Los registros más
antiguos que se pueden encontrar, refieren que las primeras armas las
utilizaban los “hombres de las cavernas” con el fin único de sobrevivir. Tenían
la necesidad de matar para poder comer, es por eso que a través de materiales
contundentes y filosos desarrollaron instrumentos con capacidad de aniquilar a
un animal, sin percibir el sufrimiento de éste, ya que su fin justificaba los
medios. De alguna manera, desde esa época a hoy, se puede entender su accionar, porque en la escala de valores la vida humana
prevalece ante otro ser viviente y la cadena alimenticia ratifica
esto. YA NO.
En aquellos
tiempos era una tarea muy desgastante y prolongada la de matar, porque había
que idear una estrategia para encontrar el momento justo para atacar, ya que a
veces tenían una sola oportunidad para lograr el objetivo. Es por eso, que el
paso del tiempo fue acompañado con una evolución mental del hombre y con ella,
un desarrollo notable en la elaboración de armas, logrando una mejora en la
precisión, en la capacidad de aniquilar, y por supuesto, un aumento importante
en la cantidad de posibilidades de atinar al blanco.
Claro que este
desarrollo tenía un fin muy preciso y justificable, si se quiere, aunque también
permitió notar que aquel que poseía un arma era temido, respetado y considerado
un ser poderoso en comparación con el resto. Esto derivó en una dominación del “poderoso”
sobre el “vulnerable” llevando a que el oprimido realice las tareas que se le
impongan. Tiempo después, se proyectó a una escala mayor, en la cual grupos
organizados entendieron que el arma era la base del “poder” y ese “poder” tenía
la capacidad de generar que el sobrevivir fuera una tarea mucho más sencilla.
La historia
universal menciona que las armas fueron la clave para desembocar en la
producción de más “poder” a través de la obtención del oro, recurso natural
escaso, bonito y deslumbrante, que permitió que se fabrique más armamento para
oprimir a pueblos enteros, y que éstos realicen todas aquellas tareas que no
sólo permiten la supervivencia, sino también mejorar la calidad de vida. Un
ejemplo claro, es la colonización de miles de pueblos más débiles en términos de
“poder” que fueron atropellados e invadidos por civilizaciones con cultura
armamentista, viéndose dominados y esclavizados, desde lo físico hasta lo
ideológico.
Sin dudas que el
medio para justificar el fin se desvirtuó y las armas obtuvieron el papel
preponderante para conseguir más poder. Las guerras se vieron envueltas en un
desarrollo militar y armamentístico que derivó en que los vencedores fueran
aquellos que tenían herramientas más poderosas que el enemigo. De esta manera,
las grandes naciones existentes le deben su poderío a las importantes invasiones,
en las cuales despojaban a los pueblos de todas sus riquezas, pero sin dudas que
fue el arma el que habilitó a que se pudiera tener éxito.
En la actualidad,
nos vemos envueltos en sociedades violentas, agresivas, inescrupulosas con
respecto a la vida humana, en las que los ciudadanos tienen acceso a las armas
de fuego con mucha facilidad, casi sin tener restricciones llevando a que
grandes tragedias se produzcan cotidianamente. La última y más reciente, es la
masacre de Denver, Colorado, en la cual murieron 12 personas y 59 resultaron
heridas.
En 1999 la
masacre del instituto secundario de Columbine, en la que dos alumnos asesinaron
a 13 personas, y ocurrió a sólo una treintena de kilómetros del multicine donde
Holmes disparó contra sus víctimas. También en 2007, tuvo lugar la
matanza de la universidad Virginia High Tech, en la que el estudiante Cho Seng
Hui asesinó a 32 personas. Innumerable casos más son los que podrían
recordarse.
La televisión, las películas, las noticias, los videojuegos, los constantes
robos sangrientos, llevan a que las pequeñas mentes se transformen en
siniestras y lleven adelante tragedias como, las que lamentablemente ya no nos
sorprenden, perdiendo el absoluto respeto a la vida humana; a aquella que
alguna vez tuvo tanto valor que significó la muerte de otro ser vivo para poder
sobrevivir.
¿Cómo es posible terminar con un flagelo mundial que golpea
a todos los países del mundo, desde el más grande al más pequeño, si las
grandes naciones que dominan este planeta están construidas con cimientos de
sangre, habiendo utilizado una sola herramienta, el arma?


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