actualmente estaba en La Habana viviendo en una casa de familia cerca del
hotel. Nos llamó la atención encontrarlo en el lobby ya que no se alojaba en
Habana Libre, y nos explicó que venía por las tardes a leer.
Entre mate y mate, las discusiones fueron muchas y de
las más variadas. Un defensor acérrimo del sistema cubano y de los derechos de
los más vulnerables. Era una persona muy culta y lectora, se notaba en sus
expresiones y en las citas a distintos autores que realizaba. Sin dudas que por
el lapso de tiempo que llevaba en la isla se había mimetizado mucho con la
gente y con la ciudad. “¿Sabían que el sistema de camaritas y de huellas
digitales táctiles que se utiliza en Argentina para migrar lo elaboraron los
cubanos y Cristina lo compro a tan solo U$S10 millones?” disparó por sorpresa.
Además mencionó que los cubanos desarrollaron muchos artefactos, pero que
mediáticamente no fueron difundidos y mucho menos por los gobernantes que los
adquirieron. También dialogamos de política, nacional, internacional, del nuevo
papa, de fútbol, de Rosario y la droga, de posibles candidatos presidenciales.
Charlamos durante 2 horas, fue muy enriquecedor y agradable. Antes de irse nos
regaló un habano a cada uno de nosotros.
Una noche tipo 12.30, tomamos una bici taxi para
volver al hotel, ya que a las 23.30 más o menos cierran todos los locales y
bares. El conductor de unos 25 años nos comentó que durante el día trabaja como
chofer de un taxi estatal y por las noches utiliza la bici. Esta es de su
propiedad y le paga una licencia mensual de 20 CUC al mes al Estado para
utilizarla como servicio y poder ganar unos pesos extra.
“En dos oportunidades me tiré con amigos en una balsa
para poder salir de la isla, llegar a Miami, trabajar allí, y enviarle dinero a
mi esposa y dos hijas para que vivan mejor y, en algún momento, pagarles los
pasajes para que se reúnan conmigo. Pero en ambas ocasiones la guardia marítima
me enganchó, estuve detenido, pagué unas multas y aún sigo aquí”, fue lo que
nos contestó frente a la pregunta de si se quería ir de Cuba.
La razón es la
misma que tienen todos los que trabajan con turistas, toda la vida van a comer
y ganar los mismo, sin posibilidad alguna de ahorrar o salir de su país, ya que
los pasajes son carísimos. Sus ambiciones son las de tener una casa, un auto y
viajar. No importa el sistema, el ser humano por naturaleza es ambicioso, y por
lo general, la ambición pasa por tener lo que está prohibido o nunca podrá
obtener. “Si tengo la oportunidad me vuelvo a tirar en una balsa”, culminó.
Los cubanos tienen una cultura del trabajo
impresionante. Nadie se queja de la cantidad de horas que deben hacerlo, sino
que desearían trabajar más para ganar más dinero. Ninguno se queja del otro o
del empleo que tiene. Nadie está por encima o debajo de nadie. No hay envidia,
hipocresía, rencor. La mayoría son ateos, no tienen feriados salvo los días
conmemorativos de la revolución y año nuevo.
“El único día festivo, además de año nuevo, que
compartimos con el resto del mundo es el 25 de Diciembre, porque en una de las
visitas que realizó el Papa Juan Pablo II le pidió a Fidel (Castro) si no podía
aunque sea tomar como un feriado el día de Navidad, más allá de que no crea,
sino por una cuestión de respeto a la Fe, algo que el Comandante aceptó e
implementó hasta el día de hoy”, nos comentó un guía turístico.
Con un hermoso atardecer se nos fueron los días en La
Habana, una experiencia única y distinta al resto de las que he podido
realizar. Fue un viaje en el tiempo, volvimos a los años ’50. Cultura y forma
de vida diferente. Con ausencia de delitos, secuestros, drogadicción,
narcotráfico, discriminación, Cuba me enseñó que los tres pilares básicos que
una sociedad debe tener casi como un dogma son la salud, educación y comida
para todos y cada uno de sus habitantes, de su pueblo. Es posible, si se
quiere.
EL MITO
CUBANO
El viaje, como mencioné al principio, tenía un
objetivo, develar las tantas verdades que me habían contado, que la gente
menciona o me explican sobre la isla. Una dictadura en donde nadie se puede
oponer al régimen, sin libertad o escasa de ésta. Fidel es un dictador y generó
una pobreza inmensa en Cuba. Nunca nadie podrá destacarse en ese sistema. “Si
te llega a gustar mucho, quedate a vivir y vemos cuánto aguantás”. Estas fueron
algunas de las realidades que me pintaron sobre la isla.
