Es difícil
escribir, hoy en día, acerca de un tema a favor o en contra del gobierno o de
Clarín, porque uno ya sabe que hay un 50% que va a denostar y criticar. El
problema no es la crítica, la cual siempre es muy positiva y productiva, pero
siempre y cuando ésta esté orientada hacia un único fin: expresar un
pensamiento desligado de cualquier interés económico. Así de dividida está la sociedad
actual. ¿Responsables?, todos y ninguno, lo que implicaría la nada misma.
Es
decir, estar totalmente a favor o no, es exactamente lo mismo. El punto de
vista, es solamente la vista del punto, por ende no podemos posicionarnos en
una sola vereda y gritar los goles que perjudiquen al gobierno o a la
oposición.
El fanatismo no
sirve de nada, por lo menos en la política, porque uno tiende a perder el
sentido crítico. Esto no es un dato menor, porque la crítica es la clave del
progreso y escucharla implica querer mejorar. Los elogios son el arma más
peligrosa, porque llevan a que uno se sienta satisfecho, es por eso que una
buena crítica es mejor que un gran elogio, pero hay que tener el espacio
interno para soportarla, entenderla y actuar en consecuencia. De lo contrario,
la mediocridad toma forma repleta de dichos que solo alimentan el ego.
En los tiempos
que corren, la crítica perdió su lugar de privilegio y se la nombra en pos de
destruir y no de construir. Bajo su concepto real se la utiliza de un modo
tergiversado. Ningún gobierno hace todo bien o todo mal, pero en la Argentina
de hoy estamos todos expectantes a los errores y no a los aciertos, como
también se están dejando de lado las autocríticas. La mejor defensa es un buen
ataque, así son los debates políticos en el congreso y en la calle. Y como
sociedad estamos consumiendo e imitando ese estilo y nos ponemos en la postura
de quien sabe más sobre cierto tema para dejar en evidencia al otro de que no
estaba al tanto, sintiéndonos ganadores de una guerra que no existe.
Constantemente el
mensaje oficial está destinado a poner en tela de juicio todas aquellas
informaciones omitidas o falaces, adjudicándose la verdad de las mismas. En
reiteradas oportunidades, se ha comprobado que esto era así, y que ciertos
medios de comunicación utilizaron su poder para desprestigiar a un gobierno democrático
y elegido por el pueblo. No obstante, con el paso del tiempo este mensaje se
fue descarrilando de su objetivo inicial y termina funcionando del mismo modo
que lo hacen los medios que critican.
“Miente, miente,
que algo quedará”, esta frase de Joseph Goebbels, ministro encargado de la
propaganda del gobierno Nazi de Hitler, fue muy eficaz para dominar la opinión
pública y afrontar los genocidios más tremendos de los últimos tiempos. Sin
dudas que la comparación no es ni siquiera cercana a nuestra realidad, pero la
divulgación de informaciones inexactas vuelcan el pensamiento de los que las
consumen, más aún, en aquellos fanatizados a favor o en contra.
Leer el diario La
Nación, por ejemplo, pensando que todas sus noticias son falsas o escuchar a
Cristina Fernádez de Kirchner creyendo que todo lo que diga es perjudicial para
el país, es lo mismo de ambas partes. Cada uno puede tener su bandera política
y defenderla, pero ¿A qué precio?, ¿Por qué consumir solo aquellos programas
que elogian nuestro pensamiento?, ¿Por qué consumir aquellos en los que no
estamos de acuerdo para buscar los más ínfimos errores?, ¿Por qué nos cuesta
tanto aceptar los grises?, ¿Le tememos a las desilusiones?
Con las denuncias
de lavado de dinero de Lázaro Baez expuestas en PPT, se removió el pasado y una
cusa que hace cinco años que está parada y que involucra al Grupo Clarín en el
mismo delito. Ambos deben avanzar y la
justicia debe cumplir el verdadero rol que tiene dentro de la sociedad. Una no
es más grave que la otra. Como ciudadanos que habitamos la Argentina, nos vemos
perjudicados por estas maniobras de la misma manera. Pero evidentemente nuestro
fanatismo y la ausencia de crítica, no nos permiten entenderlo y
desacreditamos, desvalorizamos, dudamos de aquellas denuncias impulsadas por
nuestro “rival” y, de alguna manera, les estamos dando la razón a los que se
defienden de los ataques, quienes utilizan el método más eficaz para
destruirse: la credibilidad. Por eso, le creo a ninguno de los dos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario