sss ROSBARING: LA VIDA Y LA MUERTE SE DISPUTAN SUPREMACÍA EN VILLA BANANA

lunes, 26 de octubre de 2015

LA VIDA Y LA MUERTE SE DISPUTAN SUPREMACÍA EN VILLA BANANA



Sus vecinos fueron los primeros en derrumbar un búnker de droga y echar a “Pandu”, el líder narco que tenía aterrados a todos. Con el aporte de clubes y ONGs, batallan diariamente contra el flagelo del narcotráfico, la desidia policial y las imposibilidades que conlleva ser uno de los barrios más olvidados de Rosario; la historia de los que sueñan con un futuro mejor.

Por Ignacio Pellizzón

Nota publicada en Mirador Provincial, Clarín


Es la primera quincena de febrero de 2015, el calor es agobiante, muchos ya se fueron de vacaciones y otros tantos están regresando, luego de un respiro tras un año de trabajo. Una pareja de cordobeses decidió venir a conocer Rosario, por sus gajes de ciudad turística y atractiva; conducen por la autopista, cruzan Provincias Unidas y continúan por 27 de Febrero rumbo a un lujoso hotel céntrico, bordeando la vidriera de un barrio que es más profundo de lo que parece.

En ese mismo instante, en Villa Banana, Javier Barquilla de 37 años es brutalmente asesinado de cuatro balazos a sangre fría por uno de los narcos del momento, luego de haber defendido a su cuñado de una feroz golpiza que le propiciaron un grupo de soldaditos, quienes días atrás le habían desvalijado la casa. Su asesino es Nelson Alexis A., apodado “Pandu”, quien se vengó de la peor manera por la actitud casi heroica de Barquilla. Ese día la muerte le ganó, nuevamente, la pulseada a la vida, pero algo cambiaría en el barrio.

UN NARCO MENOS

Fuete: Clarin

“Pandu” había llegado a la zona de Triángulo (parte de villa Banana) a principio de este año, tras haber hecho de las suyas en el barrio de Las Flores, donde tuvo que irse por una disputa con otra banda. Así, fue que comenzó a operar cooptando pibes para que roben y amenacen familias, obligándolas a que abandonen sus hogares para transformarlas en búnkers de droga.

Sin embargo, lo que nadie se imaginaba era que los mismos vecinos del barrio comenzarían a deslegitimar las bandas narco empezando una campaña corajuda, en conjunto con la ONG Comunidad Rebelde, para lograr erradicarlos de Triángulo. ¿Cómo? Instalaron el primer centro comunitario donde funcionaba un búnker de droga, el cual derribaron, inclusive, con ayuda de “un soldadito que lo custodiaba”. De esta manera, “entre talleres y eventos” emprendieron el sinuoso camino para dar vuelta la historia, contaron a Mirador Provincial desde la ONG.

La muerte de Javier Barquilla fue la gota que rebalsó el vaso en el barrio. Tras muchas protestas y movilizaciones en contra del líder narco, “Pandu”, quien contaba con protección de la comisaría 13º la cual no “aceptaba ninguna denuncia sobre su persona”, lograron poner sobre relieve la situación. De esta manera, en un operativo de allanamiento en Villa Gobernador Gálvez, que se llevó a cabo en abril, detuvieron al narcotraficante en una precaria casilla acusado por dos asesinatos, una tentativa de homicidio y por lo menos tres robos calificados, relataron desde Comunidad Rebelde.

Actualmente, “Pandu se encuentra con prisión preventiva sin plazo por el asesinato de Barquilla. El fiscal, Ademar Bianchini, a cargo de la causa, ya presentó la acusación; la audiencia preliminar para elevarlo a juicio oral está prevista para el próximo 10 de octubre”. En rigor, “se lo acusa de Homicidio agravado por el uso de arma de fuego en carácter de autor”, informaron desde Fiscalía. Sin embargo, allegados a la familia de la víctima señalaron que tuvieron que mudarse, ya que “fueron amenazados y tienen miedo”, aclararon.

Desde su captura en barrio Triángulo, el derrumbe del búnker y la construcción del centro comunitario, la vida comenzó a surcar por un sendero más “normal”, aunque al caminar algunas cuadras por fuera del perímetro todavía se denota “el narcomenudeo y la disputa entre bandas”. La violencia en villa Banana continúa latente.

LA METAMORFOSIS DELICTIVA


El modus operandi de arrebatar casas para instalar búnkers, “es una práctica que, por suerte, disminuyó un poco, pero sigue vigente”. “Siempre tratan de generar algún conflicto con distintas familias que, de alguna forma, justifique el hostigamiento constante hasta que se vayan de sus hogares”. Esta estrategia “decayó levemente”, aunque se instalaron otras modalidades como “el narcodelivery o los típicos kioscos, es decir se comercializa de otro modo”, describieron a Mirador Provincial desde la organización social Causa y Efecto, la cual trabaja en villa Banana desde hace más de 10 años.