Intentaré mencionar los puntos que caracterizan al
país con la información mínima que pude recolectar en base a los pocos días que
estuve, con una mirada muy subjetiva y desprejuiciada sobre el Socialismo. Cabe
mencionar que no hay posibilidad alguna de comparar su sistema con el nuestro,
son dos mundos completamente antagónicos uno del otro, cada uno con sus
virtudes y defectos. Ellos no vieron ni conocieron lo que nosotros en términos
de consumo padecemos día a día, con bombardeos publicitarios y una vida
dominada por el estrés de pararnos económicamente, casi como intentando
sobrevivir.
Un país educado, es un pueblo que dice que no a
muchísimas cosas, que le cierra la puerta a las tentaciones y opresiones, se
abraza con el respeto, observa la vida con otros ojos, con otros colores, ni
mejores ni peores solamente distintos. Leer su historia es entender su presente
y futuro. “En todos los sistemas hay estúpidos” como dice mi amigo Víctor. Cuba
es lo que pudo ser, pero me quedó en la cabeza dando vueltas si Cuba no podría
ser más de lo que es, o si es lo que quiso ser.
·
SALUD
Los hospitales, sanatorios, policlínicos abundan.
Desde que uno nace hasta que se muere cualquier asea el problema que tenga será
atendido sin aportar un centavo. El Estado se hace cargo de todos los gastos,
del menos al más costoso. No interesa la edad ni el estado del paciente, se lo
tratará como a un niño recién nacido. Todos los medicamentos necesarios son
proporcionados por el Estado y éstos son genéricos, es decir que no tienen
marca, ni siquiera de laboratorios que los hayan fabricados.
No todos los hospitales están en excelentes
condiciones, ya que muchos tienen una fachada avejentada y desmantenida. Sus
estructuras son muy antiguas. Algunos ya no son habitables, por eso están
cerrados pero no son demolidos ya que tiene un costo que el gobierno no quiere
afrontar, por eso esperan que el paso del tiempo los demuela.
La tecnología con la que los médicos trabajan es de
primera línea. Tienen una formación académica notable. Los especialistas son
reconocidos y requeridos por miles de países, principalmente en Venezuela.
No existen las obras sociales, consultas médicas
pagas, ni copagos. Todas las instituciones de la salud pertenecen al Estado. No
hay ni una empresa que se haga cargo de algún servicio médico.
De una punta a la otra, hay un lugar para que los
ciudadanos puedan atenderse como corresponda, inclusive en Sierra Maestra (un
monte casi deshabitado en donde la gente vive de lo que produce). En Muchos
pueblos no hay hospitales grandes, por eso según los casos deben movilizarse
hasta el más cercano. No todos llegan a tiempo.
·
EDUCACIÓN
Desde el jardín pasando por la
primaria, secundaria, ciclo preuniversitario y la universidad, todos pueden
asistir sin necesidad de pagar un centavo, es gratuita. Todos los útiles y
materiales necesarios para desarrollar las actividades educativas son
proporcionados por el Estado.
Durante el jardín y la
primaria, los chicos asisten desde las 8, 9 de la mañana hasta las 4 de la
tarde. En la escuela les dan una comida fuerte, dos horas de siesta y realizan
actividades físicas.
Al igual que los hospitales y
centros de salud, hay una escuela en cada sector de la isla. Nadie está fuera
del alcance de ella. Muchos van en bicicleta, auto o en un colectivo escolar.
En la etapa preuniversitaria
los jóvenes van desarrollando las distintas áreas profesionales en donde les
gustaría desenvolverse en un futuro. Aquellos que tienen mejores notas podrán
ingresar a las carreras más requeridas, ya que hay cupo limitado.
En La Habana cuentan con un
predio universitario como la Siberia en Rosario, en donde están prácticamente
todos los edificios de las distintas carreras. La mayoría de ellos en excelente
estado edilicio.
Todos los alumnos pueden
acceder a un servicio de intranet (internet regulado, no es abierto) para que
puedan recurrir a todo el material necesario para sus estudios, además de las
antiguas bibliotecas muy bien equipadas y dignas de ser envidiadas por muchos.
Todo cubano puede estudiar
cualquier carrera de forma gratuita, con alojamiento en la institución y una
comida fuerte en el día hasta los 35 años. Aquellos que superen dicha edad, no
tendrán el beneficio del alojamiento ni la comida, pero sí no pagarán un
centavo para formarse.
