Esta es la imagen
que Hugo Moyano debe observar cuando se mira al espejo, creyendo como en un
cuento infantil ser “Robin Hood” que le saca a los que más tienen para repartir
entre el pueblo pobre, estafado y explotado, tratando de que ese reflejo que él
ve sea la visión de las masas.
Probablemente que todo eso debe ser verdad, aunque es más turbio cómo y de qué manera llegaron esos individuos a ser lo que son ni a quién sirven cuando alzan las banderas.
No pasó mucho
tiempo desde que el líder de la CGT era un aliado de Néstor y Cristina, y
levantaba, como aquel San Martín antes de enfrentarse en una batalla, la
bandera argentina con la insignia kirchnerista. Desde el 2003 hasta mediados
del 2011 fue un caudillo que defendió a capa y espada el proyecto nacional y
popular, pero claro que no se hacía por amor a la política, es más turbio cómo
y de qué manera.
Hombres de paja que usan la colonia y el honor
para ocultar oscuras intenciones: tienen doble vida, son sicarios del mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.
Son muchos los
que se visten de traje y con vestidos elegantes, algunos de colores llamativos y otros color luto, mostrándose como
estereotipos dirigenciales que tienen todo bajo control, pero como los curas
que guardan secretos debajo de las sotanas, ellos también tienen cosas que
ocultar.
Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad,
viajan de incógnito en autos blindados a sembrar calumnias, a mentir con
naturalidad, a colgar en las escuelas su retrato.
Dan notas, van a
canales de televisión o hacen cadena nacional. Son los defensores de nuestros
derechos, nos dicen lo que está bien y lo que está mal. Hablan del pasado como
algo oscuro para mostrar que el presente es el futuro y otros pelean hoy para
asegurar nuestro porvenir. Nos mienten con naturalidad.
Se gastan más de lo que tienen en coleccionar
espías, listas negras y arsenales; resulta bochornoso verles fanfarronear a ver
quién es el que la tiene más grande.
Se ensucian entre
ellos, se critican, se burlan, fingen. La justicia como ente independiente los
cita por escuchas ilegales, los investiga, los cuestiona, pero ellos la
gambetean como el mejor Maradona del ’86 e intentan hacer el mejor gol de la
historia de la política argentina.
Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz,
juegan con cosas que no tienen repuesto y la culpa es del otro si algo les sale
mal. Entre esos tipos y yo hay algo personal.
Cincuenta y una
personas fallecieron en la formación del Sarmiento al chocar con el andén en la
estación de Once. La culpa es del chofer, no de ellos. Los trenes y los subtes
se los pasan como un fierro caliente que nadie quiere tocar para no quemarse, y
en el medio se perdieron vidas que no tienen repuesto.
Y como quien en la cosa, nada tiene que perder.
Pulsan la alarma y rompen las promesas y en nombre de quien no tienen el gusto
de conocer nos ponen la pistola en la cabeza.
Que no se pueden
cambiar dólares, que el paro es en beneficio de los trabajadores, que medicamentos
e insumos no pueden entrar al país, que no hay nafta, que no hay yerba, pero
todo es en beneficio de la gente, esa misma que a algunos los puso en donde
están y a otros ni los votaron. Es el pueblo el que no tiene el gusto de
conocerlos.
Se agarran de los pelos, pero para no ensuciar van
a cagar a casa de otra gente y experimentan nuevos métodos de masacrar,
sofisticados y a la vez convincentes.
Moyano peleado
con el gobierno se alía con Scioli, quien solía jugar para el gobierno
nacional, pero que ahora mira desde afuera, o eso intenta, Mariotto vice de la
Provincia de Buenos Aires y Kirchnerista cuestiona decisiones del ex
deportista, como el mejor Cobos; y Macri que seduce al “indeciso” para que se
sume a su equipo. Se agarran de los pelos, pero para no ensuciar van a cagar a
casa de otra gente.
No conocen ni a su padre cuando pierden el
control, ni recuerdan que en el mundo hay niños. Nos niegan a todos el pan y la
sal. Entre esos tipos y yo hay algo personal.
Todos se escudan
bajo la bandera del peronismo y se creen progres, pero cuando las cosas no
salen como ellos quieren se vuelven los peores capitalistas, estrujan al pueblo
al máximo y le piden que proteste para proteger los intereses de “ellos”, “sus
derechos”. Entre esos tipos y yo hay algo personal.
Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión de
declarar públicamente su empeño en propiciar un diálogo de franca distensión
que les permita hallar un marco previo, que garantice unas premisas mínimas que
faciliten crear los resortes que impulsen un punto de partida sólido y capaz de
este a oeste y de sur a norte.
Se llenan la boca
con discursos populares, solidarios y heterogéneos, capaces de convencer al
opositor más acérrimo, pintándole un mundo color de rosa. Impulsan el diálogo
como arma fundamental de lucha, pero su cinismo se acaba cuando se pelean entre
ellos y actúan de forma autoritaria olvidándose de sus alegatos convincentes.
Donde establecer las bases de un tratado de
amistad que contribuya a poner los cimientos de una plataforma donde edificar
un hermoso futuro de amor y paz.
Ese tratado que a
principios del 2003 se acordó entre Néstor y Moyano, y que duró hasta que una
de las partes era más útil tenerla en la vereda de en frente que de su lado. Es
ahora cuando el choque de intereses se hace presente y firme, y deja a la
vista, quizás, el arrepentimiento de haberle ayudado a obtener tanto poder, al
que hoy es el que quiere demostrar, que como buen discípulo, aprendió a
generarlo, acumularlo y saber cuándo implementarlo.
ANALOGÍA DE LA CANCIÓN DE SABINA/SERRAT - ALGO PERSONAL
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