sss ROSBARING: 6, 7, 8 Y SARLO

sábado, 28 de mayo de 2011

6, 7, 8 Y SARLO


Uno de los programas políticos más polémicos de la televisión es 6, 7, 8; digo polémicos por el debate que genera luego de cada emisión, y más aún cuando los invitados son la ensayista y filósofa Beatriz Sarlo y el filósofo Ricardo Foster.

La gran crítica que se le hacía al programa era  la falta de invitados con pensamientos antagónicos con respecto al panel  y a la editorial que componen al mismo. Sin embargo, eso quedó en el pasado ya que rompieron ese esquema y presentaron en la mesa redonda a una de las personas que lleva la bandera del anti-kirchnerismo.

En casi dos horas de programa la red social del momento, twitter, estalló a tal punto que  (#sarlo678) llegó a ser el cuarto tema más discutido en el mundo por esa vía. Uno de los motivos fue que los televidentes se vieron representados y otros atacados por una de las invitadas.

Lejos de hacer un análisis discursivo, me centro en todo lo que representó social, política y culturalmente ese “debate”, si se lo puede llamar así. Se vio reflejada la sociedad argentina en múltiples aspectos que me parecen interesantes analizarlos, o por lo menos mencionarlos.

Algo que caracteriza al argentino es la pasión que le mete a cada actividad que realiza, y la política es una de ellas. En el programa cada integrante que hablaba lo hacía con mucho entusiasmo y fervor, inclusive a veces elevando el tono de voz al punto de no diferenciar si es una opinión o una orden como la frase de Sarlo, “conmigo no Barone”.

El argentino, tanto en el fútbol como en la política, adopta a un equipo o partido como propio y lo defiende hasta las últimas consecuencias. En 6, 7, 8 Beatriz fue en representación de la “oposición”, lo cual no es un dato menor, ya que mucha gente se vio identificada con ella y sus palabras apasionadas sobre su postura.

Fue sorprendente con la altura argumentativa de la cual se valió Sarlo para contrarrestar los ataques constantes de los panelistas, que lejos de debatir o poner en pugna un tema, intentaron repetidas veces anular su pensamiento y dejarla en evidencia. No lo pudieron lograr debido al potencial de la ensayista, que ante cada acusación respondió con entereza y firmeza, generando una sorpresa en todos. Algo a lo que no están acostumbrados.

Los debates son ricos en contenidos cuando se genera un contexto de igualdad entre los disertantes. En este caso no fue así, porque eran seis contra uno. Sin embargo, Sarlo tuvo la capacidad de igualar la discusión, al punto de acallar a varios de los integrantes y quedar bien posicionada.

Más allá de la ideología de cada uno es digno de celebrar el respeto con el que se trataron y escucharon, una y cada una de las diversas opiniones, aunque hubo algún que otro sobresalto que, por suerte, no llegó a mayores.

En la política no es bueno fanatizarse porque se pierde el sentido crítico sobre ciertas cuestiones, y se llega a defender, algunas veces, lo indefendible, por el simple hecho de tener la razón en una discusión. Esta es una de las características de 6, 7, 8 difundir el fanatismo kirchenerista sin evaluar o mencionar los errores cometidos. Hasta el mejor de los gobiernos se equivoca, y el peor también suele hacer algo bien.  

La sociedad está dividida en K y anti K, pareciera que el término medio no existe. Esto es negativo, porque los que están a favor no critican y los que están en contra critican todo. Quedó demostrado en el programa la división de pensamientos entre el panel y Beatriz Sarlo. Quedó demostrado como está la Argentina políticamente.

Sería mucho más enriquecedor si el programa y nuestro país fueran más plurales y cuando hablo de pluralidad, me refiero a escuchar más pensamientos dispares, criticar menos y reflexionar para poder consensuar y construir un camino que nos lleve a un objetivo en común. En donde algunos acepten sus errores y otros aplaudan los logros.

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