“SER O NO SER”
Por Ignacio Pellizzón
Capítulo 17
“Es una carrera
hermosa, una profesión que te llena de satisfacción y enriquece el alma, pero
no los bolsillos”, fue lo primero que me dijo un profesor en la primera clase
de Periodismo gráfico en la facultad. Así comenzó este amor.
En mi caso no fue
un enamoramiento a primera vista, sino que se fue construyendo de a poco, a
medida que pasaba el tiempo y me iba involucrando, cada vez más, en el
maravilloso mundo de las artes gráficas.
Sin dudas, se
trata de una relación de amor y odio constante. Es la lucha contra la
imposibilidad. Es poner a prueba la pasión todos los días, porque ésta mueve
más montañas que la fe. El “no”, es el comienzo de toda respuesta frente a una
pregunta y el “tal vez”, es por lo que uno pelea. El “Sí” es utópico.
Querido lector/a,
Rosario es una ciudad pueblo, en la que nos conocemos todos sin conocernos.
Imagínese en el periodismo. No cabe otra frase que defina mejor el oficio en
esta región que “somos pocos y nos conocemos mucho”. La connotación la dejo a
su criterio.
A medida que van
pasando los años de cursado, los textos que uno va incorporando son manuales críticos
de todo lo que no “debería ser”, pero “es”. La realidad es uno de esos
pelotazos que golpean nuestra cabeza cuando estamos mirando para otro lado, y
duelen mucho. Pero la ilusión es más fuerte.
Sumergirse en el mundo
laboral de lo que uno estudió no es tarea sencilla en ninguna carrera, no
únicamente en el periodismo. Todo joven recién recibido debe remar contra
viento y marea para obtener, aunque sea, una mínima oportunidad de tener una
experiencia (por supuesto en las peores condiciones posibles). Nada es gratis,
salvo el trabajo de un egresado.
Todos los 7 de
junio los amigos, familiares, conocidos saludan a los estudiantes de periodismo
o a quienes ya se recibieron, por su día, aun así no estén ejerciendo el
oficio. Uno no se siente periodista hasta que ingresa a trabajar en algún medio
de comunicación. Gran falacia si las hay.
Una de las tantas
bondades que tiene esta carrera, es que permite ejercerlo sin necesidad de
estar contratado o en relación de dependencia. Se puede hacer periodismo todo
el tiempo, aunque el mundo no se entere. El gran problema radica en la búsqueda
de la verdad y el parámetro de éxito que se tenga.
Por ejemplo,
Rodolfo Walsh (no es necesario que explique quién es), realizó una épica
investigación, la cual culminó siendo un libro: “Operación Masacre”, en la que
relata un crimen de Estado, bajo el gobierno de facto de Pedro Eugenio Aramburu,
donde vislumbra los fusilados que sobrevivieron a la masacre en José León Suárez, provincia
de Buenos Aires.
Antes de que se
convirtiera en la primera ficción verdadera plasmada en un libro, recorrió
decenas de redacciones, revistas, periódicos donde poder ir publicando cada una
de sus investigaciones vertidas en diversos artículos, logrando obtener algunos
espacios. Pero, imagínese la poca difusión de los mismos, ya que no se contaba
con todas las herramientas tecnológicas de comunicación actuales.
En Rosario,
pareciera que si uno no trabaja en La Capital, Rosario3.com, El Ciudadano y La
Gente, LT8, LT2, LT3, canal 3, canal 5 y, tal vez, en Somos Rosario, no existe,
no puede ser considerado un periodista de renombre, exitoso y digno de ser
escuchado, visto o leído. La realidad es que no hay espacio para todos dentro
de las empresas mencionadas.
Así mismo,
pareciera, querido lector/a, que hay una reticencia respecto a la incorporación
de los jóvenes profesionales en los medios de comunicación, al punto de que el
recambio es prácticamente nulo, a menos que uno esté dispuesto a ser
ninguneado, despreciado, desvalorizado, trabajando ad honorem sin percibir
ningún respeto por su condición laboral. Es como una ley tácita a la que uno
tiene que estar dispuesto a atravesar por “llegar”.
En la era de la
revolución tecnológica comunicacional, de la cual somos contemporáneos, miles
de blogs se abren día a día, incontables programas vía online surgen,
innumerables videos periodísticos se suben a las diversas plataformas de video
como Youtube o Vimeo, pero mínima es la repercusión que tienen en la ciudad.
Es más que
evidente que los empresarios jamás invertirán en producción o calidad
informativa, mucho menos es recursos humanos o equipos tecnológicos. No es una
novedad. Desde la revolución industrial que se intenta producir igual o más a
un menor costo, en pos de incrementar las ganancias y evitar gastos. Jamás
comprenderán que invertir no es gastar y renovar no es arriesgar, sino mejorar.
¿Quién es más
periodista: un pibe que va a una marcha, dialoga con las personas, toma mate
con ellos, charla, le comentan sus problemas, sueños, deseos, miedos, alegrías,
para luego reproducirlas en una crónica que publica en su blog o un empleado de
X medio de comunicación que se acerca a la misma marcha con una cámara de TV o
un teléfono para salir en vivo por radio o una chapa de X diario, que realiza
el mismo trabajo que el joven?
Bajo mi criterio,
ambos son igual de periodistas, ya que relatan una historia, le dan voz a
quienes pareciera que no la tienen, describen una problemática social a través
de la consulta a distintas fuentes, mediante preguntas, interpelaciones,
críticas, y realizan un aporte personal, si es que pueden, con el fin de
informar a la sociedad de algo que está sucediendo.
Sin embargo, el
joven del blog será leído por su familia, amigos y algún que otro conocido,
mientras que el empleado del medio tendrá mucha más trascendencia por obvias
razones. Pero es aquí donde me gustaría reflexionar con usted, ya que ese blog
puede y tiene el mismo alcance comunicacional que el otro colega, porque su
trabajo se publica en una plataforma y se inmiscuye en las redes sociales.
El “pertenecer
para ser” es el grave problema arraigado que tienen las sociedades mundiales,
donde no se valora la labor de un profesional que no trabaje para una empresa “seria”,
la cual, luego, es criticada, denunciada y menospreciada por sus
interlocutores. Es una contradicción total.
El pueblo es soberano
y el poder radica en él, pero para ejercerlo es necesario concienciar a éste.
Es decir, que como consumidores de noticias podemos elegir con qué o quién
informarnos, pero para ello debemos ampliar el abanico y permitir que “otros”
nos informen, de lo contrario seguiremos esperando que los periodistas “pertenezcan
para ser”, y, por tanto, llevará años e inclusive las filas de espera serán
interminables.
Rodolfo Walsh es
Rodolfo Walsh porque el pueblo le dio ese lugar, le permitió ocupar ese espacio
dentro de la historia del periodismo y del conocimiento popular. Tal vez,
demasiado tarde.
En todo
periodista vive un Rodolfo Walsh, pero para que sea tal es necesario que la
sociedad fomente ese espacio a ocupar, que abra su mente para dejarlo ingresar,
porque periodista es un oficio que se “es o no se es” y son muchos los que
están aguardando que el público los vea como lo que son: Rodolfo Walsh a la espera
de ser publicados y leídos. Por eso, todos los 7 de junio, recuerde que es el
día de los Rodolfo Walsh, de los que “son o no son”, así no los conozca.

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