Antes de que caiga preso “Pandu”, los vecinos “nos aconsejaban de que no denunciáramos, que nos calláramos la boca porque el tipo no tenía ningún tipo de problema en pasar por la puerta de la sede de la organización y vaciar un cargador sin importar si había mujeres y niños”, recordaron.

Otro hecho que colmó la paciencia de los vecinos, fue el enfrentamiento entre “Pelo Duro” y “Pandu” que dejó como saldo que el primero recibiera varios disparos en la cabeza sobreviviendo milagrosamente. ¿Por qué se desató el duelo?; “por lo general no hay una causa histórica, sino por alguna disputa cotidiana”. Evidentemente, en villa Banana “vivir no cuesta vida” parafraseando al Indio Solari, sino que la vida “depende de no cruzarse con la persona equivocada”, reflexionaron a este medio desde Causa y Efecto.

PIBES CON GORRA


La desidia policial ya no es noticia en Rosario. No obstante, muchos son los vecinos que denuncian “abuso de poder” por parte de Gendarmería. “Ellos estigmatizan todo el tiempo y ven narcos donde hay pibes con gorras, por lo que el maltrato es constante”, aseveran desde Comunidad Rebelde.

De alguna manera, “el que es pobre es delincuente –reflejan desde la ONG-, pero tiene que ver con esta política de ‘Mano Dura’ que tienen”. “Su metodología es mediante el maltrato, la denigración, el desprecio hacia los pibes por el solo hecho de ser pobres”.

Por otra parte, resaltan que en los tiempos en que “Pandu” lideraba el barrio, “tanto las comisarías 13º como la 19º siempre trataron de desligarse del tema, al punto de que no tomaban las denuncias” que presentaban.

LUCHAR DESDE EL BARRO


En la villa viven más de 10 mil familias; cientos de casas cuentan con la misma dirección, lo que dificulta su censo. Se trata de una de las zonas más críticas y olvidadas de Rosario. La mayoría de las calles no están pavimentadas y se denota la enorme falta de urbanización. Está repleta de callejones y corredizos sombríos y angostos, por donde circulan los trenes a centímetros de las humildes casillas que allí hay instaladas.

En este inmenso barrio conviven al mismo tiempo todas las problemáticas que tienen las grandes urbes, pero con un agravante: la vida y la muerte se disputan el poder todos los días. Sin embargo, Comunidad Rebelde, Causa y Efecto, los clubes Rosario Unidos y Juan XXIII, entre otros, luchan constantemente por ganar diariamente la pulseada.

Una de las novedades, tiene relación con que próximamente la organización social inaugurará un Centro de Día que se llamará Mensajero de Jesús, el cual será un “espacio de participación y aprendizaje de oficios para jóvenes”, aunque afirman que “el gran déficit para los chicos es la notable falta de inserción laboral” por lo que proceso “queda inconcluso”, es decir a falta de posibilidades de trabajo “es muy difícil combatir el narcotráfico, cuando hay pibes que todos los días cobran más de 300 pesos, manejan armas y tienen droga encima”, soslayaron desde Causa y Efecto.

Así mismo, los clubes del barrio también hacen su aporte. Tal es el caso de Rosario Unidos, una entidad dedicada al fútbol juvenil de la que participan más de 160 chicos, que se ubica en Río de Janeiro entre Gálvez y 27 de Febrero. “El club nació hace cinco años, pero nuestra comisión asumió hace un año y medio”. “Hoy en día, intentamos que los pibes vengan a jugar y puedan ver oportunidades y otra forma de vivir”, comentó su tesorera, Cinthia Rey.

“Lamentablemente, hace pocos meses nos robaron absolutamente todo, se llevaron pelotas, televisores, equipos de entrenamiento y todo tipo de artefactos que había en el club”, denunció, y agregó: “Tuvimos que empezar de nuevo, teniendo en cuenta las grandes deudas que dejó la comisión anterior en la liga Arditi –donde participa Rosario Unidos-, por lo que la lucha es constante, habida cuenta que la cuota es de 40 y 25 pesos, en el caso de que sean hermanitos, aunque muchos no abonan”.

 ¿Por qué pelean tanto por el club? “Para mí significa mucho”. “Yo nací en el barrio y sé los problemas que tienen los chicos, por eso siento que es un espacio fundamental, donde pueden estar contenidos y atendidos frente a cualquier necesidad que tengan”, culminó la tesorera.
En conclusión, en tiempos donde diversos jefes de policías y agentes oficiales de seguridad están siendo juzgados por vínculos con el delito de tráfico de estupefacientes y connivencia con narcotraficantes, nos olvidamos de un detalle que no es menor: lo que dejaron sus actos de corrupción.

Hoy la lucha contra la narcocriminalidad y la marginalidad social la están dando organizaciones sociales junto con vecinos desde abajo, decididos a cambiar las cosas y eliminar de una vez por todas el Aleph de corrupción y el falso status que inculcaron a muchos pibes que hoy tienen como juguetes armas de guerra y juegan a ser sicarios con la vida de los demás. En esta pelea, se enfrentan la vida y la muerte, y si bien ésta última lleva una ventaja, los vecinos saben que a la larga la vida triunfará o, por lo menos, esa es su convicción.


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