El debate sobre
si los jóvenes de 16 y 17 años deberían votar opcionalmente, trajo aparejada
otra discusión que desnuda el pensamiento crudo de las personas que opinan al
respecto. Pareciera que no interesa si debe aprobarse o no el proyecto de
ley, impulsado por el senador nacional Aníbal Fernández, sino que lo más
importante es que de tener despacho favorable tendría que salir con ella, otra
que disminuya la edad mínima de imputabilidad.
Al fin y al cabo, no se termina discutiendo lo esencial del proyecto, sino que se hace hincapié en que cada vez más jóvenes deben pagar con una condena un delito cometido. Es decir, que por el error que cometa un pibe, por supuesto que hay excepciones dentro de los errores, tiene que abandonar todo el futuro de vida que le queda. Digo esto, porque el sistema penitenciario es deficitario, acá y en el resto del mundo. Aquellas personas que cumplen su condena, no vuelven a ser las mismas, e inclusive en muchos casos, empeoran su condición, generando que salgan a la calle nuevamente, con una mochila de rencor y desprecio por la sociedad.
Sin embargo, no
quiero hablar sobre este tema, porque nada tiene que ver con que si un chico de
16 o 17 años debe poder votar o no. “Si pueden votar, también tienen que poder
ir presos”, ésa es la frase más escuchada cuando se abre el debate. El énfasis
con el cual se la dice, presta a la rápida interpretación de que todos los que
tienen esa edad cometen delitos, arrebatan, hieren, matan, etc. Y por eso
aprobar el proyecto de ley, es la excusa perfecta para poder bajar la edad de
imputabilidad sin profundizar en el tema. Por lo menos, esa es la sensación que
me dan.
Ahora sí, con
respecto al proyecto. Yo era uno de los que pensaba que a esa edad no se podía
tomar la importante decisión de determinar quien debe manejar la Nación, el
destino de la sociedad durante cuatro años, porque uno en ese momento, a veces,
no sabe ni lo que quiere en la vida. Tiene la cabeza puesta en el viaje de
egresados, en la salida del sábado, en el chico/a que le gusta, en no llevarse
materias para poder disfrutar a pleno tres meses de vacaciones, etc.
Pero me puse a
recordar, cómo pensaba yo y la gente que me rodeaba cuando tenía esa edad e iba
al Normal Nº 1 y a Provincial a jugar al fútbol. En mi caso, la política era un
tema de conversación entre mi viejo y mi vieja cuando cenábamos, pero que no
tenía ninguna influencia en mí, no me interesaba. Aunque, en mi entorno ya
había algunos que se animaban a opinar y tenían una idea al respecto,
perseguían una claridad que me llamaba la atención. Cuando cumplí los 18 años
en el 2007, tuve la oportunidad de votar para presidente por primera vez. Si
bien me vi influenciado por la decisión que habían tomado mis padres, me
informé e intenté ser fiel a mis convicciones. A partir de ese momento, me
sentí un eslabón responsable del destino del país, y aún hoy, me interiorizo en
la política para poder defender y hacerme cargo de la decisión que tome a la
hora de votar.
Si hubiera tenido
16 o 17 años cuando tendría que haber votado por primera vez, seguramente
hubiera hecho lo mismo. No sé si todos los jóvenes actuarían de la misma
manera, pero me parece interesante tentar a que se acerquen a la política,
porque además es una forma de tratarlos como ciudadanos, y no como meros estudiantes
inexpertos que no toman ninguna decisión en su vida, porque sin dudas, que ese
período es uno de los momentos en donde más influenciables estamos y quizás,
donde más decisiones tomamos.
Si el voto debe ser opcional u obligatorio, esa
es otra discusión, porque abarca la temática de si el sufragio es un derecho o
una obligación. Sin embargo, me parece muy productivo que se inserte el debate
en la sociedad, porque es un disparador para charlar otros temas como la
educación, el compromiso social, la prevención, etc.
Para ir
terminando. La mayor preocupación sobre si debe aprobarse o no, es el miedo a
que voten a cualquier candidato sin pensarlo, que elijan al que más les
convenga, que los postulantes se aprovechen de su inocencia y los atraigan con
cualquier pavada, etc. Pero pregunto, ¿A caso el 100% de la gente que te rodea,
está interesada en la política, va a votar por satisfacer su ideología, no
elige por sus propios intereses, no se ve influenciada por promesas o por algún
favor que le hacen? Reformulo la pregunta: ¿Cómo votamos los argentinos?

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