Se trata de una zona
en la que el Street View del buscador no identifica y de la cual emergen
diversos flagelos como: analfabetismo, hambre y Leptospirosis. Sus vecinos
afirman que “no hay presencia del Estado” y que deben convivir con la basura
porque “los recolectores de residuos no pasan”.
Por Ignacio Pellizzón
Nota publicada en suplemento Mirador Provincial, Clarín.
Hoy en día Google penetró tanto en nuestra aldea global que
prácticamente se transformó en una extensión de nuestra mente. El buscador se
utiliza para absolutamente todo lo que tenga que ver con acceso al
conocimiento. Una de las prácticas más comunes, es la de utilizar el Street
View para ubicarnos y caminar virtualmente por distintos lugares del planeta al
que, tal vez, nunca visitamos. Sin embargo, en Rosario existe un barrio tan
oculto que ni Google reconoce: El Mangrullo.
Al intentar “pasear” por el barrio, utilizando la
herramienta del buscador (Street View), solamente podemos llegar a ver hasta su
único ingreso por Avenida del Rosario, justo por debajo de Avenida
Circunvalación donde transitan miles de vehículos diariamente. Es paradójico
que El Mangrullo se encuentre en un espacio por donde muchos pasan pero nadie
mira, quedando su locación tan invisible como sus críticas problemáticas; ¿será
quizás que todo lo que Google no ve, no existe?
La situación de El Mangrullo no es novedosa. En el verano
pasado ya se había detectado un caso de leptospirosis en un joven de 20 años,
producto del estado de abandono y marginalidad en el que viven sus vecinos a
diario en dicha zona. La falta de medidas preventivas lleva a que sus
habitantes
TRABAJADORES
INVISIBLES
El trabajo informal en Argentina alcanza un porcentaje
alarmante del 40% aproximadamente. No sólo se trata de una precarización
laboral, sino también de estar en una situación de vulnerabilidad y exposición
frente a los incesantes despidos que se suscitaron en los últimos meses.
Siempre que se llevan a cabo ajustes, se corta por lo más fino; y son los
trabajadores “en negro” los primeros en perder sus empleos.
En el barrio El Mangrullo, que se ubica a la vera del río
Paraná y el arroyo Saladillo y que linda con la compañía Swift, viene
padeciendo un “preocupante aumento de vecinos que pierden sus trabajos” por
estar con contratos informales, señaló a Mirador
Provincial, Mariano Romero, militante del Movimiento Evita, quien trabaja
en la zona desde hace años.
“Se trata de una problemática que viene recrudeciendo en el
último tiempo y genera que los vecinos se vean cada vez más complicados para
llevar comida a sus familias. Por esta razón, se arman ollas populares para
intentar paliar la crítica situación con la que deben convivir día a día”,
explicó.
LEPTOSPIROSIS AL
ACECHO
El verano pasado se dio a conocer un caso emblemático de
Leptospirosis en Rosario, que se produjo en El Mangrullo, y que generó que se
enciendan las alarmas de diversas organizaciones preocupadas por la falta de
políticas de desratización. “La falta de contenedores y la ausencia de los
recolectores de residuos en el barrio, lleva a que la basura se acumule y se
vuelque en el Saladillo, lo que obviamente compone un foco propicio para la
atracción de ratas que terminan mordiendo a muchos vecinos”, apuntó Romero.
Al caminar por sus callecitas, en su mayoría de tierra, se
denota la falta de higiene urbana y el escaso alumbrado público con el que
cuentan en la zona. En cada esquina hay vecinos que tienen distintos tipos de
quejas: desde falta de cloacas hasta invasión de ratas por la basura acumulada.
El malestar se siente en el aire y se respira indignación por la ausencia del
Estado.
El centro de salud del barrio es muy demandado, no sólo por
sus vecinos sino también por personas de sectores linderos a El Mangrullo que
se acercan con diversas enfermedades. “Valoramos mucho este el centro, porque
la gente que trabaja allí es realmente muy capaz y responsable, aunque sabemos
que no cuentan con los recursos necesarios y a veces no dan abasto con la
cantidad de personas que van a atenderse”, comentó a Mirador Provincial un paciente.
HAMBRE Y
ANALFABETISMO
Los chicos que están viviendo en los últimos pasillos del
barrio tiene que ir hasta dos escuelas: una queda por Sánchez de Bustamante y
otra Lamadrid; ambas están a 40 cuadras, por ende deben ir caminando cruzando
la vía con todos los riesgos que conlleva, sobre todo cuando las inclemencias
climáticas generan lluvias incesantes haciendo de las callecitas obstáculos
intransitables.
“Acá se convive con la problemática de que no ingresan
colectivos al barrio. Las últimas unidades llegan hasta Lituania y Avenida del
Rosario y algún interurbano que se acerca hasta calle El Mangrullo y Avenida
del Rosario”, describió el militante Romero y agregó: “Otro gran flagelo que
emerge es el analfabetismo. Contamos con índices realmente alarmantes: los
mayores de 50 años, es decir más de la mitad de la población, no saben leer ni
escribir”.
Por su parte, la cantidad de chicos que terminan el
secundario viene decreciendo en los últimos años. Unas de las principales
causas es la necesidad de trabajar. “En El Mangrullo hay hambre”, subrayó un
vecino con quien dialogó Mirador
Provincial.

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