En este paradigma
que está aconteciendo, en el cual el mundo de los servicios es prioridad, ¿Hay
lugar para la publicidad?
En un mundo
prácticamente dominado por la tecnología, en el apogeo de las nuevas
aplicaciones destinadas a brindar servicios que faciliten distintas actividades
de los individuos, surgen hipótesis para tener muy en cuenta: ¿Son necesarias
las publicidades o se puede prescindir de ellas?
No hace mucho el
CEO de la aplicación “Whatsapp”, Jan Koum, propuso un nuevo método para poder ganar
dinero sin intervención de ninguna frase o imagen publicitaria. Se trata de que
todos aquellos que quieran utilizar el servicio de mensajería instantánea abonen
anualmente 1 dólar. Es un pago que la mayoría de los usuarios realizaron, sin
saber que esto permite que las conversaciones no estén interferidas por
anuncios varios.
No se trata de un
hecho mundialmente trascendental ni mucho menos, pero es un detalle no menor,
ya que vivimos bombardeados de avisos constantemente, en cualquier lugar,
inclusive antes de ver un video en youtube.com estamos condicionados a
consumir, aunque sea, 5 segundos de una publicidad.
En la calle pasa
lo mismo. Los avisos son cada vez más grandes e imponentes –ahora también
aparecen los carteles luminosos- que es inevitable que uno no los mire o los
lea. Es una forma muy eficaz de que los productos viajen por nuestras retinas y
lleguen a nuestro subconsciente, para que sin saber por qué estemos comprando
una hamburguesa en Mc Donald’s o ropa en Tannery, por citar algunas marcas.
La contaminación
visual de la que estamos rodeados no nos permite observar detalles mínimos,
también son grandes responsables de nuestras distracciones a la hora de caminar
y evitar un pozo o un choque automovilístico. Es realmente notable la
diferencia entre una ciudad repleta de anuncios como “Nueva York” y otra sin
absolutamente ninguno como “La Habana”. Claro está que no podemos pretender ser
Cuba en esta sociedad de consumo.
No obstante, es
muy seductor lo que plantea Jan Koum, porque genera que, por primera vez,
podamos elegir no tener publicidad en nuestras comunicaciones. ¿Qué pasaría si
Mark Zuckerberg –creador de Facebook- nos planteara abonar anualmente 5 dólares
para utilizar la red social sin ningún aviso?, es muy probable que la gran
mayoría lo pague, quizás no por el hecho de evitar las propagandas o
publicidades, sino por el hecho de seguir utilizando esta herramienta. No
interesa el por qué, sino que estaríamos liberándonos de esa invasión.
En el caso de las
revistas o los diarios, ¿Acaso no sería una medida progresista pagar una
pequeña suma anual, para que puedan producir sus contenidos sin tener que estar
pendientes de no involucrar los intereses de las empresas que financian un
espacio de publicidad o reducir los contenidos para darle pie a una página
entera a Coto?, ¿Cuántos nuevos medios podrían surgir con este procedimiento?,
¿Cuántas verdades ocultas saldrían a la luz?
Quizás estemos
frente a la gran oportunidad de comenzar a tomar nosotros –los usuarios- las
decisiones de qué queremos consumir y cómo, evitando que las empresas que más aportan
y sustentan económicamente distintos servicios lleven el rumbo, imponiéndonos a
gusto y piacere lo que debemos hacer. Tal vez, por fin, dejemos de tener "los ojos ciegos bien abiertos".
¿Estaremos
empezando a transitar un nuevo paradigma sin publicidades?; ¿What`s up
publicidad?




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