Eutanasia, es la acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes enfermos o terminales, acelera su muerte con su consentimiento o sin él.
a) Activa: Consiste en provocar una muerte indolora a petición del afectado
b) Pasiva: Se deja de tratar una complicación, por ejemplo una bronconeumonía, o de alimentar por vía parenteral u otra al enfermo, con lo cual se precipita el término de la vida; es una muerte por omisión.
2. Eutanasia indirecta: Consiste en efectuar procedimientos terapéuticos que tienen como efecto secundario la muerte, por ejemplo la sobredosis de analgésicos, como es el caso de la morfina para calmar los dolores, cuyo efecto agregado, como se sabe, es la disminución de la conciencia y casi siempre una abreviación de la vida.
La cadena inglesa BBC transmitió la eutanasia a Peter Smedley, un hotelero británico multimillonario de 71 años afectado de una dolencia neuronal motora, quien dispuso ponerle fin a su vida.
En el siglo XXI se ha avanzo mucho en materia de aceptaciones legales con respecto a temas controvertidos y polémicos socialmente. Se legalizó el divorcio, el casamiento igualitario con la potestad de adopción y, actualmente, se debate la legalización de la marihuana y el aborto. Pero en la Argentina, aún no se ha tratado la Eutanasia.
Muchas personas fallecen con dolores insoportables y de las peores maneras, debido a enfermedades terminales que no tienen cura alguna o simplemente porque sus tratamientos son muy costosos.
Estamos en tiempos de cambios, con pensamientos más liberales en los cuales la sociedad participa de forma activa, sin embargo en los últimos tiempos nadie planteó la posibilidad de hacer uso legal de la Eutanasia, porque estamos más preocupados por vivir una vida sana, duradera y en la cual podamos tomar decisiones sobre nuestra sexualidad, estupefacientes, abortos, etc.
Todas son válidas y demuestran el avance que estamos logrando como sociedad para mejorar la convivencia y tener una buena calidad de vida. Sin embargo, no se tiene en cuenta que la muerte es parte de la vida, es el final de ella, aunque muchos la nieguen, le teman o la omitan. El ciclo no se puede alterar y hay que aprender a convivir con él de la mejor manera.
Si nos ocupamos de sacar a flote una ley que evita el comienzo de una vida con deformaciones, trastornos o inclusive productos de un delito sexual, ¿Por qué no pensar también en terminarlas de la mejor manera, sin sufrimientos y agonías?¿Por qué no hacernos cargo de que la muerte es parte de la vida y dejar de verla como un hecho lejano?
La realidad es que no podemos elegir nacer, pero podemos elegir como queremos terminar nuestras vidas. Lamentablemente la burocracia institucional, los pensamientos chabacanos y cerrados, generan que se ponga en tela de juicio la toma de esta decisión, cuando cada uno es dueño de su cuerpo y tendría que poder hacer lo que quisiera con él.
El ser humano le teme a lo impredecible, porque no tiene control para dominar esas situaciones que lo descolocan de su régimen de manipulación. Nadie sabe a qué edad, en qué momento o lugar se va a morir, pero sí se conoce que inevitablemente llega. ¿No sería menos temerosa si pudiéramos elegir la forma en qué queremos terminar nuestro ciclo?¿No viviríamos de otra manera si dejara de ser un tabú?

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