sss ROSBARING: CREO EN NINGUNO DE LOS DOS

miércoles, 15 de mayo de 2013

CREO EN NINGUNO DE LOS DOS



Es difícil escribir, hoy en día, acerca de un tema a favor o en contra del gobierno o de Clarín, porque uno ya sabe que hay un 50% que va a denostar y criticar. El problema no es la crítica, la cual siempre es muy positiva y productiva, pero siempre y cuando ésta esté orientada hacia un único fin: expresar un pensamiento desligado de cualquier interés económico. Así de dividida está la sociedad actual. ¿Responsables?, todos y ninguno, lo que implicaría la nada misma. 

Es decir, estar totalmente a favor o no, es exactamente lo mismo. El punto de vista, es solamente la vista del punto, por ende no podemos posicionarnos en una sola vereda y gritar los goles que perjudiquen al gobierno o a la oposición.





El fanatismo no sirve de nada, por lo menos en la política, porque uno tiende a perder el sentido crítico. Esto no es un dato menor, porque la crítica es la clave del progreso y escucharla implica querer mejorar. Los elogios son el arma más peligrosa, porque llevan a que uno se sienta satisfecho, es por eso que una buena crítica es mejor que un gran elogio, pero hay que tener el espacio interno para soportarla, entenderla y actuar en consecuencia. De lo contrario, la mediocridad toma forma repleta de dichos que solo alimentan el ego.

En los tiempos que corren, la crítica perdió su lugar de privilegio y se la nombra en pos de destruir y no de construir. Bajo su concepto real se la utiliza de un modo tergiversado. Ningún gobierno hace todo bien o todo mal, pero en la Argentina de hoy estamos todos expectantes a los errores y no a los aciertos, como también se están dejando de lado las autocríticas. La mejor defensa es un buen ataque, así son los debates políticos en el congreso y en la calle. Y como sociedad estamos consumiendo e imitando ese estilo y nos ponemos en la postura de quien sabe más sobre cierto tema para dejar en evidencia al otro de que no estaba al tanto, sintiéndonos ganadores de una guerra que no existe.

Desde el inicio del programa “Periodismo Para Todos” (PPT), aquellos que están en desacuerdo con la gestión kirchnerista se ven representados por un periodista y no por un bloque político. Esto es lamentable, porque los periodistas trabajan para empresas. Sin embargo, la verdadera función del periodismo es investigar sobre cualquier tema y publicarlo, denunciarlo públicamente. Cómo toda persona que vive en un sistema dominado por el dinero, puede ser corrompida. Son muchos los que no. Actualmente, el periodismo está en jaque, cuestionado y en capilla por haber divulgado informaciones inexactas, las cuales pueden ser erróneas o falsas. Las primeras son aquellas en las que el autor no tiene conocimiento de la equivocación, mientras que en las otras sí, y las publica igualmente.

Constantemente el mensaje oficial está destinado a poner en tela de juicio todas aquellas informaciones omitidas o falaces, adjudicándose la verdad de las mismas. En reiteradas oportunidades, se ha comprobado que esto era así, y que ciertos medios de comunicación utilizaron su poder para desprestigiar a un gobierno democrático y elegido por el pueblo. No obstante, con el paso del tiempo este mensaje se fue descarrilando de su objetivo inicial y termina funcionando del mismo modo que lo hacen los medios que critican.

“Miente, miente, que algo quedará”, esta frase de Joseph Goebbels, ministro encargado de la propaganda del gobierno Nazi de Hitler, fue muy eficaz para dominar la opinión pública y afrontar los genocidios más tremendos de los últimos tiempos. Sin dudas que la comparación no es ni siquiera cercana a nuestra realidad, pero la divulgación de informaciones inexactas vuelcan el pensamiento de los que las consumen, más aún, en aquellos fanatizados a favor o en contra.

Leer el diario La Nación, por ejemplo, pensando que todas sus noticias son falsas o escuchar a Cristina Fernádez de Kirchner creyendo que todo lo que diga es perjudicial para el país, es lo mismo de ambas partes. Cada uno puede tener su bandera política y defenderla, pero ¿A qué precio?, ¿Por qué consumir solo aquellos programas que elogian nuestro pensamiento?, ¿Por qué consumir aquellos en los que no estamos de acuerdo para buscar los más ínfimos errores?, ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar los grises?, ¿Le tememos a las desilusiones?

Con las denuncias de lavado de dinero de Lázaro Baez expuestas en PPT, se removió el pasado y una cusa que hace cinco años que está parada y que involucra al Grupo Clarín en el mismo delito. Ambos deben avanzar  y la justicia debe cumplir el verdadero rol que tiene dentro de la sociedad. Una no es más grave que la otra. Como ciudadanos que habitamos la Argentina, nos vemos perjudicados por estas maniobras de la misma manera. Pero evidentemente nuestro fanatismo y la ausencia de crítica, no nos permiten entenderlo y desacreditamos, desvalorizamos, dudamos de aquellas denuncias impulsadas por nuestro “rival” y, de alguna manera, les estamos dando la razón a los que se defienden de los ataques, quienes utilizan el método más eficaz para destruirse: la credibilidad. Por eso, le creo a ninguno de los dos.

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