En lo que respecta a la situación edilicia de los
colegios, son muy precarios, limpios pero muy descuidados. No difieren mucho de
cualquier escuela pública de Argentina. En cuanto a las universidades, en un
mayor porcentaje están en muy buenas condiciones, aunque se denotan algunas que
están afectadas por el paso del tiempo.
·
CALLES
Y VIVIENDAS
Sin dudas que ellas son las
que más impactan visualmente, por el gran deterioro que tienen. Las casas son
típicas de los años ’40, ’50. Si uno mira cualquier película contextualizada en
la época de la guerra fría podrá darse una clara imagen de cómo son
actualmente.
Hay muchas que son parecidas a
un Fonavi pero de menor altura. Todas son muy parecidas, por no decir iguales.
Están las que fueron pintadas y remodeladas con distintos colores, pero la gran
mayoría no tienen un mantenimiento.
Si bien no pude ingresar a
ninguna, caminando se pueden ver a través de sus ventanas que dan a la calle.
Por lo general, hay un televisor de 20 pulgadas pantalla redonda, un sillón,
una mesa y algunas decoraciones. No son demasiado amplias y la mayoría de los
cubanos viven en familia porque no se alquilan, y comprar una es prácticamente
imposible.
En Cuba no se pagan impuestos,
ya que todos los servicios los proporciona el Estado, ya sea luz, gas, etc.
Asique los vecinos no deben preocuparse todos los meses por pagar alguna tasa.
No hay viviendas que se destaquen de otras, excepto las que están recientemente
pintadas.
Las veredas son muy angostas y
en pésimas condiciones, al igual que las calles. Los pozos abundan, las
señalizaciones escasean, los teléfonos públicos con cabina redonda están en
cada esquina prácticamente y la iluminación se extraña en muchos barrios, no se
observan muchos faroles o foquitos. Las rutas no están en mejor estado que las
calles, hay muy poca señalización y realizar 100km en auto puede llegar a
demorar el doble que en Argentina, porque hay que esquivar muchas
irregularidades y estar atento al cruce de cualquier animal. No es para nada
aconsejable manejar de noche.
Todas las familias cuelgan su
ropa al aire libre en sus pequeños balcones, los cuales son muy peligrosos por
lo antiguo de sus cimientos y la falta de mantenimiento. Tienen un aspecto colonial
muy pintoresco, pero el riesgo de derrumbe es inminente en muchos.
·
TRANSPORTE
Colectivos, hay pocas líneas y
por lo general son para realizar trayectos más largos que un simple movimiento
interno dentro de La Habana. Los cubanos suelen caminar mucho, más teniendo en
cuenta que la ciudad no es demasiado grande.
Taxis hay dos tipos los
estatales y privados. Los estatales son autos modernos, más actuales, de
calidad estándar. Los choferes tienen un sueldo fijo que difiere mucho del de
un maestro o médico.
Los privados, en su mayoría,
son autos muy antiguos de la época de la guerra fría y hay gran cantidad de
modelos de la ex URSS como los famosos “Soviets”. Para trabajar con auto
particular los individuos deben abonar mensualmente una licencia habilitante de
20 CUC. La media de los viajes se cobra 5 CUC, por ende hay muchos que durante
la mañana trabajan para el Estado y por las tardes/noches ganan un extra
trabajando con sus particulares.
En Cuba comprar un auto es
prácticamente imposible ya que se venden en CUC y son extremadamente costosos.
Todos aquellos que actualmente tiene vehículo se debe a que los adquirieron en
plena comercialización con la URSS y fueron pasando de generación en
generación, es decir por herencia. Muchos están realmente impecables y son de
colección, pero hay otros que se estancan en las calles muy frecuentemente. La
mayoría de los repuestos son importados y escasean asique es muy común ver
coches en estado de abandono.
Además hay bicicletas y
pequeñas motos con un habitáculo trasero muy pequeño para dos personas como
máximo que se denominan “Coco taxis”. Ambos transportes abundan muchísimo en la
ciudad y constantemente están ofreciendo el servicio de transporte. Al igual
que los autos taxis, éstos también suelen cobrar 5 CUC el trayecto.
·
ALIMENTACIÓN
En Cuba hay una población de
11 millones de personas, ninguna se muere de hambre. Todos tienen mensualmente
una ración de alimento basada en frijoles y arroz fundamentalmente.
El Estado les otorga todos los
meses un bono que se canjea en una despensa por una variedad de productos que,
en teoría, debería alcanzarles, aunque “siempre tenemos que comprar con nuestro
sueldo algunas cosas más porque no llegamos a fin de mes”, afirmaron varios
cubanos con los que pude charlar.
