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| Fuente fotográfica: La Capital |
Muy difícilmente se vuelva a repetir la misma situación. Tal
vez sea un presagio inusitado o, quizás, se trate de una caricia al alma,
aunque no se pueda percibir en este momento. Yo era de los que pensaban que lo
único que no tiene nombre es la pérdida de un hijo, pero el 5 de agosto me di
cuenta que la recuperación de un desaparecido tampoco tiene nombre. En ambos
casos no hay palabras que subtitulen lo que el corazón está contando, ni piel
tan sensible que distinga los sentimientos.
Bertolt Brecht decía: “Hay hombres que luchan un día y son
buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos
años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los
imprescindibles”. Estela de Carlotto es el símbolo ideal de lo que dicha frase
representa como mujer que lidera la institución “Abuelas de Plaza de Mayo” al
igual que Hebe de Bonafini en “Madres de Plaza de Mayo”, pero no son las
únicas.
Tras el gol 114 de Argentina como país al recuperar a otro
nieto, no cualquier nieto, sino el de la madre de las luchadoras, ni siquiera
pudimos levantar los brazos al cielo festejando la hazaña, ya que
inmediatamente debimos conmemorar el aniversario del gol en contra más fuerte
que Rosario haya vivido y uno de los más tristes de la Nación en los últimos
tiempos: Salta 2141.
Dicen que el ying y el yang representan lo bueno y lo malo,
la luz y la oscuridad, las antagonías del universo, que a su vez conviven y se
entrelazan. Así mismo, dependiendo del punto donde uno se pare para observar se
puede denotar de uno u otro modo. No obstante, estas fuerzas no se mantienen
estáticas ni en quietud, sino en constante movimiento, se van transformando.
De alguna manera, se podría interpretar que el día de la
recuperación del nieto número 114 representa la lucha, el esfuerzo, la
dedicación, la inmensidad del amor, la paciencia. El método perfecto para
alcanzar lo utópico, aquel sueño que se repite durante las noches, ese milagro
inesperado que se produce cada 76 años cual cometa Halley. Podríamos decir que
el 5 de agosto de 2014 fue el día en que otro fueguito volvió a encenderse como
diría Eduardo Galeano en su obra: “Libro de los Abrazos”.
Por otro lado, el 6 de agosto del mismo año, es decir un día
después, la lectura podría ser que se trata del aniversario de la tragedia, del
dolor, del rencor, de la impotencia. Una jornada en la que se recuerda que el
ser humano es capaz de provocar el mayor de los daños, superando cualquier
catástrofe natural, convirtiéndonos en la única raza que se aniquila entre sí.
Sin embargo, el punto de vista es simplemente la vista del
punto. Si nos reubicamos, la visión contemplaría otra óptica; el mismo punto se
observaría de otra forma, tendría otro significado. Es así que el 5 y 6 de
agosto de 2014 podrían ser para los argentinos y rosarinos dos fechas en las
que reivindicamos la memoria, la búsqueda de la Justicia, el repudio al
terrorismo y la desvalorización de la vida humana.
Los rinconcitos desde los que nos podemos plantar para
observar el objeto son infinitos. Cada uno puede optar por decidir de qué
manera analizarlo. Todos nos vemos atravesados por lo que somos, por nuestras
vivencias, experiencias, lecturas y demás matices que nos hacen ser únicos e
irrepetibles.
Si me preguntaran, diría que elijo ese minúsculo espacio
desde el que se ve cómo todo se transforma. Al fin y al cabo, somos energía en
constante movimiento. Y desde ese pequeñísimo lugar, al que a muchos les cuesta
una eternidad encontrarlo o vislumbrarlo, el 5 y 6 de agosto se observan como
dos días en los que el sol limpió las nubes del cielo, pintándolo de azul
clarito y bajando a un pequeño territorio ubicado en el sur del planeta un
instante de claridad absoluta.
Se tratan de esas pociones mágicas que no existen, que no se
encuentran, aquellas que el mago Merlín jamás halló en ninguna de sus leyendas,
pero que cada tanto surgen y se fusionan, cuando a la galaxia se le desprende
una lágrima que rodea el contorno de su mejilla hasta desprenderse de su rostro
para finalmente caer en ninguna parte, allí donde nacen los “imprescindibles”,
las Estelas de Carlotto, las Hebe de Bonafini, las madres y abuelas de Salta
2141.

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