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| Foto: Andrés Macera (Rosario/12) |
Por Ignacio Pellizzón
Hugo Taborda de 22 años, que desde hace cinco vive en
Córdoba y regresó a Rosario de vacaciones, decidió pasar a visitar el jueves
pasado a las cinco de la tarde a su amigo de la infancia, David Romano de 25,
por su casa en Battle y Ordoñez y Paraguay, para ir a tomar una gaseosa al
kiosco de la esquina. A mitad de camino, se dieron cuenta que no habían
agarrado el envase, asique decidieron regresar por él. Casi llegando a la casa
de David, se bajaron de dos autos (un Gol Trend blanco patente NSV 751 y un
Fiat Palio gris oscuro patente OAV 425, ambos con vidrios polarizados), tres
personas con armas que no se identificaron, pero por el modo de operar se
detectó que eran policías. Los tiraron al piso, los requisaron, los metieron
en los vehículos y les advirtieron: "Sí hacen la denuncia les metemos ocho tiros y los tiramos al río". Crónica de un tormento.
“Antes de introducirnos en el auto y llevarnos al ex
Batallón 121, a mi amigo David lo ponen boca abajo en el suelo, y uno de los
policías vestido con pasamontaña negro, gorra y campera de Newell’s old Boys le
empieza a pegar, y a mí (Hugo) me arrojan en el coche. En ese momento, se
acercaron vecinos de la cuadra que nos conocían para preguntar qué pasaba y los
policías les respondieron que nos llevaban por tentativa de robo,
entorpecimiento de procedimiento y resistencia a la autoridad”, reflejó
Taborda, quien no comprendía por qué razón los estaban llevando.
En correlato con el testimonio de Hugo, David (su amigo)
comentó a este medio que “jamás se identificaron quiénes eran, nos tiraron al
piso, nos requisaron, no nos encontraron nada”. También, “nos robaron los
celulares” que, según el discurso de los policías, se perdieron supuestamente
en el procedimiento, aunque “nosotros vimos que los guardaron en una de las
guanteras de los autos”. Los tres policías “nos armaron la causa por: tentativa
de robo, entorpecimiento de procedimiento y resistencia a la autoridad”.
EL TORMENTO
“Al llegar al ex Batallón 121, nos metieron en una especie
de baño detrás de la Jefatura, donde nos esposaron a un banquito mientras nos
amenazaban diciendo que nos iban a meter cocaína y marihuana”, confesó Hugo a Mirador Provincial. Las amenazas se
fueron incrementando, al punto de amedrentarlos con que si los agarraban de
noche “nos metían ocho tiros y nos tiraban al río”, agregó el joven de tan solo
22 años.
“Nos apretaron; dijeron que si los denunciábamos solamente a
ellos les iban a abrir un sumario, pero que tanto la placa como la pistola las
iban a seguir portando, y que, al trabajar de civil, sabían dónde vivíamos;
iban a esperar entre cinco y seis meses para buscarnos, pegarnos ocho balazos y
tirarnos al río”, apuntó en su estremecedor y aterrador relato David.
Según consta en la denuncia a la que accedió SaberNoPuedeSerUnLujo, el supuesto policía
con pasamontaña, tenía el rostro descubierto y fue el que peor trató e insultó
a los jóvenes, los pateaba y torcía sus manos, tanto es así que a David le
fracturó uno de sus dedos de la mano derecha. También, el mismo policía observó
que David tenía tatuajes de Rosario Central en ambos brazos, lo que originó que
empezara a agredirlo aún más, advirtiéndole que le estaba pasando esto por
“sina”, lo tiró al piso y cada vez que le preguntaba de qué cuadro era y David
respondía que era de Central, el policía le pegaba un puñetazo en la cara.
Otra de las humillaciones que sufrieron los amigos, fue que
les sacaban fotos cual retrato heroico, los filmaban y enviaban audios
mofándose de lo que les estaban haciendo a los jóvenes. Luego, personal
policial procedió a ficharlos y tomarles las huellas digitales, los alojaron en
un calabozo frente al baño en el que los torturaron nuevamente.
Fue gracias a que un familiar de Hugo siguió lenta y
sigilosamente el vehículo que los transportaba y así, lograron dar con el
paradero de los jóvenes
POR LA CARA Y LA
GORRA
“Teníamos miedo de hacer la denuncia, pero el diputado
provincial por el Frente Social y Popular (FSP), Carlos Del Frade, se acercó,
involucró y nos acompañó en el proceso de denuncia, porque no queremos que les
pase a otros pibes. No le encontramos ninguna explicación a los por qué. La
pasamos realmente mal. Tuvimos suerte de que estábamos en la esquina de
nuestras casas, por eso vecinos y familiares intervinieron, porque de otro modo
no sé qué hubiera pasado”, reflexionó Hugo.
En diálogo con SaberNoPuedeSerUnLujo, Del Frade argumentó: “Este es un caso obscenamente claro,
porque mientras nosotros estamos denunciando lo que le hicieron a dos muchachos
de barrio por portación de caras y usar gorra, estamos viendo como hay mano
dura contra los pibes de los barrios, y en forma paralela, en medio de la
megacausa, nos enteramos que la Municipalidad de Rosario quiere hacer un
blanqueo de inmuebles no declarados, es decir la matriz del megafraude, con lo cual
la obscenidad consiste en que son duros contra la gente de abajo y
absolutamente blandos con los de arriba. En este contexto se da esto. Del mismo
modo que sucedió en la Dirección Provincial de la Niñez, al igual que en el
recital de Viejas Locas”.
“Evidentemente –continuó- hay una cultura punitiva, a partir
de las movilizaciones reclamando seguridad, en donde es muy clara la línea que
se está bajando desde el nivel nacional, provincial y municipal. Palos para
abajo y coartadas para los delincuentes de guantes blancos”, disparó el
diputado.
“A estos chicos se les armó una causa falsa, hay que hacer
una investigación seria para identificar quiénes son los tipos, que intuimos
que son parte de la Policía de Investigación (PDI). Yo creo que estamos
inmersos en el decreto 228 del macrismo del 21 de enero, en donde se baja esta
idea de intervenir en los barrios y dejar de lado la verdadera economía del
delito”, afirmó Del Frade.
La denuncia fue realizada por los jóvenes en el Ministerio
Público de la Acusación, Unidad Fiscal de Corrupción y Violencia Institucional,
donde la fiscal Karina Bartocci llevará adelante la investigación.

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