Fundamentalmente Cuba produce
azúcar, ron, tabaco, por lo que el resto lo debe importar. Gracias a Hugo
Chávez y su política antiimperialista es el único país que comercializa
directamente con la isla haciendo oído sordo a los reclamos y sanciones que
impone Estados Unidos. Por esta razón, Cuba se ve abastecida de petróleo y
materia prima a cambio de profesionales, sobre todo médicos e ingenieros.
“Antes de matar una vaca es
mejor asesinar a tu suegra, porque vas menos años preso” mencionó un cubano que
me explicó que la vaca es tan sagrada como en la India. Es que la carne de res
está prohibida, porque hay muy pocas y necesitan la leche que les brinda. Una
vez que el animal no produce más lácteo se la puede sacrificar para comer. De
esta manera, son el pollo, pescado, cerdo, arroz y algunos vegetales los que
más se consumen.
El Estado se encarga de que su
población no pase hambre, si bien bajo esta política como con los sueldos nadie
va a obtener más que otro, ninguno debe preocuparse por ganarse el pan, ya que
el gobierno lo reparte de la forma más equitativa posible. Es decir, aún el que
no quiera trabajar no se morirá de hambre jamás.
·
PRENSA
Hay dos diarios: Gramma y
Tribuna de La Habana. Ambos pertenecen al partido comunista, es decir al
oficialismo. En sus cuerpos se pueden leer crónicas y notas históricas, sobre
todo de la revolución. También, se pueden encontrar noticias de tipo propaganda
oficial y muy pocas del ámbito internacional. Las más redactadas tienen que ver
con Venezuela y América Latina, y la crisis europea en contraste con el modelo
estratégico cubano. Finalmente le otorgan gran importancia al deporte,
principalmente al Beisbol.
Ninguno cuenta con
publicidades, ya que en Cuba no hay empresas privadas y las pautas están
prohibidas. El contenido es puro y exclusivamente periodístico, pudiendo
disertar acerca del término “periodismo”. Los trabajadores de prensa como los
ciudadanos no cuentan con libertad de expresión ni de prensa. Estar en contra
es peligroso.
Las frecuencias radiales son
tres. Los programas emiten mucha música cubana y covers de grandes bandas e
intérpretes, pero jamás se podrá escuchar un tema original de los Rolling
Stones, ya que su ley de medios no lo permite. Al no haber publicidades, en lo
cortes se emiten datos históricos como efemérides y gacetillas informativas
sobre algún caso en particular, como un corte de luz por ejemplo.
La televisión no es un caso
aparte. En el hotel hay 4 o 5 canales oficialistas venezolanos, pero uno se
encuentra con Discovery, la Warner, ESPN, Fox Sport y algunos más de películas.
Pero los cubanos en sus hogares no cuentan con los mismos, sino que como máximo
tienen 10 canales y en su mayoría son de contenido cultural.
REFLEXIÓN
No hay mito sobre Cuba, hay
realidad, la cual no es la que todos esperan o quieren ver, o quizás sí, según
los prejuicios con los que cada uno vaya a conocerla o a querer verla y
entenderla como es realmente, con sus virtudes y defectos. No hay misterio, es
un sistema distinto al nuestro que no se puede comparar en los más mínimo
porque desde el comienzo ya es diferente.
Yo defino que hay dos Cubas. Una es la del paraíso, la de las playas y el mar, únicos. No por nada sus costas están catalogadas como las mejores del mundo y sus argumentos son realmente valederos e irrefutables. El Caribe es el lugar del mundo en donde uno respira tranquilidad, paz, felicidad y alegría. El contexto le cambia el humor a cualquier persona que lo visite. Es la belleza del planeta Tierra en su máxima expresión.
La otra Cuba es la verdadera,
la que te muestra su historia y su revolución contemporánea. Es la que te
sonríe y te lagrimea al mismo tiempo, la que sorprende y deprime. Es igual pero
distinta. Su magia no radica en las estructuras edilicias como sucede en
Europa, sino en su esencia, su pueblo, aquellos que ayudaron a construir las
bases de los cimientos que hoy la sostienen.
Es un David ganándole todos los días a Goliat,
luchando por resistir una ideología, una economía que prima la igualdad por
sobre todas las cosas, donde el consumismo no es una prioridad ni siquiera
aparece en un sueño de un visionario. Es una isla que se reúsa a que el paso
del tiempo la atropelle, la avasalle como ha sucedido con la ex URSS.
Los cubanos tienen el lujo de no tener hambre, lujo
que pocos países tienen el gusto de compartir. No se trata de realizar
políticas extravagantes ni de realizar obras apocalípticas, sino de distribuir
lo que se produce de manera equitativa. Si una isla que tiene 11 M de
habitantes y produce el 0, 01% de materia prima en relación a la Argentina logra
alimentar a su pueblo, quiere decir que sí se puede, pero, quizás, no se
quiera.
El sistema cubano no es comparable con ningún otro, ya
que es único en los tiempos que corren, es decir, un país capitalista debe
compararse con otro igual o en mejores condiciones para copiar lo mejor, pero
Cuba no tiene en quien proyectarse, por lo que su camino se va haciendo al
andar con sus virtudes y errores. Por esta razón, tampoco es válida la crítica
destructiva desde una mirada capitalista sin entender su pasado y contexto
actual.
Cuando se habla de Cuba se tiende a mencionar que es
un país sin “libertad”, por el simple hecho de que sus habitantes no pueden
salir de la isla, aunque actualmente está atravesando por una situación muy
similar a otros países. Se trata de tener las puertas de las fronteras
abiertas, pero de que su pueblo no tenga el dinero suficiente para poder irse.
El concepto de “libertad” es muy amplio y no se trata
solamente de poder viajar. Uno realmente es libre cuando se despoja de todo
aquello material que lo rodea y no tiene necesidad de trabajar para subsistir.
Sin dudas que este concepto es muy distinto en la Argentina, un pueblo con
cadenas invisibles en sus muñecas y que solo una pequeña porción tiene la llave
para desprendérselas.
Es un error tratar de comparar qué sistema es mejor,
porque son dos totalmente distintos, creados por el humano, con errores, con
injusticias, con leyes. Pero sí se puede debatir acerca de cuál es menos
desigual y de las prioridades que maneja cada uno.
Una sociedad que no puede expresarse libremente,
criticar con fundamentos es tan oprimido como aquel que depende del dinero para
poder llevar adelante su vida. La diferencia es que en el sistema capitalista
la plata corrompe y aquel que hoy es oprimido, mañana puede ser opresor, sin
darse cuenta que aún es un oprimido
reprimido, pero el poder es el árbol que tapa el bosque y no permite ver más
allá.
Cuba no es un país con autopistas de primer nivel,
edificios de última generación, ascensores modernos, mansiones pintorescas,
bares equipados con televisores led, aires acondicionados, copas de cristal,
tampoco tienen autos que se abren con solo mirarlos o que se manejan de forma
autónoma, pero todos saben escribir, leer, tienen la capacidad de reflexionar.
Por eso no creo que se trate de lugar pobre, sino muy rico intelectualmente.
Todo se ve distinto según desde el lugar donde uno se pare para ver.
Cuba no es el país más seguro del mundo porque tiene
muchas cámaras y sobran policías, sino porque es un pueblo educado, con valores,
que no necesita dinero para comer y que vive en un sistema que no le pone en
vidriera objetos que jamás podrá obtener, o que solo algunos podrían. Además,
producto de su educación es que tienen la libertad de decir que no a muchísimas
cosas, como a la droga por ejemplo.
Por supuesto que se puede criticar que el nivel de
vida que tienen debería ser mejor. La tecnología llegó para simplificar la vida
de las personas, internet es el diccionario universal, canales de distintas
partes del mundo que muestran como son, vehículos más silenciosos y cómodos que
permiten realizar grandes trayectos de forma confortable. Todo esto y más,
podrían pero no lo tienen.
El socialismo cubano se estancó en una década con una
ideología que no evolucionó y que hoy está caduca. No se trata de derrumbar
todo lo que tanto les costó construir, sino de generar más industrias a largo
plazo para poder proveerle a su pueblo mejores condiciones de vida. Sus
habitantes lo exigen también, porque el ser humano por naturaleza es ambicioso
e inquieto.
Esta no es la “verdad”, es mi mirada sobre una
realidad. Nada es lo que parece, todo depende de los prejuicios con los que uno
visite Cuba. Simplemente fue mi experiencia, parecida o distinta a muchas
otras. No deseo que nadie se quede inmerso en estas palabras, sino que sirvan
de inspiración y motivación para que todos, de ser posible, puedan ir a
conocerla y sacar sus propias conclusiones, tan válidas como cualquiera.
VIVI UN POCO DE LA MÚSICA CUBANA Y TRASLADATE POR UN RATITO A UN PAÍS, QUE, NO ES MEJOR NI PEOR, ES DISTINTO







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